Blog Dar clase sin morir en el intento

Ranking de tareas docentes

19 mayo, 2026

Hoy voy a ser un poco Gen Z (o Alpha, ya no sé por cuál vamos, pero sí sé que nos hemos saltado la  Y, y me parece fatal) y voy a hacer un ranking de cuánto disfruto las tareas docentes. Porque sí, ser docente es mucho más que dar clase y la lista de cosas que hacer parece no acabar nunca (porque no lo hace); y aun así hoy, 29 años después, todavía puedo decir que hay cosas que sigo disfrutando, mínimo, con un 8/10.

Literal, bro. Algunas no me rentan, pero hay otras que me las meto por…

No puedo, no puedo, lo siento. Mola mazo ser joven, tronco, pero mola más todavía haberlo sido y poder contarlo.

Ranking de tareas docentes

Dar clase: 9/10

Me metí en esto porque no me imaginaba haciendo otra cosa que no fuera dar clase y sigue siendo cierto. Me lo paso en grande hablando con mis peques, ideando maneras de explicar que les lleguen y actividades algo más divertidas que las que vienen el libro.

Me encanta cuando preguntan sobre temas actuales, cuando demuestran que algo les interesa, la cara que ponen cuando les doy un dato que trastoca su esquema mental. El subidón de ver que un peque que ha estado sufriendo todo el año por entender un concepto por fin lo entiende es una de las mejores sensaciones.

Por no hablar de que no hay muchos trabajos en el mundo en los que te paguen por hacer el payaso en clase.

Si no le pongo un diez es porque esto es un trabajo y, reconozcámoslo, tiene sus días malos como cualquier otro. Sí, he llegado a casa llorando más de una vez, he planificado la huida del aula al menos una vez al mes durante los últimos diez años y si me tocara la lotería no volvería a trabajar. Pero sé, sin ninguna duda, que no me equivoqué al escoger la profesión que escogí y sé que, si tengo que seguir trabajando 17 años más (diosmíodemivida), mejor que sea en esto. 

Tutorías: 8/10

Debo ser una persona muy afortunada, porque puedo contar con los dedos de una mano las tutorías incómodas que he tenido (y me sobran dedos). Lo normal es que de las reuniones con las familias salga contenta y con mucha información que me ayuda a entender mejor a mi alumnado, por no hablar de que el vínculo casa-cole sale reforzado.

(A veces entiendes mejor a tu alumnado porque solo te hace falta ver a la madre o al padre para entender por qué la peque es como es, porque de padres gatos hijos michines, de tal palo tal astilla, la manzana no cae lejos del árbol, etc., tú ya me entiendes).

Cuando empecé en esto, hablar con las familias me ponía muy nerviosa. Hay un cliché muy difícil de vencer en educación, un «ellos contra nosotros» que nos hace pensar que estamos en lados contrarios en un campo de batalla. Ignorar esa división y darte cuenta de que familias y docentes estamos ahí por los y las peques es crucial para que haya comunicación. Y sin esa comunicación y el apoyo desde casa, es imposible hacer bien tu trabajo (por no hablar de la tortura de año que vas a tener).

Soy consciente de que no siempre es fácil. He visto tutorías muy difíciles que yo no hubiera sabido sacar adelante, familias en contra de una maestra, denuncias, amenazas. No me ha tocado nunca y cada septiembre cruzo los dedos para que siga sin hacerlo.

A ver si no la he gafado poniéndolo tan alto en mi ranking de tareas docentes.

Corregir: 2/10

Lo odio. A muerte.

Si no lleva un cero es porque a veces me toca corregir alguna redacción graciosa y puedo ver la creatividad de los y las peques, pero pocas cosas me parecen más horribles que corregir exámenes o ejercicios. Aparte de lo poco útil que me parece, porque solo miran la nota y les da igual lo que tienen mal.

(Estoy en primaria. Los de secundaria repasan todos los ejercicios y arañan cada décima, lo sé).

Soy mucho más partidaria de corregir en clase, y mejor aún, de que se corrijan unos a otros. Boli rojo en mano, buscan hasta el más mínimo despiste y no perdonan cosas que yo paso por alto porque a) no las veo, o b) entiendo que están aprendiendo y les doy cuartelillo. Para el cálculo, les dejo traer calculadoras y comprobar que lo han hecho bien cuando terminan (nunca he pillado a nadie haciendo trampas). Pero a veces no queda otro remedio que corregir y empezar a dudar si esa palabra se escribe con b porque la has visto con v diez veces ya, o si Felipe VI es realmente el presidente de Andalucía.

Participar en el consejo escolar de mi centro: 6/10

Sorprende, ¿verdad?

Siendo sincera, a mí también.

Lo que pasa es que soy un poco (muy) cotilla, y el consejo escolar es el sitio perfecto para enterarte de todo lo que pasa en el cole, el barrio y, si estás en un sitio pequeño, el pueblo entero. A menudo dan ganas de sacar las agujas de punto y hacer “uyuyuyuyuyyyyy” mientras escuchas a la gente discutir o lo que las madres piden al representante del ayuntamiento (con toda la razón del mundo).

(Disclaimer: soy una profesional y nunca cuento lo que pasa en esas reuniones más allá del corrillo del claustro que también asite. Que una es cotilla porque le gusta enterarse, pero guarda secretos como nadie).

Sí es cierto que suele ser después de la jornada laboral, que estamos agotadas y que a menudo solo puedes pensar «me quiero ir a mi casa, me quiero ir a mi casa, me quiero ir a mi casa»; a veces, además, las familias se enredan en temas que poco o nada tienen que ver con la vida del cole (rencillas, fiestas del AMPA, dónde comprar los globos para la graduación de infantil) y se hace un poco pesado.

Pero, a pesar de los años que llevo en esto, participar en el consejo escolar está en la parte de arriba del ranking de tareas docentes.

Burocracia: 2/10

No le pongo un 0 porque hay una miajita de documentos que sí considero importantes (¿se me nota o no se me nota que soy medio andaluza ya? ¡Digo!). Pero el noventa por ciento de la burocracia que hacemos es para salvarnos las espaldas, porque si algo ha cambiado en la sociedad es la desconfianza que tenemos hacia las escuelas.

¿Memoria del curso? Importante, claro. No podemos mejorar si no evaluamos lo que hemos hecho bien y mal. ¿Plan de mejora? Fundamental. ¿Documentación del centro donde se especifica su identidad, su forma de actuar, lo que lo hace distinto a los demás? Sí.

Pero tener que registrar cada pequeña cosa que pasa en el aula, hacer un acta cada vez que nos reunimos aunque sea para hablar de algo que acaba de ocurrir, tener que esperar tres meses para que los especialistas de educación especial comprueben si tus sospechas sobre la dislexia, TDAH o TEA de un alumno son más que sospechas y todas las cosas que me dejo porque solo pensar en ello me provoca taquicardia, no. Por favor, no.

Excursiones: 8/10

Las excursiones son lo peor. Te rompen la rutina, son agotadoras, la responsabilidad de llevarte 25 peques en el autobús es enorme; sueles volver fuera del horario escolar y más de una vez tienes menos de doce horas de descanso antes de volver al cole, siempre hay alguno que se marea en el autobús, al inventor de la canción de la lata de ColaCao habría que apalearlo…

También son divertidísimas. Yo soy la primera que aprende cosas nuevas cuando vamos por ahí (hice a todo mi ciclo meterse dos horas de bus para ir y otras dos para volver porque quería ver el barco de Chanquete); conoces a los niños y niñas de otra manera, también a tus compañeras (a veces para mal, qué le vamos a hacer), y rompes la rutina de la mejor forma posible. Sí, agotan y cuando acaban te prometes que nunca más, pero igual que les pasa a los y las peques, es de lo que más me acuerdo cuando termina un curso.

Eso sí: creo que se ha acabado lo de hacer noche fuera de casa. Y no es por los niños y niñas, sino porque estamos viviendo unos tiempos en los que, sintiéndolo mucho, servidora no se arriesga a terminar en la cárcel.

No olvidemos que esto es un trabajo. Uno que me gusta, sí, pero que no merece mi salud física ni mental.

Por más que en mi ranking de tareas docentes haya más cosas positivas que negativas.

¿Cuál es tu ranking de tareas docentes? ¿Qué es lo que más te gusta hacer en el aula y lo que prefieres delegar? Déjamelo en comentarios, en Twitter o Instagram, a ver si coincidimos en alguna.


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Gracias por estar ahí. Gracias por leer. 

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Decoración del aula: más allá de la estética

25 noviembre, 2025

Creo que no exagero (o quizás sí, que soy una vasca viviendo en Andalucía) si digo que la decoración del aula es una de las estrategias más sencillas y efectivas que puedes usar en clase. Por un lado está la estética y la sensación de entrar en un lugar acogedor todos los días, y por otro el apoyo pedagógico que aportan, sobre todo para ese alumnado que aún no domina la lengua vehicular. 

Si algo me traje de mi experiencia en Estados Unidos fue la cultura de la decoración del aula. Allí lidia casi la obsesión y algunas clases parecían sacadas directamente de tableros de Pinterest (spoiler: lo estaban). Mis compañeras se habían gastado cientos, si no miles, de dólares a lo largo de su carrera comprando material para organizar sus clases y muchas estaban más cuidadas que cualquier piso en el que yo haya vivido nunca.

No hace falta que llegues a eso, por supuesto. Nadie puede llegar a eso y, qué quieres que te diga, tampoco hace falta porque mucha de esa decoración era para ellas (si pasas los fines de semana trabajando en el cole, quieres estar cómoda, supongo).

Pero si puedes utilizar las paredes para que hagan parte del trabajo. La decoración del aula, bien usada, es una herramienta fantástica.

Decoración del aula: más allá de la estética.

Para qué

Lo primero que tienes que tener claro es para qué decoras. ¿No te gustan las paredes blancas? ¿Quieres colorines y carteles con mensajes positivos? ¿Quieres colgar los trabajos de los y las peques? ¿Impresionar a las familias cuando vengan a la reunión de principio de curso?

Mi motivación para decorar el aula siempre es doble: usarla como referencia cuando hay una duda y mostrar el trabajo que hemos hecho en clase. A lo largo de los años he comprobado el orgullo que sienten cuando su cuento, su dibujo o su póster del ciclo del agua consigue un hueco en la pared, y lo mucho que les motiva para hacerlo lo mejor posible. No lo va a ver solo la seño, ¡lo va a ver toda la clase y hasta mis padres cuando vengan a la tutoría! Palabras mayores cuando hablamos de primaria, quizás no tanto en secundaria.

Cuando tienes claro el por qué, la presión de crear un entorno perfecto donde cada cartel está alineado a la perfección y combina con el de al lado desaparece, junto con la carga extra de trabajo. Se puede hacer un tablero con las redacciones de los y las peques que cambie cada semana, por ejemplo, o pedirles que dibujen un cartel con el vocabulario de inglés, las conjugaciones verbales o reglas básicas de ortografías. Si son ellos y ellas quienes lo hacen, lo van a valorar más, les va a gustar más y, en el camino, van a aprender más.

Que es de lo que se trata, creo.

Apoyo visual

La cantidad de vocabulario específico que tienen que aprender los y las peques en primaria es demencial. Mucho de ese vocabulario debería venir de casa y de sus experiencias fuera de la escuela, pero tú y yo sabemos que no todos tienen el mismo entorno sociocultural y que a menudo los que más lo necesitan son quienes menos ayuda tienen.

Y ya no te digo nada si en clase tienes alumnado recién llegado que no controla el idioma vehicular.

Con la decoración del aula podemos suplir algunas de esas carencias. Las editoriales suelen enviar un paquete de posters con ilustraciones que acompañan al vocabulario que puedes usar mientras explicas el tema que corresponda. A menudo, después de usarlo, los volvemos a guardar en la caja y quizás les damos una copia pequeña para pegar en el cuaderno. No queremos que hagan trampa cuando tenemos un control y queremos quitarles toda la ayuda externa para ver si realmente se lo saben.

Te voy a decir algo que he aprendido tras 29 cursos en el aula: si no se lo saben, no van a saber dónde encontrar la información ni aunque la tengan delante de la nariz.

Alguna vez he dejado un problema resuelto en la pizarra mientras hacían el control y la mitad de la clase lo ha seguido haciendo mal. Ojalá bromeara.

Si antes del control tú has estado haciendo referencia a ese poster durante el tema y lo dejas en un lugar visible, ese alumno que se pelea con el idioma porque llegó hace un año y no lo domina del todo va a poder demostrarte que ha entendido lo que hemos dado. Si haces una pregunta en inglés y saben la respuesta pero les falta la palabra exacta, una mirada rápida a la pared va a ayudarles a darte la respuesta correcta. Lo mejor es que ese gesto les va a ayudar a recordar la palabra en el futuro mucho mejor que si te escuchan a ti y la repiten.

Bien utilizada, la decoración del aula es una herramienta estupenda para la adquisición de cualquier idioma, no digamos ya para los niños y niñas con dislexia o con falta de atención. No la olvides en tu planificación.

Las paredes como publicación

Nada les hace más ilusión que ver sus trabajos publicados.

Tener poemas, cuentos, una noticia, los trabajos de plástica, lo que tú quieras, expuestos en el aula es una forma de publicación, y bien sabemos quienes alguna vez hemos dado el paso lo mucho que te esfuerzas cuando sabes que tus obras las va a ver otra persona.

No es la seño la que lo va a leer, es toda la clase. Cuando vengan mis padres a tutorías, van a poder ver mi cuadro. El cartel explicando el uso de la b y la v lo he hecho yo y les sirve a mis compañeros. Vaya orgullo.

Mejor que pasarte horas buscando carteles y posters bonitos, o peor, haciéndolos tú, usa los recursos a tu alcance para decorar tu aula. ¿Y cuáles son esos recursos? Ese grupo de niños y niñas que solo tienen media hora de plástica este año y están deseando sacar del estuche esos pedazo de rotuladores que les han regalado sus abuelos.

Y no, no es perder el tiempo ponerlos a decorar la clase, porque si alguna vez has estudiado una oposición o recuerdas tu vida universitaria, sabes que una de las mejores maneras de aprender algo es escribirlo. Mucho móvil y mucha presentación en el ordenador, pero lo que de verdad funciona es la conexión ojo-mano. Aprovecha los días anteriores a Navidad o el fin de trimestre, cuando ya están agotados (y tú más) y no vas a empezar el tema nuevo hasta después de las vacaciones, para ponerlos a trabajar.

No van a quedar perfectos, ni falta que hace. Van a ser útiles. Van a ser suyos. Van a ser prácticos.

Como ves, la decoración del aula es una inversión de tiempo que te va a dar muchos beneficios, además de convertir tu espacio de trabajo en un rincón mucho más acogedor. No tienes que hacerlo todo de golpe, solo ir añadiendo lo que vais trabajando a la pared, y ni siquiera tienes que hacerlo tú.

Aunque eso de tener una excusa para tirarte al suelo y pintar con los rotuladores que te has regalado… no tiene precio.


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Inteligencia artificial para el alumnado sin lengua vehicular

26 septiembre, 2025

No es ninguna novedad que cada vez tenemos más alumnado que no domina la lengua vehicular del centro, ya sea porque acaban de llegar o porque llevan muy poco tiempo y solo han tenido oportunidad de desarrollar el lado más social del lenguaje. Da la impresión de que entienden lo que les decimos, hasta que se enfrentan a un texto o un problema matemático y nos damos cuenta de que su lenguaje académico está muy por debajo del que utilizan para jugar. La inteligencia artificial puede sernos de gran ayuda para trabajar con alumnado sin grandes competencias en el idioma vehicular.

Y sí, ya sé que la IA es el demonio, que gasta mucha agua, que mata la creatividad y está en mano de oligarcas. Pero también lo están muchas de las páginas web a las que vamos desesperadas a sacar materiales adaptados que nos salven de un aprieto, y las editoriales que cobran una millonada por licencias digitales, y las empresas que están llamando todo el bendito día intentando vendernos productos de educación financiera.

Mientras la administración no ponga los medios para que yo no tenga que buscarme la vida con este alumnado, mientras sea yo quien tenga que adaptar materiales y conseguir que alguien que solo habla polaco, rumano o árabe se integre en mi clase, usaré lo que esté a mi alcance. Y si eso provoca que el planeta muera, pues mira, no dejaría de ser irónico que sea por educar a los líderes del mañana.

Inteligencia artificial para el alumnado sin lengua vehicular

Traducción instantánea y apoyo multilingüe

Como profesora de idiomas, no soy muy fan de la traducción, pero es verdad que para el alumnado sin lengua vehicular que no puede comunicarse de otra manera viene muy bien al principio. La IA le puede ayudar a comprender tus instrucciones, seguir una explicación o simplemente participar en una conversación con los compañeros de clase.

DeepL Translator, por ejemplo, es conocido por la precisión y naturalidad de sus traducciones, aunque no sea perfecta. Puede transformar materiales de clase al idioma materno del estudiante con gran fidelidad; teniendo en cuenta de que en un aula puede haber cuatro o cinco alumnos con otros tantos idiomas, viene muy bien para no volverte loca. Como siempre pasa con estas herramientas, te recomiendo utilizar una segunda app para asegurarte de que el texto no dice ninguna barbaridad.

Google Translate usado con la cámara permite traducir de manera instantánea carteles, hojas de trabajo o libros de texto a través de la cámara del dispositivo. Si alguna vez has ido de viaje a un país con un idioma que no controlas, seguro que sabes de qué app te hablo. Les puede venir bien como una ayuda extra y rápida cuando se enfrentan a un problema de matemáticas o un enunciado un poco farragoso.

Microsoft Translator ofrece traducción de voz en tiempo real. No la he utilizado aún, pero me propongo trastear con ella este año porque me parece una bomba para facilitar la comunicación en clase.

Con todas estas herramientas puedes, por ejemplo,  proyectar subtítulos automáticos en la pantalla durante una explicación (con Microsoft Translator, por ejemplo), de modo que un alumno que solo hable árabe, chino o ucraniano pueda seguir la clase en su idioma. Al mismo tiempo, ellos y ellas puede usar su dispositivo para traducir instrucciones o resolver dudas puntuales sin interrumpir constantemente el ritmo del aula.

La traducción no puede ser la única herramienta que uses, claro, pero te salva de más de un apuro.

Adquisición del idioma

Uno de los mejores usos que le podemos dar a la inteligencia artificial para el alumnado sin lengua vehicular es, precisamente, la adquisición de esta sin necesidad de traductores y a su ritmo. Ahí fuera hay un buen puñado de distintas herramientas de IA que usan sistemas adaptativos para ajustarse al nivel de dificultad que nuestro alumnado requiere.

Seguro que has usado ChatGPT para más de una duda, pero ¿sabías que se puede adaptar a tu nivel de conversación? Conozco gente que lo usa, por ejemplo, para que les corrija las redacciones y les diga en qué han fallado. Su formato de chat también puede ayudar a un alumno o alumna a tener conversaciones sencillas y recibir respuestas en su nivel de comprensión.

Aunque también lo puedes hacer con ChatGPT, LingQ utiliza la IA para adaptar lecturas y audios al nivel del alumno, con énfasis en vocabulario y comprensión. Piensa en él como un Duolingo mejorado y con bastante más chicha.

Este tipo de apps, sobre todo del estilo de ChatGPT, necesitan unos prompts muy afinados para hacer lo que les pides, así que ten paciencia si al principio no les sacas todo el jugo que creías. La reina del norte (ahora del sur) tiene un hilo con prompts muy variados que puedes usar cuando crees materiales; te recomiendo echar un vistazo.

Generación de materiales accesibles y visuales

Esta es, para mí, la mayor ayuda que ofrece la inteligencia artificial.

Y es que hay una gran diferencia entre el lenguaje coloquial que usan en el patio o con los amigos y el lenguaje del aula, más académico y formal. A veces, una palabra como «común» o «respectivamente» puede ser la culpable de que hagan mal un problema de matemáticas, por mucho que su nivel académico se lo permita. Añadiendo imágenes o gráficos, el problema se les vuelve mucho más accesible.

Ya no hablo solo de alumnado recién llegado. Piensa en la dislexia, o quienes tienen problemas para leer pero se les dan bien los números.

ChatGPT y Claude son los más conocidos para simplificar textos complejos y generar versiones adaptadas al nivel lingüístico que necesitas. Como te he dicho antes, vas a tener que jugar un poco con los prompts hasta conseguir lo que buscas, pero una vez le coges el tranquillo se te abre el cielo. Muy útiles si quieres simplificar un texto para que alguien que esté aprendiendo castellano, euskera o catalán pueda acceder a la información más importante a su nivel, por ejemplo.

La inteligencia artificial de Canva necesita un poco más de comprensión lectora, porque las veces que he intentado crear algo para clase ha hecho lo que le ha dado la gana. Pero como es una web tan versátil, es una gran herramienta para crear infografías, esquemas visuales o pictogramas a partir de conceptos clave y te hará la vida mucho más fácil.

No he utilizado DALL-E ni Stable Diffusion, pero ambas crean ilustraciones rápidas y personalizadas para acompañar explicaciones con una calidad cada vez mejor. Puedes utilizarlas, por ejemplo, para poner imágenes a un problema de matemáticas y así favorecer la comprensión.

Evaluación y seguimiento personalizado

La evaluación no es sencilla nunca, menos aún cuando tienes un peque que no habla bien el idioma, y sabemos que no contamos con demasiado tiempo para preparar una evaluación individualizada para cada necesidad. Algunas herramientas de inteligencia artificial facilitan la tarea mediante análisis automáticos del nivel de comprensión y expresión, lo que permite adaptar actividades al ritmo individual.

En Texas usaba mucho los vídeos de Khan Academy, una herramienta gratuita que es, simplemente, una maravilla. Hay que hurgar un poco, pero tienes material en castellano que ofrece prácticas adaptativas y feedback inmediato en diferentes áreas, incluyendo lectura y escritura.

Lo mismo pasa con Grammarly o Language Tool: la mayoría está en inglés y, pero ambas corrigen textos en varios idiomas, destacando errores de gramática y estilo y proponiendo mejoras comprensibles para alguien nuevo en el idioma.

Si lo que quieres es practicar la fluidez lectora en voz alta, puedes usar también ReadAlong, de Google. Es una app diseñada para niños y niñas que ayuda a practicar la lectura ofreciendo correcciones inmediatas, con sección en español. La voz de la IA es un poco irritante, pero se le puede sacar provecho.

Obviamente, la inteligencia artificial no sustituye al acompañamiento humano, a la empatía ni al diseño pedagógico que nosotras llevamos a clase.  Pero sí te ofrece un conjunto de herramientas que facilitan la comunicación, el aprendizaje del idioma, la adaptación de materiales, la evaluación y la inclusión del alumnado recién llegado que pueden marcar la diferencia para ti y para ellos y ellas.

El valor de la IA está en su capacidad de personalización y rapidez: permite adaptar recursos casi al instante, algo que para nosotras es prácticamente imposible con la carga horaria y burocrática de los últimos años. Por supuesto, en nuestra mano queda que su uso sea ético, crítico y pedagógicamente orientado. Y que enseñemos a nuestro alumnado a utilizar la inteligencia artificial de esta manera también.


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Si lo que buscas lectura de entretenimiento, ¡estás de suerte! Graciana es la última novela que he publicado, un libro con humor, toques de thriller y realismo mágico que tienes disponible en Amazon. También puedes reírte con Armarios y fulares, o averiguar qué es lo que pasa en un fin de semana entre amigos en Antes de que todo se rompiera.

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Refuerzo positivo: ¿se nos ha ido la mano?

2 junio, 2025

Soy una firme defensora del refuerzo positivo. Durante mi carrera como docente, he visto de primera mano el efecto que una palmada de ánimo produce en en el hombro adecuado. A veces esa palmada es falsa como un billete de tres euros y el resultado que ese niño o niña ha logrado no merece el circo que monto. Pero nueve de cada diez veces, la siguiente palmada es cierta y la mejoría es notable.

Quien dice palmada dice redondear hacia arriba cuando sabes que lo han dado todo y aun así no llegan, o aprovechar el único momento en el que el han hecho algo bien para halagarlos delante de la clase, tú ya me entiendes. Puntos Dojo. Estrellitas en el papel. La carita sonriente de la libreta de comportamiento. Lo hacemos porque funciona. Lo hacemos porque el refuerzo positivo es una herramienta que, en mi experiencia, obra milagros.

Pero a veces me pregunto si no nos estaremos pasando. Cada vez que un niño o niña pone cara de susto porque su multiplicación no era perfecta y por tanto no se lleva el diez, o me dice «pero lo he intentado, debería tener buena nota», me paro a pensar qué he hecho y dicho en clase para hacerles creer que con intentarlo basta. Peques que te discuten que un dictado lleno de faltas está perfecto «porque he mejorado mucho, ahora separo las palabras, estos son fallos sin importancia». Que te dicen que merecen un premio porque esa semana no han pegado a nadie.

Me surgen dudas, muchas dudas. Escribí un libro entero sobre lo mucho que dudo sobre esta profesión, y ocho años después aquí sigo, dudando hasta de mi nombre.

Con el refuerzo positivo, por más que me guste, me pasa un poco como con todo en el aula: lo usamos con quien va más retrasado para animarlo un poco, con quien peor se porta para cambiar la conducta, con quien no trae nunca los materiales para que los traiga. Y el resto de la clase, quienes hacen bien las cosas sin necesidad de que los premien, ven cómo el que la lía todos los días se lleva premio cuando no lo hace, pero a ellos se les llama la atención a la mínima infracción porque claro, se les ve mal.

Se le presta más atención al que más problemas tiene, por supuesto, ya sea en lo académico o en lo actitudinal. Pero hay niños y niñas en el aula que jamás han oído decir su nombre acompañado de un halago, y eso no me gusta.

Al menos aquí el tema del refuerzo positivo es un poco más comedido. En Texas, los premios eran comestibles. Los comportamientos más graves tenían un cuaderno donde los distintos profesores escribían a diario cómo se habían portado en el aula; si tenían solo una o dos faltas, al final del día se les premiaba con una bolsa de chuches o un refresco. El resto de los peques solían mirar con envidia al compañero que se paseaba por el pasillo con su premio, cuando ellos no habían roto un plato en su vida.

¿Funcionaba? Ya te digo. ¿Era justo para el resto de la clase? Yo creo que no.

Refuerzo positivo para todos

¿Sirve el refuerzo positivo si se hace para toda la clase? En mi experiencia, sí.

No hablo tanto de premios grupales (que también), sino de retos individuales. Si un niño o niña tiene siempre buen comportamiento, también se le debería hacer una cartilla donde poner caritas sonrientes y darles el premio como a los demás.

(Pero chuches no, por favor. Una pegatina. Cinco minutos de tiempo libre. Los premios no tienen por qué ser físicos, y no deberían costar dinero).

En los primeros cursos de primaria es relativamente sencillo porque todavía es un orgullo ser la mejor en algo y que la profe diga tu nombre es algo bueno, pero a partir del tercer ciclo (ni te cuento ya en secundaria) hay que hacerlo de forma discreta e individual para no convertirlos en los pelotas de la clase. Ahí tú eres quien va a necesitar mucha mano izquierda para subir el ánimo sin ponerlos en evidencia.

Pasear entre las mesas escuchando conversaciones y premiar a quien ayuda. Buscar la fortaleza de una niña y comentarlo en voz alta, o convertirla en tu ayudante. Hacer una competición matemática donde «hay que batir a Fulanito, que es el mejor multiplicando», de forma que aunque le ganen él sepa que tú sabes que él sabe.

Y premios grupales, por supuesto. Como hemos trabajado bien y hemos terminado un poco antes, tenemos cinco minutos más de patio. Como de esta clase me puedo fiar, vamos a hacer un proyecto de plástica un poco difícil. Como os portáis muy bien, nos han pedido que ayudemos en el festival de fin de curso. Y un sinfín de mentiras que les puedes ir diciendo durante el curso y que, al final, serán verdades como templos.

¿Significa esto que vas a tener una clase que va a esperar siempre un premio por hacer las cosas bien? No tiene por qué. Los niños y niñas, igual que las personas adultas, se crecen con los piropos y trabajan muy bien a cambio de unas palabras amables. Si tú le dices a un grupo que se portan muy bien y que da gusto trabajar con ellos, se portarán aún mejor (menos en mayo y junio, seamos realistas). Si «pillas» a un peque haciendo las cosas bien y refuerzas ese comportamiento, buscará volver a hacerlo bien solo a cambio de palabras.

Sí, me doy cuenta de que he empezado hablando del abuso del refuerzo positivo y he terminado dando una lista de situaciones que reforzar. Creo que debemos tener un poco de cuidado con el «al menos te has esforzado» y resaltar las situaciones y actitudes que queremos reforzar. Tampoco veo mal que lo hagan a cambio de algo (pegatina, gomets, carita sonriente), pero tienen que entender que depende de ellos conseguirlo, no de quien lo da.

Aunque puedo estar equivocada. Como me suele pasar, en esto y en todo lo demás tengo más dudas que certezas.


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Cómo sacarle provecho a la inteligencia artificial en el aula

8 mayo, 2025

He dicho la palabra prohibida: inteligencia artificial. Peor aún: inteligencia artificial en el aula. Mucha gente ha cerrado el navegador, ha lanzado el móvil y ha renegado de este blog para siempre.

Pero tú has leído inteligencia artificial en el aula tres veces ya y sigues ahí. Voy a dar por supuesto que te interesa el tema.

Y es un tema escabroso. Porque, como ha pasado siempre a lo largo de la historia, cualquier avance tecnológico da miedo, nos crea inseguridad y sacude el avispero. Desde la imprenta hasta la IA, todo lo que suponga sustituir humanos por una máquina nos da miedo. La revolución industrial cambió el mundo, internet ha cambiado la forma de trabajar y vivir de mucha gente (los nómadas digitales han afectado hasta el precio de las viviendas) y la IA ya empieza a sacudir nuestro mundo.

Lo de la IA nos da mucho miedo, además, porque nos está tocando lo que creíamos una faceta plenamente humana e irreemplazable: la creatividad. La IA generativa está mejorando de forma exponencial y eso aterra a cualquiera.

Como escritora, lo reconozco, me da canguelo, porque va a llegar un momento en el que sea muy difícil distinguir lo escrito por una persona o por una máquina. Los diseñadores gráficos deben estar cagados.

Como docente, sin embargo, la abrazo con pasión. Igual que abrazo YouTube, Liveworksheets, Kahoot y cualquier otra herramienta que me facilite el trabajo.

Porque creo que la IA puede ayudarme a ser mejor docente. La IA no va a trabajar sola, va a hacerlo a mis órdenes (de momento…) y puedo enfocarla a reforzar aspectos que a mí se me den peor o ahorrarme horas de trabajo.

Seguro que a ti se te han ocurrido ya un montón de maneras de cómo sacarle provecho a la inteligencia artificial en el aula. Hoy te dejo algunas más.

Cómo sacarle provecho a la inteligencia artificial en el aula

Canciones en el aula de Lengua Extranjera

Las que tenemos una edad sabemos lo mucho que nos ayudó la Superpop y su sección de letras de canciones a aprender inglés. Cuando no podía comprarme el LP (sí, soy así de vieja) donde venían las letras, me compraba la revista para poder leerlas. Me las aprendía de memoria y todavía hoy tiro del «the most beautiful girl in the world» para recordar cómo se dice esa expresión en inglés (no es «of the world», como bien nos enseñó Prince).

En clase de inglés he usado Suno más de una vez para crear canciones sencillas que trabajen la estructura gramatical que quiero que aprendan. También te vale para hacer una canción pegadiza que les ayude a recoger en infantil, o un pequeño regalo de fin de curso con los nombres de los y las peques. De nuevo, las opciones son tan infinitas como tu imaginación.

Simplificar un texto para los que no dominan el idioma

ChatGPT y compañía son herramientas que pueden simplificar un texto y hacerlo más accesible para ese niño o niña recién llegado que aún no habla bien castellano pero ya tiene cierto nivel. También te puede ayudar a poner imágenes para facilitar la comprensión, en lugar de tener que pasarte tú un buen rato buscándolas.

Soy consciente de que el tema de las imágenes y el uso que estos programas hacen del trabajo ajeno levanta ampollas. Nunca se me ocurriría usar la IA para crear una portada para uno de mis libros, pero igual que está permitido el uso de imágenes para uso escolar o fotocopiar un par de páginas de un libro, no me crea ningún cargo de conciencia utilizar cualquier cosa para conseguir que mi alumnado entienda lo que está leyendo.

Creación de exámenes

Esto lo he usado yo como alumna, preparando oposiciones. Subes el pdf del decreto que quieras y le pides preguntas de elección múltiple con las respuestas al final. A veces son un poco extrañas y tienes que afinar las instrucciones que le das, pero son una muy buena herramienta de repaso.

No recomiendo usar esto para crear exámenes, pero sí para repasarlos. Te puede servir, incluso, a la hora de crear un Kahoot (creo que puedes hacerlo dentro de la app cuando te suscribes y pagas la cuota mensual). Me da la impresión de que empiezan a usarlo incluso en exámenes oficiales, así que puedes sacar las preguntas que te van a hacer antes incluso de que te las hagan.

Resúmenes

Tu alumnado de secundaria y universitario ya está usándolo para estudiar, ¿por qué no usarlo tú para una lección de repaso? Pide a la IA que te dé los 10 puntos más importantes de la lección que estás dando, o que te ayude a crear una infografía para dar a tus alumnos y alumnas. ¿Es esto hacer trampa? No más que pasarte horas buscando una que alguien haya hecho ya. Y si les ayuda, ¿qué más da cómo la hayas hecho?

Parece ser que Estados Unidos está preparando una orden ejecutiva que busca implementar la IA en los colegios del país. No soy yo fan de las decisiones que se tomen en este país, pero cuando veas las barbas de tu vecino pelar, ya sabes. Vienen cambios, la tecnología ha venido a quedarse y si no aprendemos a sacar provecho a la inteligencia artificial en el aula, nos va a pillar el tren.

Tengo la sensación de que llevamos huyendo del tren treinta años. Creo que en Educación vamos a seguir corriendo apenas un paso por delante hasta que nos jubilemos.

Esperemos que no nos aplaste.


Si te ha gustado esta entrada, puede que te guste Profe, una pregunta, libro que publiqué con Plataforma Editorial donde me planteo todas las dudas que me surgen a la hora de dar clase. También tienes un Manual (in)falible de animación a la lectura con técnicas que me han funcionado en el aula en distintos momentos y con distintas edades para trabajar la lectura en la clase y que puede que te vengan bien.  Y si lo que te interesa es el Programa de Profesores Visitantes, en esta guía tienes material suficiente para resolver todas tus dudas y animarte a venir. 

Si lo que buscas lectura de entretenimiento, ¡estás de suerte! Graciana es la última novela que he publicado, un libro con humor, toques de thriller y realismo mágico que tienes disponible en Amazon. También puedes reírte con Armarios y fulares, o averiguar qué es lo que pasa en un fin de semana entre amigos en Antes de que todo se rompiera.

Gracias por estar ahí. Gracias por leer. 

Blog Pataletas

Confesiones de una maestra cansada

16 marzo, 2025

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada trabajada y meditada en este blog.

Aunque no lo creas, hubo un tiempo en el que los artículos que pueblan esta humilde página me llevaban horas. Los escribía, reescribía, buscaba fuentes o enlaces de utilidad y me aseguraba de que fuera algo que pudiera ayudarte en el aula o un desahogo con el que te pudieras identificar.

Ya no. Las últimas que he escrito han sido casi por obligación. Por no dejar morir el blog. Para que el algoritmo me siga reconociendo.

Y no es por falta de tiempo. Ahora, de hecho, tengo más que nunca, porque aunque hoy sea domingo y acabe de cerrar los manuales tras programar la semana, cuando has pasado 5 años en el sistema estadounidense el horario español te parece un balneario.

No escribo por falta de fuerzas. De ganas.

Por cansancio. No físico (bueno, un poco sí, que marzo es muy largo), sino mental. Un cansancio que no se cura solo con vacaciones, ni con un viaje, ni con una buena juerga con las amigas. Es un cansancio que tiene que ver con una profesión que pide, pide y pide y no da nada a cambio.

Estoy agotada.

Llevo 28 años en esto, todos ellos en el aula. De esos, más de la mitad he sido tutora (creo que me falta cuarto para haber pasado por todos los cursos), en tres idiomas vehiculares y cuatro sistemas educativos distintos.

He detectado niños y niñas que necesitaban gafas, audífonos, terapia o servicios sociales. He parado hemorragias en heridas que necesitaban puntos y que yo solo podía «curar» con agua. He llamado a casa N veces para que vinieran a buscar a peques con fiebre, que al final se han quedado en clase porque no había un solo adulto que pudiera hacerse cargo de ellos en horario escolar (y han vuelto al día siguiente). Me ha gritado una delegada de educación, he tenido que oír que «ahora las oposiciones se las saca cualquiera», todos los días escucho que los docentes tenemos muchas vacaciones y que no hacemos ni el huevo.

Durante 28 años, entre 6 y 8 horas al día, he sido la adulta de referencia en un aula con una media de 20 alumnos. Me han empujado escaleras abajo (sin querer), me han tirado estuches, gomas y lápices a la cabeza (sin querer), me han dado balonazos en el patio (sin querer), han dicho mi nombre una media de 548.930 veces al día (queriendo).

Y entre todas esas cosas, a ratos, enseño. A quienes tienen el nivel del curso y a los que no llegan aún. A quienes están por encima y a los que van lentos. A quienes acaban de llegar y no hablan ni el idioma, a los que no hablan ninguno, a los que no callan, a los que no quieren estar ahí, a los que disfrutan con mis clases y a quienes no les gusta nada de lo que hago o trato de hacer.

28 años estando «ON» entre 6 y 8 horas al día. Más las tutorías, las reuniones, las exclusivas, las formaciones. Me importa lo que hago, quiero hacerlo bien. Pero hay tanto que depende en exclusiva de la adulta que está en clase que es imposible hacerlo bien sin dar tanto de ti que no quede nada para cuando llegues a casa.

Soy una maestra cansada. Muy cansada.

Si a esto le sumas que estoy en plena crisis de la mediana edad (aunque llevo en ella desde los treinta, más o menos), quizás entiendas por qué paso poco por aquí.

Por eso y porque no quiero hacerte perder el tiempo. Este rincón de la red es para ayudar, y si solo vengo a quejarme no te aporto lo que necesitas. 

No me voy a ningún sitio, el blog no se cierra y seguiré por aquí. Pero habrá más hueco entre las entradas, y quizás veas un cambio de tema, porque si a veces me cuesta mentalizarme de que tengo que ir a trabajar el lunes, imagina lo que me cuesta sentarme a escribir sobre cómo dar clase o la mejor manera de enganchar a tu alumnado con un libro.

Permite estas confesiones de maestra cansada. Y gracias por estar ahí. Gracias por leer.


Para que no te vayas con las manos vacías, te recuerdo que tienes varios libros en esta sección del blog. Los hay con ideas para llevar al aula, para replantearte tu práctica docente o para animarte a participar en el programa de profesores visitantes del MECFP. Y para esos días en los que no quieres recordar a qué te dedicas, novelas que te ayuden a pensar en otra cosa. 

Blog Dar clase sin morir en el intento

Te tiene que importar

18 febrero, 2025

El otro día, en una red social, alguien puso un mensaje que hablaba de la importancia de la mochila que traen los niños y niñas a clase. Porque la mayor parte de los problemas que sufre un niño o una niña viene de fuera, se los traen de casa. No es solo lo que les cueste o no les cueste adquirir conocimientos y competencias, sino todo lo que tenemos en nuestro mundo que nos hace la vida más fácil o, en algunos casos, más difícil.

El niño que no tiene qué comer en casa. La niña que acaba de perder a su madre por violencia machista. El peque que vive en una habitación con toda su familia porque nadie les alquila un piso.

Si llevas unos años dando clase, sabes de lo que hablo.

Enseguida empezaron a llegar las respuestas del tipo «ya, pero qué voy a hacer yo, si tengo los recursos que tengo», «ya, pero yo soy filóloga, no psicóloga, qué pretendes que haga», «ya, pero milagros en Lourdes». Y no les falta razón, porque es verdad que nuestros recursos son muy limitados. Pero con cada «ya, pero» yo sentía que se me inflaba algo en el estómago.

Me da igual los recursos que haya. No hay peros que valgan. Te tiene que importar.

Si no te importa que tus peques pasen hambre, vean y sufran violencia o tengan, en general, una vida que les impide ser niños y niñas, no deberías estar en esta profesión. Y cuidado, que no estoy diciendo que tu obligación sea arreglarlo, ni siquiera buscar a quien pueda hacerlo. Hay problemas que nos superan, que los superan a ellos y ellas y que no van a tener remedio por más que llamemos a servicios sociales, al ayuntamiento o al primo de Zumosol.

Pero de ahí a decir «no es cosa mía, no puedo hacer nada, me lavo las manos» va un mundo.

Te tiene que importar.

Porque trabajamos con material sensible, y hayas llegado como hayas llegado a esta profesión (de carambola, porque no había otra cosa o porque tus amigas se apuntaron a magisterio, como me confesó una compañera), lo que tienes delante son personas, no tornillos.

No te hablo de vocación. Si mañana me tocara la lotería, no volverías a verme en un colegio más que para votar.

No te hablo de que te tengan que gustar los niños y niñas, ni siquiera, si me apuras, que te tengan que caer bien.

Pero si delante de ti hay un menor de edad que sabes que lo está pasando mal en su vida fuera del centro y no te quita el sueño, deberías dedicarte a otra cosa.

Aunque no puedas hacer nada. Aunque lo único que puedas ofrecerle sea una sonrisa, o una pegatina a escondidas, o hacerle reír y olvidarse un momento de la mierda de vida que le ha tocado.

Si tu respuesta a «tenemos una niña en el cole que se ha tenido que ir a vivir con su abuela por problemas graves en casa, lo está pasando muy mal, vamos a ver cómo podemos ayudar» va a empezar con «ya, pero», no la quiero oír.

Y la niña tampoco.

Y si tu excusa es que tú eres filóloga, o historiadora o ingeniera y te metiste en esto de carambola, por el sueldo o por las vacaciones, te recuerdo que hay muchas profesiones ahí fuera que no necesitan humanidad. Esta no es una de ellas.

Te tiene que importar. Y si no te importa, haberte metido auxiliar de administrativo.


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Gracias por estar ahí. Gracias por leer. 

Blog Programa de Profesores Visitantes

La vuelta a casa tras el programa de profesores visitantes

6 enero, 2025

Una de las cosas más difíciles del programa de profesores visitantes es la vuelta a casa. Se lo dije a la gente que vino conmigo a Texas y me miraban con gesto extraño, como si pensaran que les estaba tomando el pelo.

Y es normal, porque cuando empiezas en un lugar nuevo y todo es distinto, y te cuesta, y lo pasas mal, lo único que quieres es volver a tu casa donde te conocen, donde has dejado a los tuyos, donde todo te es familiar.

Acuérdate de Cheers y el where everybody knows your name. Imagina dejar eso por un sitio donde ya no es que no conozcan tu nombre, es que te lo cambian porque ahora eres Ms. Ibáñez y no lo saben pronunciar (fui Ms /’aibanes/ durante cinco años. Ay).

Pero luego pasa el tiempo y te acostumbras. Aprenden a decir tu nombre, haces amistades, te encuentras con un grupo de gente en tu misma situación que te apoya y te protege de la soledad y de los malos ratos. Mantienes el contacto con tus seres queridos, los visitas en verano, te da la sensación de que todo sigue igual.

Y cuando vuelves te das cuenta de que no. O quizás sí, y por eso se te hace extraño.

Y resulta que la vuelva a casa tras el programa de profesores visitantes se te hace cuesta arriba y no sabes por qué.

Hay tantas razones como personas que volvieron, pero aquí te menciono algunos de los motivos que pueden ayudarte a entender por qué te está constando (o te va a costar) volver.

La vuelta a casa tras el programa de profesores visitantes

Nada ha cambiado… pero tú sí

Pasada cierta edad te da la impresión de que el tiempo se estanca y de que no aprendes nada nuevo. El mejor remedio para eso es irte fuera, pero no de vacaciones, sino a vivir.

Un año es suficiente para darte cuenta de que has cambiado, no te digo ya cinco. Todo lo ves de otra manera, has conocido gente que no hubieras conocido de otra forma, has trabajado diferente. Tanto que a mí me ha costado todo un trimestre volver a adaptarme a la forma de trabajar a este lado del charco, y eso que no me fui nueva precisamente.

Al volver te choca que la gente siga haciendo lo mismo que hacía antes, que tenga las mismas rutinas, porque tú has adaptado otras sin darte cuenta. Cenar después de las diez de la noche, ir andando a hacer la compra, que las ciudades tengan un centro por el que se pueda pasear, que todo cierre los domingos…

Aunque son cosas que te gustan (lo de no necesitar el coche entre semana y poder andar a cualquier parte me está dando la vida), al principio se te va a hacer extraño y vas a parecer extranjera en tu propia ciudad. Y habrá algunas cosas de las que reniegues, como lo de las cenas tardías que te joroban el sueño (tengamos en cuenta que también tienes cinco años más, y la edad pasa factura).

La forma de trabajar es muy distinta, y verás que, aunque desde la distancia todo lo de aquí te parecía mejor, ahora reniegas de algunas prácticas que preferirías no ver y te sorprendes echando mano de lo que has aprendido en EE.UU. Tus amigos salen por los mismos bares de siempre, tu familia vive en el mismo piso de siempre, y tú, que te has mudado media docena de veces en cinco años, sientes que acabas de viajar al pasado y no sabes muy bien si estás soñando.

A la mayoría de la gente le cuesta unos meses volver a adaptarse. Otras no lo hacen y dejan las maletas en un lugar de fácil acceso porque una vez empiezas con esto de dar clase en el extranjero, es difícil parar.

En realidad todo ha cambiado

A ver si te crees que los demás no pasan por las mismas crisis existenciales que tú.

La gente se divorcia, se casa, tiene hijos, cambia de trabajo, enferma, se cura… Todo avanza, todo cambia aunque a ti te parezca que no. La vuelta a casa de cada verano no reflejaba la vida real de la gente que te rodeaba, porque en verano no somos los mismos y cuando tú venías hacían un esfuerzo por quedar para verte aunque algunos lazos ya estuvieran rotos.

Y cuando vuelves de verdad y tratas de recuperar las cervezas de los viernes o el vermú del domingo (o el refresco de los viernes y la escapada al monte de los fines de semana), no tienes con quién. El mundo que dejaste, aunque de lejos no lo parezca, ya no existe. Porque cinco años son muchos, más cuanto más joven eres, y la canción tenía razón con aquello de que la distancia es el olvido.

Vas a tener que volver a adaptarte a un mundo nuevo. Hacer nuevas amistades, o ir repescando las de siempre contigo como pegamento para unir relaciones dañadas.

No es fácil. Y se pasa mal.

Nadie me cree hasta que vuelve, pero ya he perdido la cuenta de los que me han dicho que la vuelta a casa está siendo un reto mayor que el de adaptarse a EE.UU.

Cómo suavizar la vuelta a casa

El mayor aprendizaje que te traes cuando participas en el programa de profesores visitantes y similares es que la vida es cambio y nada permanece.

Las múltiples mudanzas. Los cambios de apartamento y de casa. Las compañeras que van y vienen. El cambio de escuela.

Cuando llegue la hora de la vuelta a casa, no olvides eso. La única constante es el cambio, y eso es precisamente lo que nos hace crecer como profesionales y como seres humanos. Esto es cierto en cualquier situación, pero aún más cuando participas en un programa como este.

Mientras estés en Estados Unidos, asegúrate de mantenerte al día de todo lo que viven tus amistades y familiares (a no ser que una de las razones para irte haya sido, precisamente, mandarlos a todos a la mierda). Si solo los ves una vez al año, es muy difícil contestar a la pregunta «¿Qué tal todo?» con algo que no sean respuestas comunes del tipo «Bien, ya sabes».

Recuerda también que volver no significa que tengas que regresar exactamente al lugar de donde te fuiste. Puedes, claro (¿quién soy yo para decirte que no?), pero también puedes probar otro colegio, otro puesto, otra ciudad. Si no has participado aún en el programa, te advierto que el gusanillo de lo diferente es adictivo. Darte cuenta de lo grande que es el mundo y de la de puertas que hay ahí fuera para ti es demasiado tentador.

A veces, sin embargo, solo quieres volver a casa, a lo conocido, a lo que dejaste. Puedes, claro. Ten en cuenta que no será fácil y que tardarás un tiempo en acostumbrarte para evitarte decepciones, eso sí. Aunque por experiencia sé que no me vas a hacer caso y la vuelta a casa te va a suponer un pequeño gran shock.

Es lo que hay. Por más que queramos ahorrarnos los malos ratos, a veces es imposible.


Si te ha gustado esta entrada, puede que te guste Profe, una pregunta, libro que publiqué con Plataforma Editorial donde me planteo todas las dudas que me surgen a la hora de dar clase. También tienes un Manual (in)falible de animación a la lectura con técnicas que me han funcionado en el aula en distintos momentos y con distintas edades para trabajar la lectura en la clase y que puede que te vengan bien.  Y si lo que te interesa es el Programa de Profesores Visitantes, en esta guía tienes material suficiente para resolver todas tus dudas y animarte a venir. 

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Gracias por estar ahí. Gracias por leer. 

Blog Programa de Profesores Visitantes

Cosas a tener en cuenta en el programa de Profesores Visitantes

13 octubre, 2024

Se acerca, se siente, la nueva convocatoria del programa de profesores visitantes está al caer. A finales de octubre y principios de noviembre ya puedes empezar a entrar en la web del Ministerio de Educación y Formación Profesional para ver si publican la convocatoria de este año. Tendrás dos semanas para entregar todos los papeles (más un breve periodo de gracia para rectificar errores, tú asegúrate de mandar la petición antes de que se te acabe el tiempo aunque te falten cosas), así que no te duermas en los laureles.

La página suele fallar por la cantidad de tráfico que tiene esos días. En serio, no te duermas.

Escucha a mi ansiedad. Mi ansiedad es sabia.

Te he dicho muchas veces que soy fan de este programa, no en vano he participado dos veces. He escrito muchas entradas en la sección de Profesores Visitantes, y hasta las he recopilado en un libro/guía al que he añadido algunas de las preguntas más frecuentes. Nadie me puede acusar de no contar lo bueno del programa, con lo malo también. Siempre animo a la gente a que venza el miedo y se anime a participar.

Pero ojo. Te tienes que animar sabiéndolo todo. Hay muchas cosas a tener en cuenta antes de participar en el programa de profesores visitantes, y algunas son cruciales para tu futuro cuando vuelvas. Veo a mucha gente en grupos de Facebook y en redes haciendo preguntas que ya deberías tener resueltas en cuanto te planteas meterte en esta aventura, no te digo ya si llevas unos años en Estados Unidos.

Si no eres funcionario de carrera, por ejemplo, no cotizas en España. Hay gente que se está dando cuenta de este detalle (que queda clarísimo en las bases y en la página del Ministerio de Trabajo) tras años dentro del programa.

Una cosa es que te líes la manta a la cabeza y aceptes el riesgo, y otra muy distinta es que vengas a ciegas.

Así que aquí te va una lista, ni mucho menos exhaustiva ni cerrada, de cosas que tienes que tener en cuenta antes de embarcarte en el programa de Profesores Visitantes.

COSAS A TENER EN CUENTA EN EL PROGRAMA DE PROFESORES VISITANTES

La cotización

Te he puesto el enlace antes, pero te lo voy a volver a poner aquí. Las únicas personas que cotizan trabajando en EE.UU. con este programa son los y las funcionarias de carrera.

De carrera, mucho cuidado. Ni los interinos, ni quienes vienen de la concertada ni los de la privada.

El Gobierno y las Comunidades Autónomas cotizan por los y las funcionarias mientras están fuera, pagando a las arcas de la Seguridad Social el mismo dinero que aportarían si estuvieran trabajando aquí. La antigüedad también se paga, y los derechos pasivos de la SS salen de ese dinero (si no llega porque llevas poco tiempo trabajando, lo pones de tu bolsillo).

Para el resto, los años trabajados en Estados Unidos a través del programa no cuentan para la jubilación. No suman años en la vida laboral, no te ayudan a acercarte a la jubilación, nada de nada. EE.UU. no es parte de la Unión Europea y la gran mayoría de distritos no cotizan a la seguridad social americana, tienen un sistema de jubilación privado. Por tanto, si no aportas a las arcas, es lógico que esos años no te cuenten para la jubilación.

Sí puedes, como pone en el enlace, suscribir un acuerdo con la SS y pagar de tu bolsillo. Allá cada uno con lo que decide y dónde quiere invertir sus ahorros, pero de forma personal te digo: ojalá lo hubiera hecho cuando estuve en California.

Antigüedad y sexenios

De nuevo, esto solo se aplica al funcionariado de carrera. No, si eres interina no puedes pedir antigüedad. Necesitas tener tu propia plaza fija, con tu nombre, tu placa, tu todo para que esto tenga que ver contigo.

Cada comunidad es un mundo y no te puedo dar información de todas (de ninguna, de hecho), pero mira bien en qué condiciones tienes que justificar los cursos para los sexenios y asegúrate de que te pagan los trienios. Sé de gente que lo ha tenido que pelear hasta los tribunales. Los trienios te corresponden porque vas a EE.UU. en las mismas condiciones que tenías en tu plaza; los sexenios, por tanto, se entienden igual y deben pagártelos igual si tienes la formación hecha. Míralo bien, asegúrate de tenerlo por escrito y de pelearlo, si puedes, antes de irte para ahorrarte disgustos.

Puntuación en las listas

Ahora sí le hablo al funcionariado interino.

Vuelvo a decir lo de que cada comunidad es un mundo, y además cambia con los años. Cuando fui como interina, en Euskadi, me contaron los siete años como si hubiera trabajado en la pública. Creo que hubo un movimiento importante por parte de gente que había ido antes y al final terminaron aceptándolo así; gracias a eso subí como la espuma en las listas y tuve más facilidad para sacarme la plaza. Lo último que he oído (pero no sé seguro, porque no lo he buscado en fuentes oficiales) es que ahora puntúa como trabajar en un privado. De nuevo, míralo bien antes de irte.

Normalmente, este programa permite congelarse en las listas, y cuando vuelvas y enseñes el cese que te hace la Consejería en EE.UU. te das de alta de nuevo. Insisto: depende de cada comunidad. Míralo bien, búscalo en fuentes oficiales y por lo que más quieras, no te fíes de lo que te cuenta la gente: pídelo por escrito, si puedes del mismísimo Boletín Oficial de tu comunidad.

Plazo de permanencia en el programa

El J1, el visado con el que vienes cuando empiezas, es de tres años, prorrogable dos más. Durante esos cinco años estás aquí como parte del programa.

La mayoría de las veces, los funcionarios de carrera tienen las condiciones de las que te he hablado para los cinco años.

Pero.

Algunas comunidades limitan el número de años que puedes estar en EE.UU. a los tres primeros, sin prórroga. Si decides quedarte, pasas a excedencia voluntaria y dejas de cotizar. Si hay algo que debas tener en cuenta, es esto. No vaya a ser que estés toda feliz pensando que todo está bien y cuando vuelvas no tengas tu plaza.

Para todos los demás, el programa dura los cinco años que puede durar un J1. Hay distritos que facilitan que los profesores se queden, pero ahí ya pasarías a otro tipo de visado que requiere que tengas la misma titulación que un docente estadounidense. El proceso es tema para otro artículo, porque es largo y complejo (y debería escribirlo otra persona porque yo pasé por él hace la friolera de 25 años y seguro que hay muchas cosas que han cambiado).

Si eres funcionaria de carrera y decides quedarte, el proceso es el mismo a nivel legal. Tienes que pedir una excedencia en tu comunidad, pero en lo respectivo al visado, el párrafo anterior también se aplica.

 

Como ves, mudarse a otro país no es sencillo y hay un millar de cosas a tener en cuenta incluso cuando vas con un programa que está avalado, organizado y asegurado por los gobiernos que participan. Mi consejo siempre es el mismo: infórmate de primera mano, no te fíes de la experiencia de la gente ni de lo que te ha parecido entender en aquella reunión con 300 personas. Ve siempre a la fuente, e incluso en esa fuente asegúrate de verlo por escrito (esas llamadas a Delegación en las que nadie sabe de que estás hablando, ¡ay!).

No te fíes ni siquiera de mí, fíjate lo que te digo. Por mucho que tenga una guía y todo en la que te cuento cosas, incluidos los muchos motivos para no fiarte de nadie. 

Buena suerte con la convocatoria, compi. Y gracias por estar ahí. Gracias por leer.

Pataletas

Mi periodo de adaptación

22 septiembre, 2024

Llevo ya casi tres semanas de curso y aún tengo la sensación de estar más perdida que un pulpo en un garaje. Y no es porque me haya ido a un sistema que no conozco, o porque sea nueva en esto. 28 principios de curso en cuatro sistemas distintos (el de Euskadi, California, Texas y Andalucía) dan para muchas tablas. Y aun con esas tablas, llevo dos semanas con la sensación de estar perdida y sobrepasada.

Tal ha sido el shock que llevo días dándole vueltas a este período de adaptación brutal que estoy sufriendo cuando no debería ocurrir. Y esta semana, cuando una compañera me ha preguntado si el sistema de Texas y el de aquí son muy diferentes, he encontrado el motivo de mi agobio: en Texas yo solo tenía que dar clase. Aquí tengo que hacerlo todo.

Mi yo más cerebral sabe que comparar los dos sistemas es injusto porque, aunque público, el sistema educativo estadounidense tiene un componente económico que en España no existe. Como cuna del capitalismo que es, todo se mide y todo se controla, y a veces las medidas que se utilizan ni son justas ni son educativas. Los resultados académicos del alumnado de Primaria no condicionan el futuro de los y las peques, sino el futuro de la dirección, del profesorado y del distrito entero. Si hay malos resultados, las familias que puedan elegir se irán del distrito, la matrícula bajará y recibirán menos dinero federal y rodarán cabezas, como está pasando en Houston. En muchos estados (sobre todo aquellos donde no existen los sindicatos), el profesorado mete caña a sus peques porque su puesto de trabajo corre peligro, más si acaban de llegar al distrito.

Siempre es el dinero, aquí y allí. Solo que allí cada distrito controla su presupuesto (hay uno por pueblo/ciudad normalmente, varios si es una capital grande), y cada estado tiene una independencia económica que en Europa no se contempla. Las empresas que crean materiales para las aulas, ya sean editoriales, empresas tecnológicas o de cualquier otro tipo, tienen un estupendo negocio montado.

Aquí el problema también es el dinero, ojo. Lo que pasa es que quienes tienen la bolsa no tienen ninguna conexión con las aulas y cuentan cada euro que entregan a Educación como si fuera gasto en lugar de una inversión. Un derroche. Un fondo perdido.

No me oirás decir nunca que el modelo estadounidense es un buen modelo. Nunca.

Pero.

En Texas, lo único que se me pedía era dar clase (que no es poco). Yo era responsable de los resultados de mi alumnado, de su comportamiento y de su crecimiento educativo.

Pero en mi campus había una persona encargada del currículo de Matemáticas y otra de Lenguaje (en inglés, se entiende), que se encargaban también de Ciencias y Sociales, aunque como no se examinaban estaban un poco dejadas. También había una sección bilingüe para quienes trabajábamos con alumnado hispano (no daban ni una hora de clase, nada, cero, su función era ayudar). Si necesitaba algo, se lo pedía a ellas. Podía ser material para los que terminaban rápido, ideas para una lección, material de una editorial concreta…

Igualito que aquí, vaya.

La programación estaba hecha desde las altas instancias del distrito y lo que había que cubrir venía marcado por semanas y cuántos días debíamos encargarnos de cada objetivo. Esa programación era lo que convertíamos al tercer nivel de concreción, y venía con enlaces a repositorios, te decía qué material podías usar y dónde encontrarlo. Colocábamos el objetivo del día de cada asignatura en la pizarra (los y las peques sabían lo que estaban haciendo en cada momento) y el material que venía con la editorial (sí, allí también había libros, pero los profes no recibíamos una guía, sino cajas y cajas de materiales) tenía, para cada objetivo, adaptaciones para los distintos niveles del aula, desde aquellos que estaban uno o dos cursos por debajo hasta aquellos que acababan de llegar y no sabían inglés.

Ahora tengo una niña que acaba de aterrizar y no habla ni papa de castellano. Todo el material me lo estoy buscando yo. No hay nada, NADA, que pueda usar en los materiales de la editorial (que es lo único que tengo). Y no hablo ya de los y las peques que tienen uno o dos cursos de diferencia con el resto de la clase.

A nivel de distrito, había gente encargada solo del currículum (insisto, no daban ni una hora de clase, nada, cero, su función era ayudar). De buscar los mejores materiales, de organizar las programaciones de manera que la espiral cubra todo cada año, de la compra de programas educativos que se adaptaran al nivel de cada peque de forma automática, sin que yo tuviera que saber de programación.

Porque esa es otra, la tecnología… Sueño con tener en mi casa la conectividad que tenía en mi aula. Cada dos o tres años se nos cambiaban los ordenadores a los docentes (un derroche, lo sé, sí, pero el que tengo ahora en mi aula tiene QUINCE AÑOS). Los niños y niñas tenían dispositivos nuevos cada cuatro o cinco cursos, y había una persona en cada centro (ay, que lloro) dedicada en exclusiva al software, a solucionar problemas y a darnos formación. Si había un problema con el hardware, venía un técnico del distrito en el mismo día o al día siguiente.

En mi centro de ahora acaban de arreglar un problema en el servidor con el que llevaban un año.

Un. Año.

Todo lo que me he encontrado al llegar ha sido un aula vacía, sin material que no sean libros y libros y más libros (horribles, horrorosos, aburridos, inhumanos) y una pizarra digital que solo sirve de pantalla y hace años perdió los rotuladores (si es que alguna vez los tuvo). Las programaciones serán las mismas que las del año pasado porque seguimos con los mismos libros, y si quieres hacer algo fuera de la editorial, tú misma, mete horas como loca en tu tiempo libre haciendo un Genially o peleándote con Canva, aprovecha que tienes la versión pro por ser docente, no sé de qué te quejas.

¿Cuándo haces todo eso? En tu casa, claro. En Texas tenía mis 50 minutos diarios para coordinarme y reunirme con mis compañeras, o llamar a las familias, o preparar materiales, más media hora después de que se fueran los y las peques dentro del horario reglado y pagado.

Jamás me llevaba trabajo a casa. Podías, claro, siempre hay cosas que hacer, pero no me hacía falta para el día a día.

Aquí paso menos tiempo en el centro, pero no tengo ni un solo minuto para mí porque todas las horas son lectivas. ¿Cuándo corrijo? En casa. ¿Cuándo busco material? En casa. ¿Cuándo programo? Lo vas pillando.

Si necesito algo, no sé a quién preguntar o a quién pedírselo, y aunque lo supiera sería muy difícil encontrar rato durante el horario lectivo, o a la persona en cuestión, porque ni el equipo directivo se libra de un horario de clases que hace imposible su trabajo. Las exclusivas de los lunes son para tutorías y para reuniones de coordinación. No puedo ni ir al baño, como para hablar con la logopeda. Los corros del patio, donde antes hablaba de mis fines de semana, se han convertido en mis reuniones de coordinación.

Por no mencionar que he tenido que comprar mi propio material. Igual que en Texas, pero cobrando mucho menos.

Mi período de adaptación está siendo duro. Tanto, que me está haciendo echar de menos un sistema del que me he pasado cinco años hablando mal. Nunca pensé que diría algo así, y me da mucha pena, y mucha rabia, porque el de allí no me gustaba. Pero vivo con una sensación constante de asfixia que se asemeja mucho a la que traje de allí. Solo que aquí me veo más sola ante el peligro que nunca, sin nadie a quien pedir ayuda porque mis compañeras están igual de asfixiadas que yo.

El sistema educativo se sostiene sobre los hombros de los docentes. Y en cualquier momento esos hombros no van a dar más de sí y nos vamos a ir al suelo. Lo peor es que en el camino nos llevaremos a la parte más frágil del sistema: los niños y niñas.


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