Una de las cosas más difíciles del programa de profesores visitantes es la vuelta a casa. Se lo dije a la gente que vino conmigo a Texas y me miraban con gesto extraño, como si pensaran que les estaba tomando el pelo.
Y es normal, porque cuando empiezas en un lugar nuevo y todo es distinto, y te cuesta, y lo pasas mal, lo único que quieres es volver a tu casa donde te conocen, donde has dejado a los tuyos, donde todo te es familiar.
Acuérdate de Cheers y el where everybody knows your name. Imagina dejar eso por un sitio donde ya no es que no conozcan tu nombre, es que te lo cambian porque ahora eres Ms. Ibáñez y no lo saben pronunciar (fui Ms /’aibanes/ durante cinco años. Ay).
Pero luego pasa el tiempo y te acostumbras. Aprenden a decir tu nombre, haces amistades, te encuentras con un grupo de gente en tu misma situación que te apoya y te protege de la soledad y de los malos ratos. Mantienes el contacto con tus seres queridos, los visitas en verano, te da la sensación de que todo sigue igual.
Y cuando vuelves te das cuenta de que no. O quizás sí, y por eso se te hace extraño.
Y resulta que la vuelva a casa tras el programa de profesores visitantes se te hace cuesta arriba y no sabes por qué.
Hay tantas razones como personas que volvieron, pero aquí te menciono algunos de los motivos que pueden ayudarte a entender por qué te está constando (o te va a costar) volver.
La vuelta a casa tras el programa de profesores visitantes
Nada ha cambiado… pero tú sí
Pasada cierta edad te da la impresión de que el tiempo se estanca y de que no aprendes nada nuevo. El mejor remedio para eso es irte fuera, pero no de vacaciones, sino a vivir.
Un año es suficiente para darte cuenta de que has cambiado, no te digo ya cinco. Todo lo ves de otra manera, has conocido gente que no hubieras conocido de otra forma, has trabajado diferente. Tanto que a mí me ha costado todo un trimestre volver a adaptarme a la forma de trabajar a este lado del charco, y eso que no me fui nueva precisamente.
Al volver te choca que la gente siga haciendo lo mismo que hacía antes, que tenga las mismas rutinas, porque tú has adaptado otras sin darte cuenta. Cenar después de las diez de la noche, ir andando a hacer la compra, que las ciudades tengan un centro por el que se pueda pasear, que todo cierre los domingos…
Aunque son cosas que te gustan (lo de no necesitar el coche entre semana y poder andar a cualquier parte me está dando la vida), al principio se te va a hacer extraño y vas a parecer extranjera en tu propia ciudad. Y habrá algunas cosas de las que reniegues, como lo de las cenas tardías que te joroban el sueño (tengamos en cuenta que también tienes cinco años más, y la edad pasa factura).
La forma de trabajar es muy distinta, y verás que, aunque desde la distancia todo lo de aquí te parecía mejor, ahora reniegas de algunas prácticas que preferirías no ver y te sorprendes echando mano de lo que has aprendido en EE.UU. Tus amigos salen por los mismos bares de siempre, tu familia vive en el mismo piso de siempre, y tú, que te has mudado media docena de veces en cinco años, sientes que acabas de viajar al pasado y no sabes muy bien si estás soñando.
A la mayoría de la gente le cuesta unos meses volver a adaptarse. Otras no lo hacen y dejan las maletas en un lugar de fácil acceso porque una vez empiezas con esto de dar clase en el extranjero, es difícil parar.
En realidad todo ha cambiado
A ver si te crees que los demás no pasan por las mismas crisis existenciales que tú.
La gente se divorcia, se casa, tiene hijos, cambia de trabajo, enferma, se cura… Todo avanza, todo cambia aunque a ti te parezca que no. La vuelta a casa de cada verano no reflejaba la vida real de la gente que te rodeaba, porque en verano no somos los mismos y cuando tú venías hacían un esfuerzo por quedar para verte aunque algunos lazos ya estuvieran rotos.
Y cuando vuelves de verdad y tratas de recuperar las cervezas de los viernes o el vermú del domingo (o el refresco de los viernes y la escapada al monte de los fines de semana), no tienes con quién. El mundo que dejaste, aunque de lejos no lo parezca, ya no existe. Porque cinco años son muchos, más cuanto más joven eres, y la canción tenía razón con aquello de que la distancia es el olvido.
Vas a tener que volver a adaptarte a un mundo nuevo. Hacer nuevas amistades, o ir repescando las de siempre contigo como pegamento para unir relaciones dañadas.
No es fácil. Y se pasa mal.
Nadie me cree hasta que vuelve, pero ya he perdido la cuenta de los que me han dicho que la vuelta a casa está siendo un reto mayor que el de adaptarse a EE.UU.
Cómo suavizar la vuelta a casa
El mayor aprendizaje que te traes cuando participas en el programa de profesores visitantes y similares es que la vida es cambio y nada permanece.
Las múltiples mudanzas. Los cambios de apartamento y de casa. Las compañeras que van y vienen. El cambio de escuela.
Cuando llegue la hora de la vuelta a casa, no olvides eso. La única constante es el cambio, y eso es precisamente lo que nos hace crecer como profesionales y como seres humanos. Esto es cierto en cualquier situación, pero aún más cuando participas en un programa como este.
Mientras estés en Estados Unidos, asegúrate de mantenerte al día de todo lo que viven tus amistades y familiares (a no ser que una de las razones para irte haya sido, precisamente, mandarlos a todos a la mierda). Si solo los ves una vez al año, es muy difícil contestar a la pregunta «¿Qué tal todo?» con algo que no sean respuestas comunes del tipo «Bien, ya sabes».
Recuerda también que volver no significa que tengas que regresar exactamente al lugar de donde te fuiste. Puedes, claro (¿quién soy yo para decirte que no?), pero también puedes probar otro colegio, otro puesto, otra ciudad. Si no has participado aún en el programa, te advierto que el gusanillo de lo diferente es adictivo. Darte cuenta de lo grande que es el mundo y de la de puertas que hay ahí fuera para ti es demasiado tentador.
A veces, sin embargo, solo quieres volver a casa, a lo conocido, a lo que dejaste. Puedes, claro. Ten en cuenta que no será fácil y que tardarás un tiempo en acostumbrarte para evitarte decepciones, eso sí. Aunque por experiencia sé que no me vas a hacer caso y la vuelta a casa te va a suponer un pequeño gran shock.
Es lo que hay. Por más que queramos ahorrarnos los malos ratos, a veces es imposible.
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