Blog Pataletas

Confesiones de una maestra cansada

16 marzo, 2025

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada trabajada y meditada en este blog.

Aunque no lo creas, hubo un tiempo en el que los artículos que pueblan esta humilde página me llevaban horas. Los escribía, reescribía, buscaba fuentes o enlaces de utilidad y me aseguraba de que fuera algo que pudiera ayudarte en el aula o un desahogo con el que te pudieras identificar.

Ya no. Las últimas que he escrito han sido casi por obligación. Por no dejar morir el blog. Para que el algoritmo me siga reconociendo.

Y no es por falta de tiempo. Ahora, de hecho, tengo más que nunca, porque aunque hoy sea domingo y acabe de cerrar los manuales tras programar la semana, cuando has pasado 5 años en el sistema estadounidense el horario español te parece un balneario.

No escribo por falta de fuerzas. De ganas.

Por cansancio. No físico (bueno, un poco sí, que marzo es muy largo), sino mental. Un cansancio que no se cura solo con vacaciones, ni con un viaje, ni con una buena juerga con las amigas. Es un cansancio que tiene que ver con una profesión que pide, pide y pide y no da nada a cambio.

Estoy agotada.

Llevo 28 años en esto, todos ellos en el aula. De esos, más de la mitad he sido tutora (creo que me falta cuarto para haber pasado por todos los cursos), en tres idiomas vehiculares y cuatro sistemas educativos distintos.

He detectado niños y niñas que necesitaban gafas, audífonos, terapia o servicios sociales. He parado hemorragias en heridas que necesitaban puntos y que yo solo podía «curar» con agua. He llamado a casa N veces para que vinieran a buscar a peques con fiebre, que al final se han quedado en clase porque no había un solo adulto que pudiera hacerse cargo de ellos en horario escolar (y han vuelto al día siguiente). Me ha gritado una delegada de educación, he tenido que oír que «ahora las oposiciones se las saca cualquiera», todos los días escucho que los docentes tenemos muchas vacaciones y que no hacemos ni el huevo.

Durante 28 años, entre 6 y 8 horas al día, he sido la adulta de referencia en un aula con una media de 20 alumnos. Me han empujado escaleras abajo (sin querer), me han tirado estuches, gomas y lápices a la cabeza (sin querer), me han dado balonazos en el patio (sin querer), han dicho mi nombre una media de 548.930 veces al día (queriendo).

Y entre todas esas cosas, a ratos, enseño. A quienes tienen el nivel del curso y a los que no llegan aún. A quienes están por encima y a los que van lentos. A quienes acaban de llegar y no hablan ni el idioma, a los que no hablan ninguno, a los que no callan, a los que no quieren estar ahí, a los que disfrutan con mis clases y a quienes no les gusta nada de lo que hago o trato de hacer.

28 años estando «ON» entre 6 y 8 horas al día. Más las tutorías, las reuniones, las exclusivas, las formaciones. Me importa lo que hago, quiero hacerlo bien. Pero hay tanto que depende en exclusiva de la adulta que está en clase que es imposible hacerlo bien sin dar tanto de ti que no quede nada para cuando llegues a casa.

Soy una maestra cansada. Muy cansada.

Si a esto le sumas que estoy en plena crisis de la mediana edad (aunque llevo en ella desde los treinta, más o menos), quizás entiendas por qué paso poco por aquí.

Por eso y porque no quiero hacerte perder el tiempo. Este rincón de la red es para ayudar, y si solo vengo a quejarme no te aporto lo que necesitas. 

No me voy a ningún sitio, el blog no se cierra y seguiré por aquí. Pero habrá más hueco entre las entradas, y quizás veas un cambio de tema, porque si a veces me cuesta mentalizarme de que tengo que ir a trabajar el lunes, imagina lo que me cuesta sentarme a escribir sobre cómo dar clase o la mejor manera de enganchar a tu alumnado con un libro.

Permite estas confesiones de maestra cansada. Y gracias por estar ahí. Gracias por leer.


Para que no te vayas con las manos vacías, te recuerdo que tienes varios libros en esta sección del blog. Los hay con ideas para llevar al aula, para replantearte tu práctica docente o para animarte a participar en el programa de profesores visitantes del MECFP. Y para esos días en los que no quieres recordar a qué te dedicas, novelas que te ayuden a pensar en otra cosa. 

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply