Todos los nuevos comienzos vienen del final de otros comienzos.
Sí, acabo de citar una canción que, si tienes una edad, has cantado más de una y dos y tres millones de veces.
Si no la has cantado, la has oído. Fijo.
Lo de «nuevos comienzos» me pone un poco nerviosa porque no conozco ningún comienzo que sea antiguo y es como lo de «subir para arriba» o «personas humanas», pero es que Comienzos a palo seco quedaba un poco soso como título. Y yo quería dejarte bien claro que esta entrada va sobre empezar de nuevo, dejar lo conocido y volver a la casilla de salida. Salir de tu zona de confort. Reinventarte.
Dame un momento, que seguro que se me ocurre algún cliché más.
Escribo esta entrada en mi nuevo destino, que ya no es en Estados Unidos sino en la Costa del sol. Me va la marcha, y para qué volver al norte pudiendo cocerme en mi propio jugo en este clima maravilloso con un 85% de humedad por las noches donde la gente reniega del aire acondicionado. Escribo con un ventilador que me da en la cara y otro que me da en la espalda, tratando de encontrar la manera de que el aire acondicionado portátil no se caliente tanto como para que deshaga todo lo conseguido en las horas que lo dejo puesto.
Llevo mal el verano, soy #teamfrío. Sorry not sorry.
Pero a lo que iba. Empiezo de nuevo porque la vida es cambio. A pesar de estar a gusto en Tyler (con sus luces y sombras, como todo), los cinco años del visado han llegado a su fin y he tenido que decidir entre alargar la estancia e irme del funcionariado en excedencia voluntaria o volver. La mayoría de mi entorno ha ido tomando caminos distintos y dejando Tyler atrás, así que he decidido hacer la maleta (cinco, cinco maletas, diosmíodemividacuántascosastengo) y empezar en otro lugar. Los sitios los hace la gente, y mi gente ahora está esparcida por medio mundo.
He dejado mucho en Tyler, ojo, pero nada que me sirviera de razón para quedarme a la larga. Más allá de la comodidad de lo conocido, que tira mucho y casi me arrastra.
Hay gente que sueña con tener un destino definitivo y quedarse allí hasta que las ranas críen pelo, cuarenta años trabajando en el mismo centro con los mismos compañeros. Yo no. Soy consciente de la suerte que tengo al poder elegir y decidir que, tras probar esa vida, no la quiero para mí. Sé lo duro que es trabajar lejos de casa cuando no quieres hacerlo. También sé que soy un culo inquieto y que de momento no me veo atada a un lugar, aunque siempre me aseguro de dejar las puertas abiertas porque quién sabe dónde te llevará la vida y si habrá que volver algún día.
Y con los nuevos comienzos llegan los nervios, claro. Vuelvo a ser la nueva en un centro, y eso siempre da cosita. Aunque todavía quedan unos días para conocer a mis compis, ya estoy pensando en el nuevo curso y en cómo prepararme para él. A estas alturas ya sabes que tengo tendencia a compartir contigo todas las pedradas que se me ocurren y las cosas que hago en clase, así que aquí te dejo la lista de cosas que pretendo hacer en cuanto llegue el dos de septiembre*.
(*A no ser que un pariente lejano del que nunca he oído hablar me deje un par de millones en herencia esta semana. La lotería no me puede tocar porque no juego, ¿pero el pariente? Nunca hay que perder la esperanza).
NUEVOS COMIENZOS
Echa un ojo al plan educativo del centro
No es la lectura más amena del mundo, pero tampoco te estoy pidiendo que te lo estudies. Léetelo por encima, hazte una idea de la filosofía del centro, cómo trabajan, cómo agrupan a los y las peques. ¿Proyectos? ¿Libros de texto? ¿Desdobles? ¿Actividades complementarias?
Si, por ejemplo, te interesa la animación a la lectura y tienes en mente hacer alguna actividad con la biblioteca del barrio o quieres montar una biblioteca en tu aula (o alguna otra de las que te cuento por aquí), el PEC te va a decir si ya se hace o vas a tener que empezar de cero y plantearlo en un claustro. Igual se participa en las olimpiadas matemáticas de tu provincia y a ti te apetece encargarte de ello, o se intentó pero salió mal por algo. Es un documento que te va a dar información útil para poder plantearte el curso.
La memoria del centro también es un documento útil que ojalá se leyera más, porque ahí se plantean cuestiones de mejora a la que a menudo no hacemos caso. Te viene bien saber qué piensa el claustro de una u otra actividad para estar preparada.
Vacía tu clase…
Todo lo que no vayas a usar desde el principio, fuera. No guardes esas fotocopias que has encontrado en el fondo del armario porque igual las necesitas (si no las necestió la persona que estuvo antes que tú, por algo sería). Tira la silla rota que lleva un mes en una esquina. Cajas llenas de «por si acaso», fuera. Si te da asco tocarlo, se tira.
Los docentes tenemos un pequeño (gran) síndrome de Diógenes y acumulamos no solo nuestra porquería sino la de otros también.
Quizás sea que en los últimos cinco años me he librado del 90% de mis posesiones, pero tengo claro que la gran mayoría de las cosas que nos dejan en un aula no sirven para nada. Si no son manipulativos que los niños y niñas van a toquetear desde el primer día: fuera.
…y hazla tuya
Los nuevos comienzos tienen esa enorme ventaja, que puedes empezar desde cero. Mueve los muebles, pide un corcho nuevo, pon las mesas como tú quieras. Es curioso lo rápido que nos acostumbramos una vez los muebles están fijos y lo difícil que es cambiar. Aprovecha estos días sin alumnos para mover cosas a tu antojo, porque una vez empiece el curso no podrás.
Investiga a tu grupo
Puede que seas de las personas a las que no les gusta que les hablen de su futuro alumnado para no crearte una imagen preconcebida, y te entiendo porque a mí también me pasa. Evita hablar con la tutora del año pasado sobre un alumno o alumna concreto si quieres, pero deja que te cuenten qué tipo de clase es en términos generales. ¿Se llevan bien? ¿Trabajan bien en grupos? ¿Hay buen “feeling”?
Desconfía de quien solo tiene cosas malas que decir, al menos hasta que los tengas delante. No siempre, pero a menudo es más un signo de que no ha habido conexión docente/alumnado y quizás contigo sean diferentes. Digo quizás, porque los grupos difíciles existen y no hay profesor de película americana que pueda con ellos, esto es así.
Muy recomendable: léete los informes de tu alumnado NEE y NEAE y reúnete con sus familias lo antes que puedas. Ambos te van a ofrecer una información muy valiosa que te va a ahorrar más de un intento fallido con según qué peques.
Sal al café todos los días
Ya harás las fotocopias, ya ordenarás la clase, ya colocarás ese póster: vete al café en la pausa de la mañana de estos días. La parte social es la parte más importante de los nuevos comienzos, aunque seas una introvertida de libro (¡holi!). Vas a pasar mucho tiempo con tus compañeras y quieres conocerlas, llevarte bien y trabajar a gusto.
(Una compañera decía que ella no iba a trabajar a hacer amigos, y quizás no le falte razón, pero reconozcámoslo: ¿cómo se hacen amigos en la edad adulta si no?).
Entérate de si hay cervezas los viernes por la tarde o si van a comer fuera algún día de la semana. Al principio da un poco de vergüenza, porque sabes que el grupo está hecho y te da palo, pero te van a acoger bien porque todas hemos sido “la nueva” alguna vez. Eso sí: trata de no cotillear ni meterte desde el principio en dinámicas tóxicas donde se forman grupos e incluso bandos. No merece la pena. Y acabas de llegar, no deberías tener ni opinión sobre esos temas.
Escucha
Los nuevos comienzos en un centro o una ciudad nueva no significan que vayas sin conocimientos. Incluso si te has mudado a otro país, tu formación y tu experiencia como docente van a ir contigo, y, sobre todo al principio, verás cosas que te choquen o con las que no estés de acuerdo.
Antes de decir «pues esto me parece una gilipollez, yo lo hago de esta otra manera», escucha. Pregunta. Igual hay un motivo por el que se hacen así las cosas.
O igual no, igual es simple costumbre, y puedes sugerir algún cambio o comentar lo que has visto en otros centros sin arrogancia. O incluso puedes probar a trabajar tú también de esa manera, que igual te sorprendes y resulta que te gusta más que la antigua.
No trates de imponer tu manera de hacer las cosas desde el principio, por más que luego vayas a tu clase y cierres la puerta. Escucha, pregunta y observa antes de decidir que el funcionamiento de ese colegio no va contigo. Igual aprendes una nueva manera de hacer las cosas.
Me encantan los nuevos comienzos, por más que me aterren también. Pero creo que el cambio es la única forma de aprender y mejorar, y nada como empezar de cero en un nuevo lugar para descubrir todo lo que puedes hacer y hasta dónde puedes llegar.
Ánimo con el nuevo curso. Lo vas a bordar.
Si te ha gustado esta entrada, puede que te guste Profe, una pregunta, libro que publiqué con Plataforma Editorial donde me planteo todas las dudas que me surgen a la hora de dar clase. También tienes un Manual (in)falible de animación a la lectura con técnicas que me han funcionado en el aula en distintos momentos y con distintas edades para trabajar la lectura en la clase y que puede que te vengan bien. Y si lo que te interesa es el Programa de Profesores Visitantes, en esta guía tienes material suficiente para resolver todas tus dudas y animarte a venir.
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