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Evaluación docente en Estados Unidos

3 diciembre, 2023

Una de las cosas que más asusta a las nuevas remesas de profesores visitantes es la evaluación docente a este lado del charco. En la educación pública española, hay muy poca gente acostumbrada a que un superior entre en tu aula, te vea dar clase y te juzgue por ello.

Aquí, sin embargo, llega un momento en que te acostumbras a que la gente entre y salga de tu clase como Pedro por su casa. La directora, la supervisora de la directora, la jefa de estudios, la encargada del curriculum… Todo el mundo entra y sale sin aviso previo, a veces solo un momento para ver que tengas lo que te han pedido que tengas en las paredes, a veces cinco minutos para verte dar clase, o quince, o incluso veinte.

Y a veces no entran, pero se quedan mirando por la ventana que tenemos en la puerta para asegurarse de que estás haciendo lo que debes sin que tú las veas.

Cada estado y cada distrito dentro de esos estados es un mundo en lo que a evaluación docente se refiere, pero todas tienen unos aspectos comunes que no viene mal tener en cuenta para cuando te toque estar por aquí y veas que tu puerta se abre constantemente. Yo te voy a hablar de Texas, que es lo que mejor conozco, pero harías bien en consultar cómo funcionan las cosas en el distrito que te interesa para prepararte la entrevista o estar preparada tú cuando te toque.

Evaluación docente en Estados Unidos

Las observaciones informales

Por norma general, la evaluación docente en Estados Unidos incluye una cantidad de observaciones informales que dependen del distrito y una formal al año o cada dos años. De las formales hablaremos más adelante, y te incluiré una rúbrica para que puedas echarle un vistazo y ver qué van buscando, pero déjame que te explique las observaciones informales primero.

En este país, tu clase está siempre abierta a cualquiera de tus superiores.

(Metafóricamente abierta. En realidad, están cerradas con llave por si algún loco se cuela en el campus y te tienes que atrincherar en clase, pero todo el mundo en el cole tiene llave para entrar).

En cualquier momento del día, cualquier persona de rango superior al tuyo puede entrar en clase para ver qué estás haciendo y cómo tienes la clase. Dependiendo del estado, del distrito y de tu escuela, se fijarán en cosas distintas. Por ejemplo, que tengas los objetivos de la lección a la vista, que haya una pared cubierta con las palabras de vocabulario que estás trabajando, que tengas montada la biblioteca del aula, que los manipulativos de Matemáticas sean accesibles para los y las peques…

Y que tú estés dando clase o ayudando de forma activa, no sentada frente al ordenador.

Nunca, jamás, te deben pillar sentada y haciendo tus cosas.

En mi distrito, donde tenemos una metodología muy específica, buscan que estés haciendo lo que tienes que hacer en ese momento. Si es el principio de la clase, deberías estar con la mini-lesson; si ya llevas quince minutos de lección, deberías estar en grupos pequeños y tener a los y las peques trabajando en rincones. Tu control del aula debe ser exquisito y quieren ver que todo el mundo esté trabajando y no haya nadie garabateando en un papel.

Dependiendo de la escuela y del momento del año, puedes tener gente entrando en tu clase todas las semanas. Si eres nueva en el colegio, más aún.

Si hay algo que no les guste, te lo señalarán y te dirán cómo cambiarlo. Depende del centro en el que estés, puede que te lleven a observar otras clases, que metan a alguien en tu aula para que te enseñe cómo hacerlo o, en el más drástico de los casos, que te cambien de posición.

Es raro que se llegue a eso. Lo normal es que te den recursos para aprender a dar clase como aquí les gusta.

Fíjate que no digo «mejorar». Puedes ser la mejor docente del mundo, pero aquí buscan cosas muy concretas y quieren que lo hagas a su manera.

En la mayoría de los casos, entienden que vienes de fuera y que estás acostumbrada a hacer las cosas de otra manera. Aunque al principio impone ver tanta gente entrando y saliendo de tu clase, en seguida se convierte en rutina y casi ni los ves.

Énfasis en casi. No nos volvamos locas.

La rúbrica

Te dejo aquí el enlace para ver la rúbrica completa de lo que pide el estado de Texas, por si sientes curiosidad. Hay cuatro dimensiones, y cada dimensión tiene varios subapartados. No voy a entrar en ellos en detalle, porque no te interesa conocerlos tan a fondo. Aquí debajo incluyo solo una parte de esa rúbrica y lo que buscan cuando entran en tu clase:

Como ves, hay cinco niveles de adquisición. El más bajo es el «necesita mejorar» de toda la vida y el más alto es el que te condecora como mejor profe ever. En algunos distritos, los y las docentes con una calificación alta y un alto crecimiento de su alumnado reciben un dinero extra, así que la evaluación docente se toma muy en serio.

En mi distrito, por ejemplo, tienen que entrar un mínimo de cuatro veces al año de manera informal y hacer una observación formal al año. Las informales terminan siendo muchas más, porque entra la directora, la subdirectora y normalmente la encargada del currículum (en mi caso, la de Matemáticas). Cuando trabajaba en California, solo tenías evaluaciones formales cada dos años. Pero todas siguen más o menos el mismo patrón.

La observación formal

No importa cuántos años lleve aquí o que me diga a mí misma que me da igual, que este es mi último año y no me importa lo que digan de mí: la observación formal es la parte más dura de la evaluación docente.

¿Te has presentado alguna vez a oposiciones? ¿Has tenido que exponer delante del tribunal? Pues entonces sabes de lo que te hablo.

La observación formal suele ser con preaviso. Acuerdas una fecha con la directora o la subdirectora, una hora y una asignatura si das varias. Antes de la observación, nuestra directora nos manda un cuestionario donde le explicamos qué va a ver: los objetivos, las necesidades de cada alumno, cómo la vamos a enfocar, etc. El día D, ella viene, se sienta en una esquina y observa mientras toma notas. A veces se levanta y pregunta cosas a los peques, se fija en cómo están haciendo la tarea que has mandado, te pregunta cosas, mira sus cuadernos. Pasada la lección, se va y te manda una fecha y hora para juntarte con ella. Te da el resultado de la observación y te dice si ha visto algo extraordinario o a mejorar (suele haber un poco de cada cosa).

Si todo te parece bien, firmas la observación y hasta el año que viene.

Si algo te chirría, lo comentas con ella y tienes la opción de no firmar la observación y pedir una segunda, normalmente hecha por otra persona.

Si tú sabes que algo salió fatal porque tuviste un mal día o cualquier otro motivo, lo hablas con ella y puedes pedirle que te la repita. A veces hay mucho dinero en juego en esa evaluación docente y la quieres hacer todo lo bien que te sea posible.

Otras veces, con que te pongan un tres de cinco y te dejen tranquila, te conformas.

Que no panda el cúnico

En mi experiencia, y en la de la mayoría de docentes que han venido con el programa, la evaluación docente suele salir entre bien y muy bien. Como ves en la rúbrica, no están pidiendo nada que no sepas hace y no hagas todos los días. Además, como pasa con todo, cuanto más te conocen y más te valoran, más sesgada va a estar esa observación. A veces entran en tu clase porque las observaciones informales son parte de su trabajo, pero no entran a pillar.

Más de una vez han entrado cuando estábamos camino al patio y la nota que me han dejado ha sido algo del pelo:  «La clase se pone en fila de forma ordenada. Las rutinas están establecidas y saben lo que tienen que hacer».

Nos choca porque venimos de un entorno donde no es muy normal que te entren a observar, pero te llegas a acostumbrar de tal manera que casi lo echas de menos cuando vuelves.

Énfasis en casi. No nos volvamos locas.


¡Espera, no te vayas todavía!

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Como siempre, gracias por estar ahí. Gracias por leer.

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