Blog Dar clase sin morir en el intento

Te tiene que importar

18 febrero, 2025

El otro día, en una red social, alguien puso un mensaje que hablaba de la importancia de la mochila que traen los niños y niñas a clase. Porque la mayor parte de los problemas que sufre un niño o una niña viene de fuera, se los traen de casa. No es solo lo que les cueste o no les cueste adquirir conocimientos y competencias, sino todo lo que tenemos en nuestro mundo que nos hace la vida más fácil o, en algunos casos, más difícil.

El niño que no tiene qué comer en casa. La niña que acaba de perder a su madre por violencia machista. El peque que vive en una habitación con toda su familia porque nadie les alquila un piso.

Si llevas unos años dando clase, sabes de lo que hablo.

Enseguida empezaron a llegar las respuestas del tipo «ya, pero qué voy a hacer yo, si tengo los recursos que tengo», «ya, pero yo soy filóloga, no psicóloga, qué pretendes que haga», «ya, pero milagros en Lourdes». Y no les falta razón, porque es verdad que nuestros recursos son muy limitados. Pero con cada «ya, pero» yo sentía que se me inflaba algo en el estómago.

Me da igual los recursos que haya. No hay peros que valgan. Te tiene que importar.

Si no te importa que tus peques pasen hambre, vean y sufran violencia o tengan, en general, una vida que les impide ser niños y niñas, no deberías estar en esta profesión. Y cuidado, que no estoy diciendo que tu obligación sea arreglarlo, ni siquiera buscar a quien pueda hacerlo. Hay problemas que nos superan, que los superan a ellos y ellas y que no van a tener remedio por más que llamemos a servicios sociales, al ayuntamiento o al primo de Zumosol.

Pero de ahí a decir «no es cosa mía, no puedo hacer nada, me lavo las manos» va un mundo.

Te tiene que importar.

Porque trabajamos con material sensible, y hayas llegado como hayas llegado a esta profesión (de carambola, porque no había otra cosa o porque tus amigas se apuntaron a magisterio, como me confesó una compañera), lo que tienes delante son personas, no tornillos.

No te hablo de vocación. Si mañana me tocara la lotería, no volverías a verme en un colegio más que para votar.

No te hablo de que te tengan que gustar los niños y niñas, ni siquiera, si me apuras, que te tengan que caer bien.

Pero si delante de ti hay un menor de edad que sabes que lo está pasando mal en su vida fuera del centro y no te quita el sueño, deberías dedicarte a otra cosa.

Aunque no puedas hacer nada. Aunque lo único que puedas ofrecerle sea una sonrisa, o una pegatina a escondidas, o hacerle reír y olvidarse un momento de la mierda de vida que le ha tocado.

Si tu respuesta a «tenemos una niña en el cole que se ha tenido que ir a vivir con su abuela por problemas graves en casa, lo está pasando muy mal, vamos a ver cómo podemos ayudar» va a empezar con «ya, pero», no la quiero oír.

Y la niña tampoco.

Y si tu excusa es que tú eres filóloga, o historiadora o ingeniera y te metiste en esto de carambola, por el sueldo o por las vacaciones, te recuerdo que hay muchas profesiones ahí fuera que no necesitan humanidad. Esta no es una de ellas.

Te tiene que importar. Y si no te importa, haberte metido auxiliar de administrativo.


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Gracias por estar ahí. Gracias por leer. 

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