Blog Dar clase sin morir en el intento

Exámenes finales a uno y otro lado del charco

11 mayo, 2021

Mayo, por qué eres tú tan mayo. Cómo puede un mes ser tan interminable como tú, qué he hecho yo para que el día 26, fin de las clases, esté tan lejos. Cómo es posible que agosto y la vuelta al cole (en Texas) parezcan estar casi ahí y mayo no termine nunca.

Creo que el principal motivo es que aún nos quedan los exámenes finales, estatales en nuestro caso. Por el dichoso Covid, el año pasado me libré de ellos y este es el primer año en el que me enfrento, como maestra, a las pruebas estandarizadas que van a comparar a todo el alumnado texano basándose en su habilidad de tomar un examen de respuesta múltiple.

Tres exámenes de cuatro horas que miden sus capacidades en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Sí, has leído bien: cuatro horas. Tres exámenes. Doce horas en tres días.

La Evau es una mamarrachada, vaya.

Estos exámenes los mira el distrito y el estado de Texas, que es quien los crea. Como aquí somos muy idiosincrásicos (hay un grupo independentista que está peleando el Texit, no te digo más), tanto el currículum como lo exámenes son distintos al resto del país, pero todo Estados Unidos pasa por pruebas similares. Se busca crecimiento a costa de cualquier cosa. Y ya sabes cómo va esto: quien ya está arriba, tiene muy difícil crecer. Y quien está abajo no crece por algo.

Basándose en esos exámenes, los centros reciben una calificación, y esa calificación condiciona la percepción que esa escuela tiene y los fondos estatales que recibe. Eso, claro está, atrae a un tipo u otro de alumnado, aunque el rendimiento de cada escuela suele coincidir bastante bien con el tipo de vecindario que rodea al centro.

Qué cosas. Nadie podía saberlo.

Cada vez que oigo a la gente hablar de los exámenes que se están imponiendo en España, me echo a temblar. Recuerdo el miedo que nos daban cuando era directora (madre mía, parece que fue en otra vida) y hablaban de las comparaciones que se iban a crear entre escuelas.

Eso es, exactamente, para lo que sirven: para decir «yo soy mejor que tú y mi escuela es mejor que la tuya», incluso en la pública. En España, donde las diferencias entre colegios empiezan a ser más que notables, vamos por el mismo camino.

Y eso me aterra. Porque aquí, el puesto de trabajo de los docentes y la calidad de la educación que los y las peques reciben están supeditados al dinero que consigue cada centro, que es público pero contrata de la misma manera que un privado. No alcanzar una tasa de crecimiento X puede suponer una pérdida de ingresos, reducir la plantilla y quitar clases, o que te entre uno de esos expertos que basa la educación en variables del tipo «los colegios con paredes amarillas sacan mejores notas que los que tienen paredes blancas» (te ríes, pero aquí abundan y dan consejos más ridículos que esos).

Viendo el sesgo liberal y privatizador que está tomando el mundo, no me extrañaría nada que empezaran a copiarse este tipo de modelos. Y no te haces una idea del miedo que me da eso.

Una empresa privada tiene que estar pendiente de sus beneficios, sus gastos y sus ingresos. Una escuela de Primaria no debería estar midiendo cada momento del día para cuantificar la educación que recibe el alumnado. Sobre todo cuando esa forma de cuantificar no está adaptada a las habilidades ni las fortalezas de cada uno. Tengo peques que saben muy bien cómo tomar exámenes de elección múltiple, porque se les da genial eliminar las que no son y acaban acertando. Sin embargo, son incapaces de decirme qué ha querido decir un texto si les pregunto que lo escriban o me lo digan sin ver opciones.

Eso es lo que se mide. Saber acertar con la letra adecuada. Cuantificar el grado de docilidad al sistema que los y las peques han absorbido.

Se suele decir que, cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pongas las tuyas a remojar. Quizás sea el cansancio y que ya no doy más de mí, pero estoy temiendo que este modelo que tanto gusta a los gobernantes y tanto odian los docentes acabe cogiendo fuerza en España. Puede que me equivoque. Lo dudo, porque vamos directos, aunque de verdad que quiero equivocarme.

Lo deseo tanto como deseo que acabe mayo. O tanto como quiero que el vuelo que me lleva a pasar el verano a casa no se cancele.


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Gracias por estar ahí. Gracias por leer.

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