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5 trucos para que los niños y niñas NO lean

21 mayo, 2018

Dicen que en este mundo de Internet, tan lleno de información sobre cualquier cosa, hay que ser original. Encontrar algo de lo que la gente no hable, un nicho, un rincón que llamar tuyo. Explicar cosas que solo unos pocos sean capaces de explicar, para posicionarte muy alto en ese grupo.

Por eso yo vengo a hablar de cómo hacer para que los niños y niñas NO lean.

Todo el mundo en la web tiene trucos para conseguir que lean. Yo misma escribí unos cuantos, para usar en clase y en casa. Es fácil encontrar recetas de animación a la lectura, pero poca gente logra dar con la clave de qué hacer para que los niños y niñas NO lean. Sí, es cierto que muchos lo consiguen, pero lo hacen de refilón, sin darse cuenta. Casi por accidente.

Y no, no tiene tanto que ver con las lecturas obligatorias como se podría pensar. Además, estoy hablando de niños y niñas de primaria. Traigo fórmulas infalibles que conseguirán que tus alumnas y alumnos huyan de los libros más rápido que un gato de un secador encendido.

De verdad, te lo aseguro. Son fórmulas contrastadas, que he visto una y otra vez a lo largo de mi carrera, infalibles, a prueba de tontos. Ni siquiera te va a hacer falta usarlas todas, con un par de ellas será suficiente.

Imagina lo que vas a ahorrar en libros para la biblioteca del cole (y el espacio que vas a ganar, porque si no la usa nadie, mejor quitarla y convertirla en sala de guardia y castigos, que total, es para lo que se usa ya en muchos centros).

Imagina lo agradecida que va a estar esa familia tan ocupada cuando su querubín deje de insistir en ir a la biblioteca a coger libros que llevar a casa y en lugar de eso pida un móvil, mucho más práctico, por otra parte.

Imagina el peso que te vas a quitar de encima cuando no tengas que custodiar esos libros que se compraron en el ’36 y están tan apolillados que, a nada que se rocen, pueden romperse.

Sí, ya sé que Gianni Rodari tiene una lista parecida que Abel Amutxategi publicó en su blog, pero qué sabrá él, que no es maestro y encima es de Bilbao (hablo de Amutxategi, no de Rodari). Hacedle caso a la profe de la capital, que estos bilbaínos, si no es sobre el Atleti, no saben de lo que hablan.

5 maneras aseguradas para que tus alumnos y alumnas NO lean

1. Ríete de sus lecturas

Que quede claro que no te estoy pidiendo que te rías de ellos y ellas, sino de sus lecturas, que no es lo mismo. (Explícaselo así a la inspectora si algún padre o madre te pide cuentas). Piensa que lo haces por su bien, porque si no lo haces tú, lo harán sus “compis” de clase. Si tienen doce años y están leyendo un libro adecuado para chicos y chicas de siete u ocho, es normal que te rías. ¿Cómo no te vas a reír?

¿Que lo hacen porque su nivel de comprensión lectora no les permite disfrutar de lecturas complejas? Pues les mandas deberes. Muchas fichas de esas con textos de tres o cuatro páginas que ni siquiera tú terminas de entender del todo, con una docena de preguntas al final que corriges con el solucionario del material del profesor.

¿Que solo leen cómics porque es lo que les gusta? Ríete a carcajadas. Dales con el cómic en la cabeza (y luego di que era un accidente, claro, tú no querías). ¡Eso no es literatura! ¡Tienen que leer libros de verdad! Dales un tocho de cuatrocientas páginas y exígeles un comentario de texto, a ordenador, letra Arial 12, cuenta para nota.

Tendrán valor, hombre por favor, ya en sexto y pretendiendo colar que están leyendo, un miserable cómic con más dibujos que letras que encima se ve que están disfrutando. Si les gusta, no están leyendo bien. Eso lo sabe todo el mundo. Y tienes que dejárselo bien claro.

2. Hazles leer mucho y rápido

Como todo el mundo sabe, si tenemos que elegir entre cantidad y calidad, debemos escoger siempre cantidad. ¿Prefieres un trabajo que te guste y que pague poco, o uno que pague muy bien para poder irte muy lejos de vacaciones y tener una casa maravillosa que te ayude a olvidar lo mal que lo pasas en el trabajo?

(En tu caso, siendo docente, creo que has tirado por el camino del medio, pero está clarísimo que la opción adecuada es la segunda. Siempre).

Con la lectura pasa lo mismo. ¿Qué es eso de pasarse dos semanas con el mismo libro? ¿No tenemos una hora de biblioteca todas las semanas? ¿Para qué creen que vamos, para mirar la contraportada y decir “cuando termine el que estoy leyendo, me cojo este otro”? ¡No! ¡Para cambiar el libro que cogieron la semana pasada! ¡Caiga quien caiga!

Y es que son unos haraganes. Que tampoco es que los libros infantiles sean tan largos, demonios, si tú y yo nos los leeríamos en una sentada. Media hora de lectura todas las tardes, llueva, nieve o salga el sol, y una entera los sábados y los domingos no es tanto pedir.

¡Qué cumpleaños ni que ocho cuartos! ¡Cómo que “me he ido de vacaciones ”!, ¿acaso no puedes leer en el coche? (Marearse es de cobardes, ¿me oyes? ¡De cobardes!). ¡Y a mí qué me importa que tuvieras un funeral! Sí, sí, tu abuela, bla, bla, bla. ¿Has acabado el libro? ¿No? ¡Pero si han pasado ocho días!

La culpa es de los padres, que no los obligan a sentarse y leer. Con lo fácil que es mandar a la niña a la habitación y decirle “¡De ahí no sales hasta que no te acabes el libro!”.

Más de una semana para terminar un libro… De locos. Simplemente, de locos.

3. Recuérdales que los libros son objetos preciosos y no se tocan

Los niños y las niñas tienen la manía de destrozar todo lo que tocan. Con los libros esto es ya exagerado, porque los destrozan nada más abrirlos. Además, algunos tienen la manía de leer tirados en la cama, o llevárselos a la playa, o sentarse de mala manera en un escalón en el patio y dejarlo en el suelo mientras abren el envoltorio del bocata y comen sin dejar de leer, llenando las páginas de migas.

Tienes que enseñarles que los libros son objetos preciosos, pero no por las palabras que contienen, sino porque cuestan dinero y se rompen con facilidad. Que solo se puede leer sentada en una silla, el libro apoyado sobre una superficie plana, las manos limpias y secas, y, dependiendo de lo caro que sea el libro, no sería mala idea usar guantes. Nada de dedos pringosos, nada de comer mientras leen, adiós bebidas.

Y por favor, diles que no se escribe en el libro, ni aunque sea suyo. Que no se doblan las páginas, ni se marca de ninguna manera. Que el libro tiene que quedar como nuevo cuando terminen con él, y si no lo van a cuidar, mejor que no lo lean.

Mira, si no, qué desastre de bibliotecas tenemos, todas llenas de libros usados, desgastados y manoseados. Con lo que luce una llena de libros nuevos ordenados por colores.

4. Haz comparaciones entre ellos y ellas

Esto va muy unido al primer punto, pero es que es muy importante que tú, la persona adulta encargada de su formación, les deje bien claro qué tipo de lectores y lectoras consideras “adecuado” y cuál es un subgrupo que podría llamarse “infralectores”.

En otras palabras: no puedes permitir que haya gente que esté leyendo El señor de los anillos mientras otros leen El diario de Greg. ¿Qué va a pensar la inspectora cuando entre en tu clase y vea algo así? 

Y bien sabemos los docentes que nada mejor que las comparaciones para humillarlos y conseguir que hagan lo que tú quieras. En este caso, que dejen de leer.

“A ver, Manolito, ¿qué libro has cogido? ¿Cómo que uno de Elige tu propia aventura? ¿Serás holgazán? Mira Elenita, con El Quijote original, nada de versiones para niños. ¿No te da vergüenza? Estoy por mandarte a tercero, que leen libros más gordos que esa porquería que has cogido tú. ¡Si encima es casi un juego! Voy a llamar a tu madre hoy mismo”.

O ese “uy, qué raro, tú leyendo. ¿Te has apostado algo con alguien? ¿O es que el libro tiene dibujos de gente tirándose pedos?”.

Es uno de los métodos más infalibles y más universalmente comprobados para abandonar la lectura.

5. Si todo falla, prohibe leer

Sí, es radical, pero a veces hace falta tomar este tipo de medidas.

Si ves que en tu clase hay afición lectora y que ninguno de los puntos anteriores funciona para que dejen de leer, siempre puedes prohibir la lectura de maneras más o menos sutiles, o sin tapujos, que al final eres tú quien manda. Se trata de eliminar cualquier situación en la que los niños y niñas obtengan placer de un libro y relegar la lectura solo al ámbito académico.

No dejes que saquen libros al patio, diles que tienen que correr y jugar al fútbol (o saltar a la comba, porque seguro que tú no ves con buenos ojos que las chicas jueguen a fútbol. Nos acabamos de conocer e igual estoy siendo presuntuosa al creer que sé de qué pie cojeas, pero me da a mí que sí).

Échales la bronca cuando sacan un libro al terminar un ejercicio, o después de un examen. Pueden hacer un dibujo, o pintar en la mesa, o entretenerse sacándose mocos. Nunca, nunca, leyendo.

Si vais de excursión, o a un campamento, prohibe los libros en la nota que mandas a casa los días antes. Diles que prefieres que se lleven el MP3 o el móvil antes que un libro. Puedes darles como excusa que leer en el autobús marea. Cuando la lectura la pones tú como deberes no, pero si es por placer, sí. Siempre.

Y si algún listo o lista pretende leer a escondidas en clase o en el patio después de que hayas impuesto todas estas normas, mándalo a dirección. Es una falta de respeto a la autoridad y supone, mínimo, tres o cuatro patios castigado o castigada en la biblioteca. Además, así puedes aprovechar para añadir uno de esos libros insufribles que ni tú ni yo querríamos leer al castigo y obligarle a terminarlo en una semana. El equivalente a tu madre obligándote a comerte todo el pastel por haberte comido el trozo de tu hermana para que, gracias al empacho, no quieras volver a comer pastel en tu vida.

Infalible. Te lo aseguro.

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