Blog Cómo fomentar la lectura en el aula

Las ventajas de usar cómics en el aula

3 abril, 2017

Creo que no hay ni un solo niño o niña en el mundo al que no le gusten los cómics, aunque, por supuesto, hay grados. Les pueden gustar más o menos, de una temática u otra, de superhéroes o de Las Supernenas, pero cuando les das a elegir una lectura en esos tiempos muertos entre el “ya he terminado” y el “vamos a corregir”, el noventa por ciento de la clase elegirá un cómic. No es solo que sean fáciles, es que son un verdadero placer. Las lecturas de mi infancia que con más cariño recuerdo incluyen a Mortadelo y Filemón, a Zipi y Zape y la famosa vecindad de Rue del Percebe, y mi colección del Capitán Trueno podía competir con cualquiera (por más que el único en casa que los leyera fuera mi padre).

Pero parece que todavía nos dé reparo usar cómics en el aula como un recurso válido. Es como si pensáramos que no son lecturas de verdad, que son solo pasatiempos, que no tienen valor literario. A pesar de que en los libros de texto cada vez se utilizan más para introducir los nuevos temas (sobre todo en segundas y terceras lenguas, y tiene su lógica, como ya veremos), cuando les decimos “leed algo en vacaciones” y nos preguntan si pueden ser cómics, aún hay gente que duda. “Mejor lee un libro”, he oído decir más de una vez a ese tipo de profesoras que tú y yo conocemos. Y ahí me ves a mí, mordiéndome la lengua hasta hacerme sangrar.

Yo defiendo no solo que lean lo que les dé la real gana en su tiempo libre (a pesar de que estar muy a favor de las lecturas obligatorias en el aula), sino que leer cómics en el aula aporta beneficios que no podemos encontrar en otros textos. Para empezar, proporciona un contexto visual que ayuda con el nuevo vocabulario, algo fundamental con muchos de nuestros alumnos y alumnas, para quienes el castellano y las lenguas cooficiales no son sus lenguas maternas. Por eso es tan común encontrar viñetas en los libros de inglés, incluso en cursos altos; cada vez que pienso en Mortadelo y Filemón, por ejemplo, me viene a la cabeza la palabra beodo, que aprendí con ellos, y el dibujo de algún personaje dando bandazos con un ciego del quince.

(Qué bonita esa palabra, por cierto, y qué poco se usa. Beodo. Hay que estar un poco borracha para decirla bien y todo.)

Muy unido a esto está el desarrollo de la competencia comunicativa. Los cómics son una excelente manera de probarles a los chicos y chicas que las mismas palabras pueden significar cosas muy distintas dependiendo del tono en el que se digan. Hay niños y niñas a los que se les escapan las sutilezas en un texto escrito y necesitan una ayuda extra, un gesto, un dibujo. Leen “sí, claro” y no saben si el personaje en cuestión está realmente diciendo que sí o está siendo irónico; en un cómic no hay duda, porque nos lo dice el lenguaje corporal del personaje. Los “actos de habla” tienen poco que ver con la gramática y mucho con la intención, y cuando tenemos alumnos que, ya sea por problemas de competencia lingüística o porque no están lo suficientemente maduros, no son capaces de detectar el tono del mensaje, es muy difícil hacérselo entender en otros géneros.

Los cómics o las viñetas suelen tener una extensión menor que un libro o ciertos cuentos y relatos, por tanto requieren menor tiempo de lectura y van genial para trabajar en el aula. Una página entera se lee en un momento y nos permite trabajarlo con más tranquilidad que un texto más extenso, pero si lo hemos elegido bien podemos sacarle mucha miga. Además, por esa percepción de sencillez que aún tenemos, los niños y niñas lo ven como un juego, un descanso entre lecturas «más serias», por más que nos puede permitir trabajar un montón de competencias e incluso unir la clase de lengua con plástica.

Al hilo de esta última característica, los cómics son un gran género para trabajar la escritura que muchas veces ignoramos. Conseguir decir algo mediante imágenes, onomatopeyas y diálogos cortos parece fácil, pero basta que nos pongamos a ello para que nos demos cuenta de que la brevedad y la capacidad de síntesis es algo que no todo el mundo tiene, aparte de lo difícil que pueda ser dibujar un cómic como es debido. Yo lo comparo siempre con la gente que consigue arrancarme una carcajada en Twitter: ser gracioso en 140 caracteres es muy difícil, y resumir un sentimiento en una onomatopeya también.

Los cómics son un género que parece que va entrando en el aula, aunque sea poco a poco. Uno de mis objetivos de este año es completar la pequeña biblioteca de mi clase con una colección de cómics en inglés, porque es un género que a mi alumnado le va genial. Lo que me temo es que voy a tener que conseguir un ejemplar para cada niño y niña, porque si no va a haber más que palabras (incluidas “¡zasca!”, “¡bum!” y “¡toma!) por hacerse con ellos.

(Por cierto: la foto que acompaña este post es de la portada de Azken garaipena, de Iban Zaldua y Julen Ribas, premio Euskadi de Literatura 2012, una distopía histórica muy, muy recomendable si sabes euskera o lo estás aprendiendo. También está traducido al gallego con el título de A vitoria final.)

¿Qué cómics recuerdas tú de tu infancia?

¿Sigues leyéndolos?

¿Cuál recomendarías a un niño o niña en edad de primaria?

 

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