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Lista de deseos para 2020

18 diciembre, 2019

Me las doy de original, pero no lo soy, en absoluto. Llegan ciertas fechas y me pongo a hacer lo mismo que hace todo el mundo, como la lista de deseos para el año que viene, o los buenos propósitos, o apuntarme al gimnasio.

Mira, este año no me voy a apuntar al gimnasio. Lo tengo incluido en el complejo de apartamentos en el que vivo y no tengo que pagar extra para no ir.

Pero lista de deseos para el año 2020 sí que tengo, una lista centrada en educación y todos sus problemas. Es tan poco realista como lo de perder peso (¿vale con perder la maleta en un viaje?; son 23 kilos, tiene que contar), dejar de fumar (tendría que empezar y me da pereza), comer sano (la pizza de ayer tenía calabacín, ¡ya he empezado!) o dejar el café (JAJAJAJAJA).

Es mi lista. Y a mí me gusta.

Lista de deseos para el año 2020

Una ley educativa consensuada

Te lo he advertido: soñar es gratis y estas son las fechas, es lo que toca.

¿Te imaginas despertarte un día y enterarte de que los partidos políticos se han puesto de acuerdo y han firmado una ley educativa a medio plazo? Una que no dependa del gobierno de turno, que no tenga intereses partidistas, que escuche (¿me atreveré a soñar?) a los docentes que están dentro del aula.

¿Te imaginas? ¿No? Yo tampoco.

Y mira que me gustan las películas de ciencia ficción y fantasía, pero hay cosas que ni mi imaginación concibe.

Bajada de la ratio

Salió en campaña y nos ilusionamos mucho, quizás demasiado. Los números no encajan, o eso dicen los mandamases, que insisten en que el número de alumnos y alumnas en el aula no influye en los resultados académicos.

No sé dónde hacen los cálculos o quién les enseñó a dividir, pero es lo que dicen.

Quienes estamos en el aula tenemos bien claro que la ratio es uno de los factores que más condicionan nuestro trabajo. No es lo mismo pasearte por una clase de veinte que de veinticinco, no digamos ya treinta o treinta y cinco. No son lo mismo 23 peques de cuatro años que 18.

En mi lista de deseos para el año 2020 también incluyo una calculadora para los mandamases, a ver si así salen las cuentas.

Que las empresas saquen las manos de la educación

Esto y que los cerdos vuelen son deseos igual de sencillos de conseguir.

Ahora mismo, la educación es la gallina de los huevos de oro. Por un lado están los gurús educativos que se dedican a dar charlas por las escuelas cobrando una pasta gansa. Personas que salieron del aula y van pregonando que su manera de hacer las cosas es la única y verdadera, que los niños (el masculino siempre es genérico para ellos) son seres de luz que hay que tratar con el cuidado con el que se trataría a una mariposa.

Que hablan de metodologías que no han sido probadas, o lo han sido en una sección muy pequeña de la población.

Que graban vídeos de YouTube y van diciendo por ahí que son profesores.

Que escriben libros sobre educación (ejem).

Por otro lado, están las grandes empresas, tanto tecnológicas como editoriales. Google y Microsoft deben de tener a todos su cuñados trabajando en las delegaciones territoriales de España, porque dudo que a estas alturas haya una sola escuela que no tenga las herramientas de una o ambas empresas.

Lo de las editoriales ya venía de lejos, bien lo saben las familias que tenían que cambiar los libros de texto de un año para otro. Ahora, con las licencias digitales, es aún más fácil, porque a la empresa el producto le sale mucho más barato y al colegio le parece mucho más atractivo.

Mola mucho eso de decir que trabajas con iPads en clase.

¿Y quién vende esos iPads? Pues eso.

Sueño con el día en el que la educación esté libre de intereses económicos. Sueño con un sistema en el que lo más importante sea, de verdad de la buena, la niña, el niño, la adolescente para quien hemos creado el sistema.

Creo que voy a tener que dormir hasta el año 3000 para que se cumpla el dichoso sueño.

Educación pública y laica

El dinero público tiene que ir a lo público. Punto.

Los centros concertados, por mucho que los disfracen, no son públicos. No funcionan bajo las mismas normas que funcionan los centros públicos; no acatan las mismas leyes; no eligen a sus empleados de la misma manera; no tratan a sus empleados de la misma manera.

Son empresas privadas a las que estamos dando un dineral.

Y la gran mayoría son religiosas.

Mi deseo para 2020 es que la educación pública sea pública de verdad. De una puñetera vez.

Recuperar todo lo perdido con la dichosa crisis

Dicen que viene otra crisis en 2020. Yo, que no tengo ni puñetera idea de economía, empiezo a pensar que las estamos provocando de tanto anunciarlas, una especie de efecto Pigmalion.

Soy maestra, qué quieres. Entiendo las cosas bajo los esquemas que ya tengo formados.

Manda narices que nos hablen de la siguiente cuando todavía no hemos salido de la anterior. Cuando todavía hay centros en los que se ha eliminado personal de educación especial, se reducen horas en ciertas especialidades o se juntan grupos para ahorrar unas perrillas. 

Cuando los profesores hemos perdido poder adquisitivo en los últimos diez años. Pero eh, qué bien viven los funcionarios.

No quiero ni imaginar qué más cosas van a recortar si de verdad viene otra crisis gorda. Ya nos amenazan con quitarnos la jubilación (de hecho, en Euskadi hace años que nos obligaron a hacernos un plan de pensiones privado, for if the flies), y bien sabemos que, cuando vienen mal dadas, el primer sueldo que se congela es el de los trabajadores del gobierno. 

Me pregunto hasta dónde nos van a forzar. Hasta qué punto van a calentar el agua y cuánto va a tardar la rana en cocerse del todo. Si no lo está ya.

Que toque el gordo de la Lotería de Navidad en el colegio

No hay lista de deseos que se precie que no termine con el deseo de hacerse millonaria.

El problema es que en Texas no jugamos.

Así, en general, no juego nunca.

Aunque siempre puedes comprar uno de mis libros y acercarme un poco más a la jubilación. Esa que amenazan con quitarnos.

Felices fiestas. Nos vemos en enero.

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