Blog Pataletas

La motivación que me abandonó

23 enero, 2024

Este está siendo el curso en el que menos escribo en el blog. La falta de tiempo es una de las razones, pero mentiría si dijera que es la más importante. Sigo haciendo ganchillo como si se me fuera la vida en ello y mis horas de Netflix no han bajado, pero para escribir hace falta algo más que tiempo. Y a mí me falta motivación.

Ay, si solo faltara motivación para escribir…

Empecé este blog con la intención de ayudar a quien cayera por aquí y para tener un rincón en la web donde hablar de mis libros. Luego me vine a Texas y parece que todos mis artículos hablan de cómo es vivir aquí, hasta el punto de que he podido hacer una recopilación y juntarlos todos en un libro. Antes te hablaba de herramientas TIC, o actividades que me habían funcionado bien en el aula, o me desahogaba contigo por las cosas que no me gustaban.

Hace tiempo que no te cuento nada de eso.

El mayor motivo es que ya no hago nada de eso. En EE.UU. en general, y en este distrito mío en particular, la metodología viene servida desde arriba y todas esas cosas de las que te hablaba en años anteriores sobre cómo dar una clase de inglés con canciones o la formación que recibimos en el cole sobre el duelo ya no existen. Meto una media de 9 horas en la escuela, y muchas de ellas me las paso mirando la data, la puntuación de los distintos exámenes (perdón, evaluaciones) de cada niño y cada niña para ver cómo conseguir un punto más en el próximo examen (ups, otra vez, qué cabeza la mía).

Ahora, a mitad curso y con el examen estatal a 10 semanas (este sí es examen, no es evaluación y de formativo tiene poco), me dicen que tengo que dar una asignatura más y me cambian los grupos, porque hay que prepararlos bien (o sea, enseñar los trucos para elegir la respuesta correcta) y yo tengo más experiencia que mi compañera. De ese examen saldrá la valoración de la escuela, y de esa valoración llegará el dinero estatal, y si no llega el dinero rodarán cabezas, desde las de dirección hasta las de compañeras.

Y yo tengo que hacer todo esto porque «tenemos que conseguir cuatro puntos más en tercero, es crucial para mantener nuestra nota», aunque en cuatro meses me esté cogiendo un avión de vuelta a casa, aunque a mí lo que me importe sea que ese niño que aún no sabe leer tenga un mínimo nivel cuando acabe el curso, independientemente del dichoso examen.

Mi motivación para hacer cosas debería ser mi alumnado. Me metí en este trabajo por ellos. Igual que empecé el blog porque me gustaba hablar de mi trabajo y de las dudas que me surgen al dar clase, y porque quería ayudar a otros docentes.

Ahora no me queda energía ni motivación para el blog, porque no me siento docente. La creatividad que se requiere para dar clase brilla por su ausencia en este país, o por lo menos en mi distrito.

Y tener una pequeña (gran) adicción a Twitter (no pienso cambiarle el nombre) no ayuda. Leyendo a los docentes al otro lado del charco (tu lado, quiero decir) me deprimo más todavía. Los bandos, los enfados, las formas de hablar de unos y otros, peleándose por las migajas, que decía una amiga. No sé en qué momento decidimos que esto era una batalla entre los míos y los otros, y que tenías que posicionarte de un lado u otro para no recibir de los dos.

Planeo leerme la LOMLOE antes de llegar a mi nuevo destino en junio, pero me estáis dando miedo. Leyéndoos, cualquiera diría que es una sentencia de muerte en vez de una ley de educación.

Llevo 27 cursos en el aula y he pasado por todos los puestos. He dado clase a niños y niñas entre 4 y 16 años (ay, esas sustituciones en la ESO los primeros años, qué pesadilla). He sido coordinara de ciclo, encargada TIC y directora. He ido a formaciones, me he presentado voluntaria a consejos escolares, he pasado por una veintena de centros.

Y estoy cansada. Agotada. Y dolida, porque no me imagina ganándome la vida de otra manera, pero no sé si puedo seguir así.

Me falta motivación. Me falta energía. Me faltan ganas.

Fíjate que no hablo de vocación, porque sigo diciendo que yo nací para esto (pero si me toca la lotería, no me busques en un colegio).

Pero no puedo más. A este ritmo, no. Con estos objetivos ajenos a todo en lo que yo creo, no.

Así que, de momento y hasta que llegue el verano, voy a concentrarme en lo que importa: mi alumnado. No los exámenes, no mi evaluación personal (sí, a mí también me ponen nota por estos lares), no quedar bien en el centro. Voy a hacer lo que haga falta para sacar adelante a mi alumnado,  y olvidarme del resto. Y voy a empezar a leerme las leyes que me esperan a la vuelta, porque cariños míos, si me tengo que guiar por lo que decís en Twitter, no vuelvo.

Quiero recuperar mi motivación. Quiero volver a emocionarme con dar clase. Me quedan 18 años más de esto (si no cambia la ley otra vez) y no los puedo pasar así.

Quiero volver a ser la maestra que fui. Ay, cómo echo de menos ser la maestra que fui.


Si te ha gustado esta entrada, puede que te guste Profe, una pregunta, libro que publiqué con Plataforma Editorial donde me planteo todas las dudas que me surgen a la hora de dar clase. También tienes un Manual (in)falible de animación a la lectura con técnicas que me han funcionado en el aula en distintos momentos y con distintas edades para trabajar la lectura en la clase y que puede que te vengan bien.  

Si lo que buscas lectura de entretenimiento, ¡estás de suerte! Graciana es la última novela que he publicado, un libro con humor, toques de thriller y realismo mágico que tienes disponible en Amazon. También puedes reírte con Armarios y fulares, o averiguar qué es lo que pasa en un fin de semana entre amigos en Antes de que todo se rompiera.

Como siempre, gracias por estar ahí. Gracias por leer.

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