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Trabajar el feminismo todo el año: Cómo llevarlo al aula

12 marzo, 2019

Si estás suscrita o suscrito a la lista de correo, este fin de semana habrás recibido el email que mando una vez al mes. En este me he mojado un poco y hablo de trabajar el feminismo todo el año. Porque salir una vez al año a protestar por las situaciones injustas que sufrimos solo por ser mujeres está muy bien, pero si no hacemos nada más, se queda corto.

Cualquier persona de a pie puede hacer su parte para luchar por la igualdad. Tú y yo, como docentes que somos, podemos hacer aún más.

Debemos hacerlo.

Porque, como docentes, tenemos una posición privilegiada en la que un grupo (o varios) de niños y niñas, de adolescentes en pleno proceso de maduración, nos tienen como modelos de conducta. Ya sé que a veces puede parecer que no, que somos el último eslabón en la cadena del respeto, pero te aseguro que tenemos mucha más influencia de la que creemos.

Todo lo que sale por nuestra boca puede afecta a algún alumno o alumna, tanto para bien como para mal.

Una sola mirada, un comentario que no has pensado, un gesto de desprecio o cariño, todo puede hundir o aupar a los pequeños humanos que tenemos delante.

Por eso, trabajar el feminismo todo el año es crucial. En todas las áreas, pero sobre todo en la nuestra.

¿Cómo? No es tan difícil. Solo necesitas tener los ojos abiertos y convertir el tema en transversal.

Dicho así suena imposible, pero de verdad, no es para tanto. Aquí te dejo unas ideas que te pueden ayudar.

Trabajar el feminismo todo el año

Elige los modelos que llevas a clase

Esta es una de las primeras cosas que hacemos siempre, y una de las más poderosas. Es tan fácil como recordar que, a lo largo de la historia, las mujeres lo han tenido muy difícil para hacerse un hueco en su especialidad, ya sea arte, ciencia, literatura o física cuántica.

Vete a cualquier museo de arte clásico y busca mujeres en sus paredes. Como modelos hay cientos, pero con su firma en el lienzo, más bien pocas.

Por eso es importante hacer un esfuerzo y llevar los nombres de estas mujeres silenciadas al aula. En algunos campos vas a tener que buscar mucho, porque han (hemos) sido más ignoradas que en otros, pero vale la pena el esfuerzo. Aunque su contribución no fuera rompedora, aunque solo fuera una gota en el océano del conocimiento, menciónalas. Siempre ha habido mujeres en todos los campos, aunque el trabajo de algunas haya pasado a la posteridad como parte del trabajo de los hombres que trabajaban con ellas.

La limpieza y los cuidados como trabajo de
prestigio

El otro día leí un libro de coaching (sí, también leo estas cosas) que hablaba de lo desesperantes que son las tareas de limpieza. Son necesarias, claro, pero repetitivas e infinitas, y te dan la sensación de haber logrado algo, de haber hecho algo con tu día, cuando en realidad no han contribuido en nada a tu desarrollo humano, a tu realización como persona.

Y mañana va a estar todo igual de sucio, sobre todo si tienes familia o animales en casa.

O pelo largo. O tienes la mala costumbre de cocinar y comer sano todos los días. O de lavarte a menudo. O de… Ya me entiendes.

La autora del libro proponía delegar estas tareas en cuanto te fuera posible, a no ser que seas una de esas personas a las que limpiar les relaja. (Nota: si lo necesitas, en mi casa tienes para relajarte un rato). Ella se refería a contratar a alguien que te limpie la casa, pero a mí me dio por pensar en todos esos Grandes Hombres de la historia que ni siquiera pensaron nunca en coger una escoba pero tenían la casa inmaculada. Esos hombres que no supieron ni que tenían hijos hasta que llegó el momento de formarlos para heredar su empresa.

Esos hombres, al fin y al cabo, que pudieron centrarse en su trabajo de cara al exterior, ese que te realiza, que te da un nombre, que te coloca en lo más alto de la historia, porque una o varias mujeres se encargaban de las tareas invisibles sin las cuales la vida no es posible.

Todavía no he tenido la oportunidad de hacerlo, porque hace muchos años que no soy tutora y creo que esto es algo para hacer como unidad didáctica un poco larga, pero me muero de ganas por crear una unidad de Historia en la que se mencione a las mujeres que había detrás de esos grandes inventores. O las labores ajenas a su campo de investigación que tuvieron que hacer las mujeres que incluso así llegaron a donde llegaron.

¿Hasta dónde habría llegado Benjamin Franklin si no le hubieran limpiado la casa, hecho la comida, lavado la ropa? ¿Qué hubiera sido de Freud? ¿Se lavaba Napoleón sus propios calzoncillos? ¿Tendríamos el conocimiento que tenemos hoy en día si esos hombres hubieran tenido que pasar parte de su día limpiando o criando a sus hijos?

Ya me contesto a mí misma: NO.

Llena tu clase de mujeres

Y lo digo en sentido literal.

Invita a mujeres que destacan en sus campos, y si no destacan, también. No hace falta que sean premios Nobel, seguro que a tu alrededor hay mujeres que se han hecho un hueco en su especialidad. Y no tiene por qué ser una especialidad típicamente masculina, puede ser cualquiera.

Una pastelera que ha montado su propia tienda de productos sin gluten ni alérgenos. Una enfermera del banco de sangre. Una cirujana.

Una artista local. Una arquitecta. Una fontanera.

El objetivo no es que hablen de por qué están ahí «a pesar» de ser mujeres, sino simplemente (SIMPLEMENTE) dar a los chicos y chicas ejemplos de todo lo que una mujer puede hacer, que es exactamente lo mismo que un hombre. Hace ya mucho, cuando era tutora en clase de quinto, una niña me preguntó con cara de susto si las chicas podían ser astronautas. Nunca se le había pasado por la cabeza.

Me partió el corazón. Y ahí fue cuando decidí que iba a trabajar el feminismo todo el año.

Las palabras importan

Este es un tema que, curiosamente, ofende a mucha gente, y de verdad te digo que no entiendo por qué. Todo el mundo ha aceptado la aberración que supone la palabra «gamificación», pero di «les niñes» o usa el femenino como genérico y se te echan a la yugular como si les hubieras mentado a su madre.

También les molesta el uso de «vosotros y vosotras», de «niños y niñas». «Porque no hace falta», dicen. «En castellano, el masculino es neutro».

No. Y eso es parte del problema.

Se puede usar un vocabulario inclusivo sin utilizar «elles» (siempre que tengas presente que en tu clase puede haber alguien que no se identifique ni con chico ni con chica) o sin pasarte el día desdoblando femeninos y masculinos, que entiendo que en ocasiones puede ser cansino.

(Soy una cansina, sé que te has dado cuenta. Lo siento, pero no lo siento).

El castellano, como todos los idiomas, es mucho más flexible de lo que creemos. En lugar de escribir en las notas que van a casa el tan machacado «estimados padres», o incluso «estimados padres y madres», ¿por qué no decir «estimadas familias»? Así, además, estás incluyendo a todas esas familias que no están formadas ni por padre ni por madre, o que tienen dos madres, o dos padres, o una combinación potente de padres, madres, abuelos, abuelas y familia cercana.

(Creerás que exagero, pero cada vez hay más familias fuera del binomio padre-madre).

Puedes decir «el alumnado» en lugar de «los alumnos» (y «docentes» en lugar de «profesores»). Puedes decir «venga, pandilla, vamos a trabajar», en lugar de «vamos, chicos, a trabajar».

Puedes hablar de «claustro», de la «gente de la limpieza» en vez de «la señora de la limpieza», e incluso dejar claro que, cuando dices «todos», te refieres a toda la clase, si te da pereza desdoblarlo. Que no lo tomen como norma, porque no lo es. Las mujeres hemos empezado a no incluirnos en ese genérico y a mí, por ejemplo, me chirría cosa mala y a veces no sé si me están hablando a mí o a mis compañeros.

Que a veces es «compañero», porque solo hay uno. Y sigue usándose el «todos», porque él abulta más.

O eso parece.


Hay muchas más formas de llevar el feminismo a clase, claro, pero la entrada me ha quedado ya demasiado larga y prefiero hacer una segunda parte a alargarla demasiado. Lo importante, creo, es tener claro que los tiempos han cambiado, que las mujeres seguimos conquistando espacios pero algunos (y ese masculino no es genérico) no lo ven o no quieren verlo.

El feminismo es una lucha diaria. En el aula también. Y por eso es tan importante trabajar el feminismo todo el año.

¿De qué otras maneras trabajas el feminismo en el aula?

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