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La formación del docente de lenguas

6 febrero, 2017

Ay, la formación, esa gran pesadilla del docente implicado, esa gran china en el zapato de aquellas y aquellos que queremos que nuestra práctica en el aula sea lo mejor posible y siempre creemos que alguien de fuera nos puede enseñar lo que aún nos queda por aprender. Hacemos cursos de verano, cursos universitarios, cursos homologados y sin homologar, cursos que nos dan títulos y cursos por amor al arte. Y luego tenemos que oír aquello de “qué bien vivís las maestras, cuántas vacaciones”, o “jolín los del instituto, todas las tardes libres”. Sí, qué lujazo el nuestro. Aquí estoy, en mi tarde libre, tomando caipiriñas en el bar de abajo mientras la clase de mañana se prepara sola. Qué vidorra.

>Yo me declaro una profesional de la formación, no por darla sino por recibirla. Me he formado en todo lo imaginable, y la mayor parte del tiempo lo he hecho todo a la vez. Es lo que pasa cuando tienes una mente inquieta y eres de las que piensa que, si pretendes que tus alumnos y alumnas hagan un esfuerzo por aprender, igual deberías predicar con el ejemplo. Durante los últimos diez años he conseguido…

  • sacarme el C2 de inglés y la licenciatura del plan antiguo de Filología Inglesa;

  • un A2 en alemán (aunque sin examinarme de manera oficial) y conocimientos muy básicos de francés (pero sin mucho éxito, porque el idioma no me gusta);

  • he hecho alrededor de una docena de cursos de la administración, algunos presenciales y otros online;

  • he pagado de mi bolsillo cursos de verano sobre tecnología, CLIL, coeducación y demás temas que ya no recuerdo;

  • y, como también hay que alimentar el alma, durante dos años fui a clase de dibujo seis horas a la semana, estuve un año en clases de patchwork y sigo con avidez cualquier curso gratuito sobre manualidades (Pinterest es mi Biblia).

 

Todo esto, claro, sin contar el escribir todos los días, preparar las clases y redactar artículos como este una vez a la semana. Vamos, que no me aburro.

Y ojo, que lo hago encantada, incluso cuando me cuesta dinero (hacer una filología por la UNED, aparte de ser difícil de narices, me costó un pastón), pero ya he llegado al punto en el que no puedo permitirme semejante paliza ni por tiempo ni por dinero. La formación supone un esfuerzo, tanto mental como económico, que tenemos que medir si no queremos quemarnos. Aparte de eso, no está de más tener claros nuestros objetivos a medio y largo plazo:

  •  ¿Qué quieres conseguir con esa formación?

  • ¿Quieres mejorar en el área que estás dando?

  • ¿Tienes intención de cambiar de especialidad y necesitas formarte?

  • ¿Sientes curiosidad por un tema pero no te atreves a lanzarte del todo?

  • ¿O simplemente necesitas puntos para oposiciones o el concurso de traslados?

Todas estas necesidades se cubren con cursos distintos, y a veces puede que tengas hasta suerte y no necesites soltar dinero de tu bolsillo. Otras, lamentablemente, no salen baratas. Pero siempre hay un roto para un descosido, y en este artículo pretendo echarte una mano para que encuentres lo que buscas.

Formación para el docente curioso

Imaginemos que eres como yo, un culo inquieto a quien le gusta meter la nariz en todo lo nuevo (y si tiene títulos en inglés, ya lo flipas), pero luego eliges con cuidado en qué quieres profundizar. Vas a tener suerte, porque a este nivel es muy fácil encontrar cursos gratuitos o muy baratos que te pueden orientar y dar una idea de sobre qué va el tema. Lo malo de estos cursos es que, como dice Jordi Martí en XarxaTic, su calidad no es de lo mejorcito que hay; además, por mucho que te interese el tema, es dificilísimo encontrar la motivación suficiente para terminar un MOOC gratuito, sobre todo si es malo.

Pero como no pierdes nada por intentarlo, te aconsejo que eches un vistazo a los cursos gratuitos. En Coursera, por ejemplo, hay cientos de cursos ofrecidos por universidades de prestigio, muchos de ellos en inglés, donde además puedes conseguir una acreditación si lo terminas (y pagas, claro). No están homologados, pero son interesantes para meter la nariz en ese tema que tanto te atrae, y luego ya verás tú si continúas.

Luego está INTEF, que prepara cursos online gratuitos para docentes de toda España. Yo nunca he hecho cursos con ellos, pero conozco a algunos docentes que preparan cursos con ellos y, la verdad, si comunican online como comunican en persona, seguro que merecen la pena.

Y por supuesto, no debes olvidarte de la oferta de cursos de tu delegación de educación. Para ti son gratis, pero las personas encargadas de darlos son profesionales en su gremio y se curran muy mucho el contenido (os lo dice alguien que ha dado dos cursos en dos comunidades distintas y se lo curró como una bellaca). La oferta, en Euskadi por lo menos, suele salir en junio para el curso siguiente, así que al loro. Lo malo de estos cursos es que dependen mucho de qué está de moda en tu comunidad ese verano, y a veces tienes trescientos cursos sobre psicomotricidad en infantil y ni uno en TICs, o viceversa.

En busca de una nueva especialidad

Aquí ya lo tienes más chungo, y siento decirte que vas a tener que soltar pasta (a no ser que trabajes en la privada y puedas convencerles de que te paguen la especialidad nueva porque va a ser beneficioso para el colegio, por ejemplo). No solo eso, si la especialidad que te interesa es de primaria, vas a tener que hacer encaje de bolillos con tu horario, porque, que yo sepa, ninguna universidad oferta grados cien por cien online.

Si lo que quieres es sacarte el máster de secundaria, o un grado para dar una asignatura distinta en el instituto, la UNED y la UOC tienen una calidad estupenda. Las dos son públicas (o una versión extraña mezcla de privada y pública en el caso de la segunda), aunque no te dejes engañar por el término porque no son baratas. Y ojo, porque muchos de los cursos de la UOC son de modalidad mixta (parte online, parte presencial), no solo a distancia. Para los de primaria, por lo que tengo entendido, existe la posibilidad de hacerlo a través de la modalidad semipresencial  (ir a clase un fin de semana al mes, o algo así) en la Universidad Pontificia de Salamanca . Eso sí, creo que piden tu primer hijo a cambio: prepara la cartera.

De todas formas, antes de embarcarte en una de estas aventuras que te va a costar mucho tiempo y dinero, entérate bien de si puedes optar a sacarte la nueva especialidad opositando. Igual tienes que ir a una academia a que te ayuden, pero seguro que te sale más barato y es mucho más fácil (al menos si ya eres funcionario/a, porque el proceso es muy distinto).

Cualquier cosa a cambio de puntos

Que no te avergüence reconocerlo, porque yo también lo he hecho: hubo una época en mi vida en lo que lo único que me importaba de un curso era si estaba homologado y cuántos puntos daba. Cuando te lo juegas todo en la ruleta que es una oposición, o cuando quieres cambiar de destino porque llevas dos años trabajando a cien kilómetros de tu casa, los puntos son lo único que cuentan. Mi único consejo es que te asegures de que el curso que quieres hacer es válido para tu delegación; más de uno he hecho yo pensando que me iba a contar y luego no lo hizo, qué disgusto.

Echa mano de los cursos que te ofrezca tu delegación (en Euskadi son los de Prest Gara, antes conocidos como Garatu, y te puedes apuntar en junio, como ya he dicho). Aunque lo más importante sean los puntos, intenta que sea algo que te guste porque si no lo vas a pasar mal y quizás no lo termines (y entonces te penalizan y quizás no puedas apuntarte en un futuro). Los cursos de idiomas dan muchos puntos, fíjate bien. Si consigues un título por encima del B2, puntúa casi más que un grado, así que ¡ponte ya con el inglés!

Algunos cursos de verano de muchas universidades tienen acuerdos con Educación y están homologados. Cuando los anuncian suelen dejarlo claro, pero tú pregunta por si acaso, que al fin y al cabo te estás dejando tu buen dinero y quieres que te sirva de algo. Insisto: haz algo que te guste, por lo que sientas curiosidad. O elige una universidad junto a la playa, como hice yo, que me pasé tres días yendo a Donostia y comiendo mirando al mar, feliz de la vida.

 

Lo que tienes que tener muy claro cuando te plantees tus posibilidades de formación es para qué lo quieres, y a partir de ahí tomar decisiones. El dinero es importante, por supuesto, pero no debes dejar que sea lo que te eche para atrás; como me dijo un amigo, te lo pueden quitar todo, pero nunca te quitarán lo que sabes. No importa que seas profe de inglés y lo que te interese sea la física cuántica. Créeme, nunca te va a arrepentir de saber de más, pero puedes llegar a echar de menos aquello que no sabes.

¿Cómo afrontas tú tu propia formación?

¿Qué cursos has hecho y con qué intención?

¿Recomendarías alguno bueno, bonito y barato?

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