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Reglas de ortografía: algunos trucos para enseñarlas

13 febrero, 2017

Lo reconozco: las maestras, a veces, somos muy básicas, y nunca es esto mayor verdad que cuando corregimos redacciones. Lo hacemos igual que nos las corrigieron a nosotras: boli rojo en ristre, cebándonos cosa mala con las bes, las uves, las haches y las elles. En los cursos más altos, y por supuesto en secundaria, empezamos a fijarnos también en la estructura, la coherencia, la cohesión y esos pequeños detalles que son los que en realidad hacen bueno un texto, pero en los dos primeros ciclos de primaria nos obcecamos con las reglas de ortografía de una manera que roza lo obsesivo. Que le den morcilla al contenido, a la imaginación que ha puesto la criatura al escribir su cuento, al vocabulario y frases tan estupendas que utiliza: ortografía, ortografía, ortografía. “Otro ‘hacer’ sin hache y te suspendo”. ¡Qué broncas les montamos!

Y es que cómo no corregir esas faltas, con lo mal que queda un “estava”, o un “bibía” (la tilde os la regalo, porque si no ni se entiende, pero no penséis que os la vais a encontrar), o un “a benido mi agüela”, ¡si es que hace daño a los ojos! Les devolvemos una redacción tintada de rojo (o verde, o morado, si eres de las modernas) y encima tenemos el rostro pálido de decirles “solo te fallan las faltas de ortografía, pero por lo demás está muy bien escrito”, cuando casi no se ve ni lo que han escrito ellos. Que ni se atreven a enseñarla en casa, pobres, porque han puesto un “iva” y tú les has dicho que en clase aún no se cobra.

¿Cómo se enseñan las reglas ortográficas? ¿Qué podemos hacer para salvar no solo ya nuestros ojos, sino su autoestima? Si tuviera la respuesta a esta pregunta, no estaría dando clase y escribiendo, sino dando charlas y vendiendo libros sobre mi gran habilidad para hacer lo que nadie ha conseguido hacer nunca jamás de los jamases. Lo más a lo que llego es a compartir los pequeños trucos que recuerdo haber usado yo para quitarme ciertas faltas y que luego han funcionado con algunos de mis alumnos y alumnas. Eso sí, tened claro que todo el mundo tiene alguna falta grabada a fuego en el cerebro que es imposible de quitar. Que yo escriba bien “absorber” solo se debe a que cada vez que lo hago me paro a pensarlo y recuerdo que viene de “sorber”, no de “ver”, no porque haya interiorizado la palabra.

Lo primero que deberíamos hacer en el aula, en mi humilde opinión, es dejar de recitar las reglas ortográficas como si fueran las tablas de multiplicar. ¿Alguien es capaz de recordar alguna? Yo desde luego no, pero sí sé que hay tantas excepciones que la mayoría de las veces la regla no sirve para nada. En lugar de recitarlas, deja que sean ellos los que encuentren los patrones. Pídeles que hagan una lista de verbos en pasado, por ejemplo, y haz que se fijen en las terminaciones. Estaba, mandaba, compraba… Con be. Estuve, anduve, tuve… Con uve. Conviértelo en un juego, o en un campeonato. ¿Qué equipo puede encontrar el mayor número de palabras en la primera lista?

(Ojo –o disclaimer, que dirían en inglés–: el noventa por ciento de tu clase seguirá escribiendo las mismas faltas en los mismos sitios, pero quizás en la cabeza de alguno o alguna algo haga “click” y se den cuenta. Esto no es magia, pero al menos te ahorraras las lecciones más aburridas del currículum de lengua.)

Si tienes una clase algo más mayor (diría que a partir de quinto o sexto de primaria), hazles ver de dónde vienen las palabras. Ese ejemplo que he dado antes con “absorber” (viene de “sorber”, no de “ver”) puede hacerse con muchas más. No es cuestión de que se saquen primero de filología hispánica con once años, pero a veces saber qué están diciendo les ayuda a darse cuenta de cómo se escribe. Insisto: no es talla única. Algunos se darán cuenta, otros no, y tú te quedarás pensando qué demonios has explicado mal y cómo coño vas a conseguir que escriban bien el jodido “prever” antes de que sueltes una palabrota en clase y terminen abriéndote un expediente.

Cuando todo lo demás falla, usa el humor. Lo de “en clase aún no cobramos el IVA” parece una tontería, pero una cría me dijo que le ayudaba a recordar que el verbo era con be. A mí una amiga consiguió hacerme diferenciar bien entre “calló” y “cayó” (siempre, SIEMPRE, me paro a pensar con estas dos) cuando alguien nos escribió un email que decía: “El gato se calló y se murió”. Ella contestó: “Vaya, pobre bicho, morirse por callarse debe ser una putada”. Mano de santo, ya no he vuelto a meter la pata.

También puedes darles trucos, como sustituir una palabra por su sinónimo, para diferenciar cuál deben utilizar en cada lugar. Cuando me preguntan si la “a” de una oración es con o sin hache, yo siempre les digo que la cambien por “había” (no es un sinónimo, pero creo que se entiende la técnica). “Mi madre había venido” tiene sentido. “Dámelo había mí”, no. Pero claro, la mayoría de los chavales no preguntan y escriben lo primero que se les antoja, y muchos funcionan “a peso”: he escrito muchas sin hache, voy a meter unas cuantas con hache a ver si alguna acierto. Tema de porcentajes, pensarán.

Siempre nos han dicho que la mejor manera de eliminar las faltas de ortografía es leer mucho y fijarse en lo que lees, pero seamos sinceros, no siempre funciona. Esto de la memoria es muy personal, y así como hay muchos niños y niñas que recuerdan la forma de las palabras, otros muchos no. “Escríbelo de las dos maneras y dime cuál te suena mejor” no siempre es efectivo, sobre todo en una época en la que muchos blogs y no pocas páginas webs se saltan a la torera las reglas más básicas, y esos son el tipo de textos a los que están expuestos. Al final siempre nos queda el consuelo de saber que el corrector de textos eliminará gran parte de sus faltas, aunque nunca va a ser capaz de corregir un “a venido” o “se calló de la ventana”. Aún así, quizás sea el momento de darnos cuenta de que lo más importante cuando enseñamos a escribir no son las reglas de ortografía, sino el contenido, el orden y la coherencia con la que escriben nuestros alumnos y alumnas. Las faltas, al final, son lo que más rápido se corrige. Aunque se nos salten los ojos a veces.

¿Qué otros trucos usas tú en el aula para enseñar las reglas de ortografía?

¿Recuerdas cómo corregiste tú esa falta que cometías siempre?

Compártelos, que trucos nunca sobran.

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