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De dialectos neutros y demás falacias

6 enero, 2021

Creo que el título lo deja claro, pero por si acaso, permíteme que insista: no existen los dialectos neutros dentro de un idioma. Todo el mundo tiene acento, todo el mundo tiene deje, todo el mundo habla con unas características determinadas que nada tienen que ver con las que marca la RAE.

Para ser más exacta aún, no existe el español neutro. No, ni aunque seas de Madrid. Ni de Valladolid. Ni de Burgos, donde mi tía-abuela insistía que se hablaba el mejor castellano.

No, ni siquiera el mío es neutro, fíjate que drama.

¿Y a qué viene este arranque tan tonto en un blog que trata de educación? Espera, que voy.

La falacia de los dialectos neutros

El otro día, en un grupo de escritores al que pertenezco (además de dar clase también escribo, por si no te habías dado cuenta con todo el petardeo que te meto), alguien preguntó si debería escribir su novela con su «voseo» argentino o usar un español neutro. A mí se me saltaron todas las alarmas porque, entre otras cosas, yo he sido durante muchos años firme defensora de la norma y de la neutralidad.

Ya sabes, hay una manera correcta de hablar, solo una, y la marca la RAE.

Luego estudié filología inglesa y se me pasó. Aunque soy de las que no tilda «solo» porque la RAE dice que no se debe.

(A veces es muy difícil ser yo).

Hay mucha gente que defiende que las lenguas tienen una variante neutra y que el resto de registros son dialectos o variaciones de ese idioma neutro. El inglés tiene el Received Pronunciation que hablan la reina y su familia, el euskera tiene el batua con el que tanto se meten algunos (tema que da para varios libros, no para un artículo), y el español tiene el castellano de España para muchos.

O eso piensan. Porque ninguna de estas variantes es neutra.

Simplemente, porque en el mundo real los idiomas no existen en su variante pura. En el momento en que un idioma empieza a ser hablado, sus hablantes lo van a convertir en idiolecto, en un idioma propio tintado de su experiencia y su cultura.

En el norte hablamos de tener una cuadrilla cuando en otros lugares dicen pandilla; en Canarias hay fleje de gente y en Madrid hay cantidad de peña; en gran parte de la península (no te digo ya las islas) se sesea, y en otras partes ceceamos.

Unos le vieron y otros lo vieron. Y aquel «ha venido esta mañana» cuando otro, simplemente, «vino esta mañana».

La falacia de la variante neutra tiene un tufo a superioridad moral que cuanto más me meto a estudiar idiomas, más me repatea. Quienes estudiamos inglés lo vemos fácil, porque los dialectos de este idioma difieren más entre unos y otros que los del castellano, pero a ver quién baja del burro a alguien que defiende que el acento madrileño es más neutro que el de un sevillano.

Sí, madrileños y madrileñas del mundo, también tenéis acento. Y si no lo oís, «ejque» no estáis prestando atención.

Como en todo, la supuesta neutralidad de unos dialectos sobre otros no es casual. No hace falta irse muy lejos para encontrar películas, series, chistes, etc., donde el acento andaluz se le da siempre al personaje más simple, o económicamente más desfavorecido. La chacha y el tonto del pueblo eran siempre andaluces. El canario, directamente, no aparece en televisión más que para las campanadas.

Al otro lado del océano también existe esa percepción de un español neutro que sigue muchas de las normas del castellano, lo que no deja de tener gracia porque la gente que lo habla es una minoría dentro del español. Al final somos cuatro gatos los que decimos «vosotros», no digamos ya otros aspectos tomados como neutros.

Y si nos metemos en lugares donde el español no tiene una norma fijada, como pueden ser muchos estados de EEUU, apaga y vámonos. Porque no es lo mismo aprender español en México, donde tu entorno tiene  un modelo, una norma y todos los que te rodean lo hablan como primera lengua, o aprenderlo en Texas, donde hay varias variantes de español, no hay una radio/televisión nacional que fije un modelo y la mezcla con el inglés es tan grande que a veces no se sabe dónde empieza uno y dónde termina el otro.

¿Es la variante de español de Texas un español mexicano mal hablado por todo esto? No, es español texano. Y se diferencia del español de California como se puede diferenciar el de Castilla y Asturias. Ambos son más cambiantes que una lengua con un modelo nacional, pero siguen siendo dialectos perfectamente válidos. Son la lengua materna de millones de personas.

Me ha costado años aceptar que un idioma se puede «neutralizar» a la hora de escribirlo, unificarlo para que nos podamos comunicar con un mínimo de comprensión, pero que ensalzar una variante como la neutra (no culta, neutra) es un error de órdago a la grande (como soy vasca, puedo usar terminología de mus; alguien de Colombia quizás no tenga ni idea de qué estoy hablando). La superioridad moral del «yo hablo mejor que tú porque no tengo acento» es tan ridícula como dar por sentado que la piel blanca es la de «por defecto» y cualquier otro tono es una variante que hay que señalar.

Y cuando damos clase y tenemos alumnado de otros orígenes, es importante tener esto en cuenta. Respetar su variante, su acento, su vocabulario. No menospreciar al que vosea o al que sesea. No hacerle de menos. No imponer nuestro dialecto por encima del suyo con el sentimiento de «el mío es mejor».

Que parece algo obvio a estas alturas de la película, pero visto lo visto, quizás no lo sea tanto.


Si te ha gustado este artículo y quieres leer algo en castellano no neutro (guiño-guiño, codazo-codazo), puedes echar un vistazo a mis dos novelas (una comedia y una obra juvenil que también encanta a adultos). O también puedes saber un poco más sobre mi visión de la educación en el libro que saqué con Plataforma Editorial.

Elijas lo que elijas, gracias por leer. Gracias por estar ahí.

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