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Combatir la ansiedad: la asignatura pendiente

26 abril, 2021

Estoy buena yo ahora para hablar de cómo combatir la ansiedad. Según te escribo, tengo un nudo en el estómago, llevo con dolores de cabeza y náuseas desde ni me acuerdo y me tiemblan las manos sin razón aparente*.

(*Puede que los tres cafés que llevo tengan algo que ver. Es domingo, DÉJAME VIVIR).

La ansiedad en este trabajo es un problema más que normal, tú y yo lo sabemos y cualquiera que sepa de qué va esto lo sabe también. El otro día fui al médico y le pregunté si mis dolores de cabeza podían tener que ver con ello. «¿A qué te dedicas?», me preguntó. «Soy maestra». Antes casi de que terminara de decirlo, él ya asentía. «Sin ninguna duda, es ansiedad».

Que lo sepamos no significa que tengamos la más mínima idea de cómo combatirla.

Cómo combatir la ansiedad

Recuerda que esto es un claro ejemplo de «consejos vendo que para mí no tengo». Todo lo que aquí te cuento son cosas que mi mete consciente e inteligente sabe, y que luego no sabe transmitir al resto de mi cuerpo.

Pero oye, igual a ti te sirve.

1. No eres imprescindible (en el trabajo)

Creo que esto es lo más importante a tener en cuenta a la hora de combatir la ansiedad.

Ni tú, ni yo ni nuestras compañeras somos imprescindibles. No hay nada que sepamos hacer que no sea reemplazable. Sí, tú y yo creemos que nadie controla nuestra clase mejor que nosotras, que nadie llega a ese niño de igual manera, pero no es verdad.

El año pasado no nos conocían y les fue bien. El año que viene no nos tendrá, y les irá bien.

Que tú faltes dos o tres días (o una semana, o un mes) para tomar aire porque la ansiedad te está comiendo viva no les va a afectar en lo más mínimo.

¿Irías a trabajar con gastroenteritis? ¿Con fiebre? ¿Con un ojo colgando?

Con un problema de ansiedad, de estrés, tampoco deberíamos. No puede ser de recibo que vayamos llorando a trabajar, o que nos pasemos las tardes jodidas porque ya no podemos más.

Pero la ansiedad nos sigue pareciendo una tontería, y nos da palo parar porque sabemos que, tal y como está el sistema, cargamos de trabajo a nuestras compañeras.

Que también están cansadas. Que también intentan combatir la ansiedad.

Si tú no estás bien, no estás ayudando a nadie. Y la primera a quien le debes tu salud es a ti misma.

No eres imprescindible. Para tu familia y tus amistades, sí; en el trabajo, no.

2. No todo es tu responsabilidad

Vale, aquí me voy a proyectar muy mucho, pero me juego algo a que, si alguna vez has tenido problemas de ansiedad, lo de la responsabilidad tiene mucho que ver en ello.

Te pongo un ejemplo de cómo las gasta mi cabeza a veces. Un ejemplo tonto, que cuando lo pienso hasta me avergüenza, pero creo que es en los detalles como este donde se ve hasta qué punto nos tomamos las cosas.

Me encanta el café (véase el * de arriba). Por las mañanas, cuando llegaba al cole, ponía la cafetera hasta arriba para poder tomarme una taza antes de entrar a clase y tenerlo listo en el recreo. Me di cuenta de que, si yo llegaba tarde, nadie más lo hacía, por más que la cafetera estuviera ya vacía cuando llegaba el recreo, así que no era yo la única que tomaba café antes de ir a clase. Me pillaba unos rebotes de espanto, por eso y porque siempre era yo la que se acordaba de apagarla, o de comprar café, o de lavarla de vez en cuando.

(La cantidad de moho que se acumuló en esa cafetera era para verlo. Qué asco, qué asco, qué asco).

Esta tontería tan grande, que cuando estás de buen humor se limita a un suspiro largo, empezó a pesar como una losa cuando el cansancio y las otras miles de responsabilidades (algunas reales, otras adquiridas) se fueron acumulando. Combatir la ansiedad con semejante carga, sin darte cuenta de las mil y una tonterías de las que no tendrías que preocuparte, es imposible.

Así que me llevé un bote de café instantáneo, que no está tan rico pero el cuerpo a todo se acostumbra. Y dejé de ser yo la del café. Y dejé una carga ridícula que me creaba tal tensión que ahora, según lo escribo, me revuelve hasta la tripa.

Para combatir la ansiedad tienes que centrarte en las cosas que solo tú puedes controlar. Si no depende solo de ti, no es tu responsabilidad. Diferenciar las cosas que puedes controlar y las que no es una tarea titánica y fundamental para poder cuidarte. 

3. La ansiedad es una enfermedad

Y seguimos sin darnos cuenta. Yo la primera.

Combatir la ansiedad es tan fundamental como combatir un catarro, una gripe o una migraña. Si estoy vomitando, me voy a casa. Si no puedo dar clase porque estoy a punto de echarme a llorar cada vez que abro la boca, también debería irme.

Pero lo disfrazamos, a veces sin querer, a veces por desconocimiento. Es cansancio, es el mes del año en el que estamos, es… patatas.

Y seguimos. Y petamos. Y nos rompemos. Y luego nos pasamos las tardes ahogándonos en el sofá, sin entender muy bien si nos está dando un tabardillo, un ataque al corazón o una reacción anafiláctica.

Si no descansamos, no rendimos, y si no rendimos, no sé para qué vamos a trabajar. El sistema nos ha hecho pensar que faltar al trabajo es de vagos o de malas compañeras, porque tus colegas van a tener que cargar contigo. Que si faltas, los peques se van a resentir, van a perder clase, van a estar peor.

¿Peor que con una profesora que les grita cuando se les cae un lápiz? Ya lo dudo.

Así que hazme caso, a mí, que no me hago caso a mí misma: la única manera de combatir la ansiedad es parar, descansar y tomar aire. No eres menos fuerte que los demás, no tienes menos aguante: tú te has dado cuenta y le estás poniendo remedio.

Cuídate, porque solo tú puedes hacerlo. Tu clase seguirá ahí cuando vuelvas.


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Gracias por estar ahí. Gracias por leer.

 

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