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Classroom management: la disciplina a este lado del charco

6 mayo, 2020

Mayo es el mes en el que el Programa de Profesores Visitantes se hace real. El mes en el que sabes que te han cogido y empiezas a mirar aviones. El mes en el que te pones como loca a investigar qué es eso de la classroom management que te preguntaron en la entrevista y contestaste de aquella manera.

Un momento. ¿Mayo? MAYO.

SI HACE DOS DÍAS ME ESTABA QUEJANDO DE LO CORTAS QUE HABÍAN SIDO LAS NAVIDADES.

Diosmíodemivida.

Aunque al otro lado del Atlántico os queda un mesecico, aquí el curso termina en apenas tres semanas. Sé que, si has sido una de las personas seleccionadas en el proceso, es más que probable que estés mirando ya qué vas a hacer cuando llegues aquí.

Del currículum te puedo hablar poco, porque solo conozco el de quinto de Texas, que es un mundo aparte del resto de estados.

De cultura, un poco más, pero también depende mucho de qué estado te toque y mejor no mojarse que meter la pata.

De classroom management, o la disciplina en el aula… De eso te puedo contar más.

Classroom management en EEUU

Es la pregunta del millón en la entrevista, como bien has comprobado. ¿Cómo controlas la clase? ¿Cuáles son tus técnicas de classroom management?

Ya te conté en este post en el que te hablaba de la entrevista mi maravillosa respuesta la primera vez que me hicieron la dichosa pregunta. No es sorprendente que no me cogieran. Yo tampoco me hubiera contratado a mí misma.

Después aprendes, a base de experiencia y de buscar información para la dichosa entrevista, que las técnicas que buscan son un poco más, digamos, pauvlovianas.

Ya sabes, estímulo y reacción. Suena la campana y el perro babea.

Conductismo puro y duro, vaya.

Y es que lo que en realidad buscan es, ojo, que nunca necesites recuperar el control de la clase porque sabes cómo no perderlo.

Rutinas, rutinas, rutinas

No hay cosa a la que más importancia le den aquí que a las rutinas.

Es verdad que es una forma muy eficaz de evitar que la clase se te descontrole. Siempre he dicho que no hay nada más peligroso que un niño aburrido o una niña sin nada que hacer, porque es entonces cuando la lían.

No digamos ya en los momentos «bisagra»: cambio de clase, repartir el material, ir al recreo, la última hora…

Ayuda mucho tener una serie de instrucciones muy claras para esas situaciones y practicarlas una y otra vez los primeros días de clase. Si quieres que se pongan en fila en silencio, igual tienes que hacerlos sentar de nuevo (con cara de ogro) hasta que sean capaces. ¿Necesitas asignar un/a «line leader» porque se pelean por ver quién va en cabeza? Prepara una lista. Pon un responsable de apagar las luces y cerrar la puerta.

Sí, ya sé que con los pequeños se hace a menudo, pero con los mayores también funciona muy bien. Y, en caso de que la clase sea un poco cañera, puedes asignar un orden fijo en la fila para asegurarte de que «los piezas» no se juntan.

Si hay un responsable para repartir el material en grupos, deja bien claro cómo van a ser los turnos y qué responsabilidades tiene cada uno. ¿Qué pasa cuando falta esa persona porque está enferma? Ten cubiertas todas las casuísticas.

Ponles algo que hacer nada más entrar en clase. Si esperas a que se tranquilicen y se vayan sentando para poder empezar a dar clase, te va a dar la hora del recreo. Una actividad en la pizarra digital, algo que hacer en los ordenadores, diez minutos de lectura en silencio… Algo que les ayude a centrarse nada más entrar.

Una rutina para cada momento del día. Que no te haga falta decir qué tienen que hacer o cómo hacerlo cuando cambie la actividad.

De lo que se trata es que todos sepan qué tienen que hacer en cada momento, y así evitar el desconcierto y la posibilidad de liarla que eso conlleva.

Normas

En este tema, cada maestrillo tiene su librillo. Nunca mejor dicho.

Hay gente a la que le gusta escribir una serie de normas al estilo de los diez mandamientos: una lista enorme y específica más larga que la legislación de algún país.

Hay profes que negocian las normas con los y las peques y razonan con la clase por qué hay ciertas cosas que no se pueden hacer en el aula.

Algunas listas están en negativo («no se puede ir al baño en mitad de la lección»). Otras son más positivas («se podrá ir al baño en los cambios de clase y la hora del recreo»). Y aún otras parecen escritas por Mr Wonderful («¡Qué ilusión me hace que elijas ir al baño cuando es conveniente para toda la clase!»).

Yo suelo tirar por la vía del medio. Me gusta negociar las normas con la clase, reducirlas a un puñado manejable y hacerlas generales. Trato de que siempre sean en positivo («respetaremos a los demás y su propiedad» en lugar de «no se pega, no se coge lo que no es tuyo») y guío la conversación para que terminen saliendo las normas que a mí me interesan.

Nunca más de cinco, y una de ellas siempre es «Venimos a clase con ganas, a pasarlo bien y a aprender». Sí, ni siquiera yo escapo del wonderfulismo.

Las consecuencias también las pacto con la clase, aunque tengo compañeras que ni por todo el oro del mundo dejarían eso en manos de los peques. A mí me hace mucha gracia ver lo estrictos que son y las barbaridades con las que castigan a los infractores; a su lado, soy una hermanita de la caridad.

Sea lo que sea lo que decidas hacer, hay una palabra clave: consistencia. No hagas lo de «la próxima vez…», a no ser que sea el primer día de clase (y depende en qué grupos, ni eso).  Si no eres consistente, esas normas no valen para nada.

Prohibido levantar la voz

Aquí no se grita.

Bueno, en teoría. Pero mejor que no te pillen.

Si no los tienes ya, haz un buen acopio de trucos con los que conseguir que los y las peques te escuchen sin tener que pegarles el berrido tan clásico en nuestras aulas.

Contar hasta tres, levantar la mano y esperar a que se callen, tatarear una canción y que el grupo la termine… Hay miles de ideas que te permiten llamar su atención sin levantar la voz.

A mí me ha gustado mucho una que he aprendido aquí: dices «waterfall, waterfall», y los críos contestan con el ruido del agua al caer, «shhhhhhhh». Se chistan a sí mismos. Funciona muy bien.

Dar palmadas con una tonadillas y que la imiten, callarte de golpe y esperar a que lo pillen, susurrar la clase en vez de alzar la voz por encima de la suya, la línea de la paciencia (una línea en todo lo largo de la pizarra que vas borrando cuando no puedes dar clase; si se borra del todo, hay una consecuencia. Yo jamás he llegado a terminarla, porque en cuanto me ven coger el borrador se tranquilizan)…

Hay miles de trucos. Pero no dejes que te pillen pegando un grito en clase. No dejes que los y las peques vayan a casa diciendo que gritas mucho. Puedes tener serios problemas, dependiendo del tipo de colegio en el que estés.

Aunque luego veas a tus compañeras pegar berridos por los pasillos. Tú, por si acaso, no lo hagas.

No seas una isla

Este curso que acaba he tenido una clase con muy buen comportamiento. La razón para esto venía de casa, es cierto, pero una parte también tenía que ver con las normas que han tenido los cursos anteriores. Classroom management de diez, el de mis predecesoras.

Lo único que he tenido que hacer ha sido implementar las costumbres, normas y rutinas que tenía la profe de cuarto. Nada más.

No seas una isla. No tengas tus «trucos» escondidos en una libreta negra, escritos con cincel sobre roca caliza o tatuados en el antebrazo. Si ves que las rutinas que traen del año pasado les van bien, úsalas.

Alguna no encajará contigo y la cambiarás, lógicamente. Los peques te dirán aquello de «Con Ms Ibáñez lo hacíamos así», a lo que tú contestarás con la nunca suficientemente usada «Pero yo no soy Ms Ibáñez» o su modalidad más sarcástica («¿Me parezco yo a Ms Ibáñez?»), mientras te atusas el bigote y les recuerdas que te llamas Manolo.

Es muy buena idea ponerte de acuerdo con tus compañeras de curso, o incluso del centro, para tener unas normas comunes que todas conozcáis. Si das una asignatura en varios grupos, no es solo buena idea sino imprescindible. Si no compartes grupos, os vais a ver en el patio y en los espacios comunes. Viene bien tener una base común.

Recuerda que no son patos: building relationships

He mencionado a Pavlov antes. Quizás debería haber dicho Skinner, porque no trabajamos entrenando perros, patos o conejos.

Aunque lo dejo para el final, una de las claves del classroom management es crear un buen ambiente en el aula y tener una buena relación con tu alumnado. Sabes bien, igual que yo, que esto no significa ser la profe guay que les deja hacer lo que les da la gana.

Tener una buena relación con tu clase significa que los ves más que como a nombres en una lista. Te importa cómo se encuentran, lo que les pasa en casa, cómo vienen a clase.

Sabes «leer a tu público», sabes cuándo no es buen momento para pedirles una tarea titánica o cuándo darles un respiro.

Sabes que, aunque las normas son iguales para todos y todas tienen consecuencias, todo el mundo tiene un mal día.

Ellos y ellas saben que tú también eres humana. Utilizas el humor en clase, sin reírte de ellos. No los pones en evidencia cuando sabes que no saben la respuesta (aunque tengas una charla muy seria en privado con quienes no lo saben porque no dan palo al agua).

Los escuchas. Les preguntas cómo están y de verdad esperas que te digan cómo están, porque te importa.

Sabes quién va a tener un hermanito. Sabes quién tiene problemas en casa porque sus padres se están divorciando.

Cuando tienes buena relación con tus peques, algo que en la mayoría de las clases de Primaria no es para nada difícil, es mucho más fácil controlar el comportamiento. Siempre vas a tener al bicho que no para quieto o a la que llega tarde todos los días porque le cuesta un horror desayunar, pero si les importas, va a ser mucho más difícil que te boicoteen la clase.

No imposible, claro. Pero es más difícil.

 

Por supuesto, todas estas ideas están basadas en lo que a mí me funciona y lo que he aprendido por estos lares. Puede que algunos de mis consejos te parezcan barbaridades, y otros obviedades como un piano. Hazlo tuyo. Actúa como mejor te parezca.

Pero recuerda siempre que la disciplina es lo que más van a mirar en las primeras observaciones que te hagan, y a lo que más importancia van a dar.

(«¿Observaciones? ¿Qué observaciones?» Querido saltamontes, eso es tema para otro artículo. Lo que te queda por vivir, my darling).

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