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La situación del bilingüismo en Estados Unidos

11 septiembre, 2019

Qué cosas tienen los años, “hoygan”. Quién me iba a decir a mí que, después de tanto tiempo trabajando y hablando de educación, comparando unos sistemas con otros, novelando experiencias y exponiendo preguntas sin respuesta, iba a escribir yo una entrada para hablar del bilingüismo en Estados Unidos.

Y de entre todos los estados, Texas, lugar sobradamente conocido por su identidad cosmopolita y hogar de grandes defensores la multiculturalidad.

Y encima, para hablar bien de dicho bilingüismo.

NOS HEMOS VUELTO LOCAS O QUÉ.

Pues sí, imagino que algo me habrá afectado el calor apachurrante del estado de la única estrella, o las picaduras de mosquito que me tienen frita, o la visión esporádica de las cucarachas (CUCARACHAS, JODER), pero hoy vengo a hablarte del programa bilingüe que tienen por estos lares, y además bien. Quiero que tengas en cuenta que, en el momento de publicar esto, llevo poco más de un mes trabajando en Texas, pero es tiempo suficiente para poder hacerte un croquis muy general de cómo funcionan por aquí las cosas.

Tenemos todo el curso para entrar en detalles.

El bilingüismo en Estados Unidos. Qué, cómo, dónde y por qué

Empecemos por el principio. ¿De qué hablamos cuando hablamos de bilingüismo en Estados Unidos?

Si a cualquier persona de la calle le preguntaras cuál es el idioma oficial de los EEUU y no le dieras tiempo para pensarlo demasiado, probablemente te diría, con un alzamiento de cejas entre extrañado y guasón, que el inglés, por supuesto. Si a esa misma persona le dijeras que está equivocada, te miraría con un alzamiento de cejas similar, pero ya no guasón sino impaciente. ¿Cuál va a ser si no?, parecen decirte esas cejas.

(Vaya cejas más parlanchinas se gasta la peña, lo sé).

Si esa persona ha estado prestando atención al mundo en los últimos años y se ha indignado tanto como yo ante ciertas noticias, sabrá, sin embargo, que Estados Unidos no tiene idioma oficial. Por más que les reviente a los que gritan eso de “you’re in America, speak English!”, el inglés no tiene más defensa jurídica que cualquier otro idioma, nativo o no, que pueda hablarse en el país.

Esta fue una medida que se tomó en su momento para no ofender a quienes habían luchado junto a los nuevos estadounidenses en su batalla contra los británicos, y se mantiene porque un idioma oficial dividiría en lugar de unir. No estaban pensando en el español cuando pusieron esta norma, sino más bien en el holandés o el francés, pero mira, a Texas le vino muy bien.

Porque Texas, igual que una gran parte de EEUU, fue territorio mexicano durante muchos años. Los primeros invasores europeos (o descendientes de europeos) de esta zona hablaban español. Ahora mismo, un porcentaje altísimo de la población del estado es hispana, la mayoría inmigrantes relativamente recientes y sin relación con aquellos primero habitantes. Aún así, estoy convencida de que más de uno y más de dos podría decir que sus ancestros fueron los primeros habitantes de la zona y luego se tuvieron que ir. Una especie de reconquista, supongo.

¿Y esto a qué viene? Viene a que, a diferencia de otros estados (California, te miro a ti), Texas ha adaptado su plan educativo para abarcar el bilingüismo en español. Aunque parezca mentira con todo lo que vemos en la tele, estudiar en español aquí es legal, está bien visto, muy valorado y tiene los programas con el mejor alumnado de los colegios. Porque, lo que son las cosas, las familias que quieren educación bilingüe para sus hijos e hijas son las más involucradas en la educación de sus peques.

Demanda del programa bilingüe en Estados Unidos

Leí una vez que la definición de persona monolingüe era «cualquier persona cuyo idioma materno no sea el inglés», y a lo largo de los años he confirmado que esto es así. Tanto EEUU como Reino Unido son países que, históricamente, han huido bastante de todo lo que no sea la enseñanza en exclusiva en inglés. Incluso California, que aquí es lo más de lo hippie y lo «progre», pasó una ley que prohibía la enseñanza en español.

Coincidió con mi llegada, allá en el ’99. Espero que este detalle no tuviera nada que ver.

Ahora, tanto las familias como los gobernantes se están dando cuenta de que, cuando el idioma nativo de un niño o niña tiene una base fuerte, el aprendizaje de la segunda lengua es más sencillo y con raíces mucho más profundas. Es más: se están dando cuenta de que saber más de un idioma beneficia no solo a quien habla español en casa, sino a (OH, CHOPRECHA) quien solo habla inglés.

Quién lo hubiera dicho. Nadie podía haberlo adivinado.

Por eso, en un estado como Texas (permíteme que insista) se están promocionando programas como el bilingüe «Early Exit”, que enseña a leer en español pero pasa a tener una enseñanza íntegra en inglés a partir de tercero (en extinción en mi cole, y con profesores bilingües como servidora que les dan apoyo en su idioma materno en caso de necesitarlo); como el “One-Way Dual”, para niños y niñas cuyo idioma principal es el español y que se pasan todo Primaria dando algunas asignaturas en inglés y otras en español; o mi favorito, el “Two-Way Dual”, donde niños y niñas aprenden ambos idiomas independientemente de su L1.

No me digas que esto no afecta a la convivencia, a la recuperación de las raíces (muchas familias de origen hispano han perdido el idioma), a la apertura de mentes… A ser bilingüe de verdad en una sociedad en la que los dos idiomas están presentes en todas partes, vamos.

Así que, para mí sorpresa, en esta segunda parte de «Ruthie se va a hacer las Américas» estoy alucinando bastante con el bilingüismo en Estados Unidos y viendo muchas cosas que no vi la primera vez que vine. Me alegro, porque qué quieres que te diga, odio juzgar los lugares solo por lo que veo por la tele o las impresiones superficiales que se te quedan cuando vas de vacaciones. Ya contarán en el telediario lo malo; permite que yo me concentre en lo bueno para que no me dé un algo.

Porque sí, hay cosas malas, pero eso llegará más tarde. Que tampoco es cuestión de ponerse negativa el primer trimestre del curso.

(Dame un poco más de tiempo).


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