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Antes de que todo se rompiera: Autobombo

5 noviembre, 2019

Qué ganas tenía de que llegara este día. Llevo años (AÑOS) esperando este momento en el que poder compartir, por fin, mi nueva novela: Antes de que todo se rompiera ya está a la venta en Amazon.

No es que me haya costado años escribirla. De hecho, fue bastante sencillo sacar un primer borrador de mi cabeza, porque tenía muy claro lo que quería contar. El «problema» es que soy muy picajosa con lo que me importa, y ese primer borrador fue reescrito.

Una vez. Y otra. Y otra. Y otra más.

No hay nada perfecto, pero este último borrador, pulido y cuidado hasta la última coma*, es lo que más me gusta de lo que he escrito hasta ahora y lo que más me importa de todo lo que he publicado. Hablé de Antes de que todo se rompiera de refilón en esta entrada, y fíjate si tiene ya tiempo; publicar, incluso cuando lo haces tú, es un proceso lento que es mejor no acelerar.

¿Qué prisa hay? Los libros no caducan. Pero ¡ay!, qué ganas tenía de sacar esta historia.

Antes de que todo se rompiera

La portada, de Libertad Delgado, refleja a los personajes mejor que mis descripciones. Qué lujazo de artista y qué gozada de ilustración, ¿no crees?

Antes de que todo se rompiera es una novela juvenil para adolescentes un poco maduros. Los temas que trata la novela son cosas a las que se enfrenta cualquier chico o chica de dieciséis años: los primeros ligues, las primeras experiencias sexuales, el «me gusta, ¿le gusto?», las amistades, los tonteos con el alcohol.

Sobre todo, es una novela de relaciones. Con esto me refiero no solo a relaciones de pareja, sino a relaciones entre chicos y chicas, entre chicas, entre chicos. Los protagonistas son tan diferentes entre sí como sus sexualidades y sus vidas familiares, o sea, exactamente lo que te puedes encontrar en cualquier instituto hoy en día.

Y como en cualquier instituto, hay gente maja y buena, y también hay mucho capullo suelto. Bien sabes que los peores capullos son los que parecen llevar la piel de cordero… hasta que se la quitan.

Escrita desde las tripas

Si has pasado alguna vez por el blog, sabes que hay temas que me importan mucho. El feminismo, la educación sexual, los derechos LGTBQ+ son cosas de las que he hablado y seguiré hablando, tanto aquí como en la redes sociales en las que me puedes encontrar.

También hablo de libros y recomiendo los que contienen precisamente esos temas que tanto me importan.

Por desgracia, no abunda la literatura juvenil que introduzca personajes fuera de la heteronorma en historias donde su sexualidad no sea el centro de la historia. Es muy difícil encontrar personajes homosexuales que viven aventuras sin que se nos esté recordando cada dos por tres con quién se acuestan o el drama que los rodea.

Que sí, que hay drama, cómo no lo va a haber cuando todavía hay chicos y chicas a los que echan de casa por no encajar en el molde que sus familias quieren para ellos. Pero también merecen verse reflejados en personajes que quieren y son queridos independientemente de su sexualidad.

Por eso quería escribir un libro con todo tipo de personajes adolescentes, donde lo más importante fueran las dinámicas entre ellos. Me gusta decir que está escrito desde las tripas porque no es una historia que haya escrito porque sí: lo he hecho porque me importan todos los temas que trata, porque me hubiera gustado ser como alguno de los personajes que participan y me hubiera gustado tener amistades como las que se muestran.

Es la historia que me hubiera gustado leer con 16 años.

Ha llegado tarde, pero ha llegado. Su primera lectora he sido yo. Y la he disfrutado.

Ahora solo espero que la disfrutes tú. Y tu alumnado, claro.

Hasta este domingo, 10 de noviembre, Antes de que todo se rompiera tendrá un precio especial en digital, así que aprovecha. Como siempre, te agradeceré de corazón que me dejes una reseña en Amazon o Goodreads o me hagas saber, ya sea aquí o por redes, tu opinión sobre la novela.

Qué ganas de que la leas. Qué nervios porque te guste.

Qué miedo escénico más grande, madre.

*Tardarás medio minuto en encontrar algún gazapo que se me haya escapado, seguro. Me pasa por hablar.

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