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7 maneras de fomentar la lectura en el aula

22 mayo, 2017

Creo que todos y todas estamos de acuerdo en que desarrollar el hábito de lectura en edades tempranas es importante para tener una población adulta que lea a menudo (y ya sería la leche si encima tuvieran sentido crítico y supieran juzgar lo que leen, pero vayamos paso a paso). Cualquiera que trabaje en primaria o en secundaria se ha quedado alguna vez de que sus alumnos y alumnas no leen, que prefieren jugar con la consola o ver la tele a sentarse con un libro. Hay gente que se queja de que la culpa es de las lecturas obligatorias en el instituto, con lo que no estoy en absoluto de acuerdo. Otros dicen que es culpa de internet y de los teléfonos móviles, de la información visual, de que lo escrito ya no atrae. Hacemos campañas, damos premios, recomendamos libros. Nada parece funcionar.

Y es que, en mi humilde opinión, poco podemos hacer desde las aulas para crear afición a la lectura en las pocas horas de lengua y literatura que tenemos a la semana. Si has crecido en una casa sin libros, donde nunca se le ha dado importancia a la lectura, donde no has visto leer a nadie, ¿qué voy a poder decirte yo, la maestrilla de turno, para animarte a leer? El hábito se crea en casa, apagando la tele y reservando un tiempo de lectura al día, o simplemente educando con el ejemplo y llevando un libro encima para los viajes o la sala de espera del médico. Hablar de libros, sentir su presencia en casa, esa es la única manera de crear lectores y lectoras que prefieran un libro al Candy Crush.

Pero como soy masoca y me metí en esto porque me va la marcha, no cejo en mi empeño de crear lectores y lectoras en las clases que pasan por mis manos. Todas las personas influimos unas en otras de alguna manera, y nada más cierto cuando hablamos de niños y niñas. Siempre hay algo que se puede hacer, algo que probar y que puede funcionar. Así que hoy os traigo 7 maneras de fomentar la lectura en el aula con tus alumnos y alumnas. Sé de buena tinta que, a veces, funcionan.

1. Pregúntales qué leen

Qué simple, ¿verdad? Algo tan sencillo como decirles “¿cuál es el último libro que habéis leído?” puede hacer maravillas. Deja que hablen de sus lecturas (sería genial tener un tiempo a la semana reservado para esto) y que se recomienden libros entre ellos. Empápate de qué les gusta, y, si tienes tiempo y ganas (por favor, ten ganas), trata de leer alguno de los libros que les gustan para poder participar en la conversación. Quién sabe, lo mismo encuentras alguna joya.

2.  Pide su opinión

“Me apetece leer algún libro de fantasía. ¿Conocéis alguno que merezca la pena?”

Una frase tan sencilla como esta va a provocar un aluvión de respuesta. Comenta tus gustos, pide recomendaciones, ¡y síguelas! Creo que una de las cosas más importantes que podemos hacer como adultos es meternos en la cabeza de los y las adolescentes para entenderlos y poder ayudar, y para ello saber qué leen, qué series ven e incluso qué música escuchan nos ayuda mucho. Así sabrás también qué valores están recibiendo a través de los libros y los productos culturales que consumen.

Últimamente se habla mucho, por ejemplo, de la serie “Por 13 razones”, y he visto que hay familias preocupadas porque no les parece que sea una serie adecuada para sus hijos e hijas, “pero todo el mundo en el instituto la ha visto y mi hija también quiere verla”. A mí no me ha gustado nada, me parece que está muy mal hecha y puede crear más problemas de los que pretende resolver (mi intención es escribir una entrada a cuenta de esto, porque tengo para rato), pero creo que puede ser una herramienta maravillosa para sentarte con ellos y hablar del suicidio, y de qué no debes hacer cuando te encuentras mal (o sea: todo lo que hace la protagonista).

3. No des tu opinión

A ver si me explico, porque parece que me estoy contradiciendo.

Tus alumnos y alumnas van a tener gustos que quizás tú no compartas. Van a leer Crepúsculo, van a leer historias de amores imposibles y de damiselas en apuros, de aguerridos machos que salvan civilizaciones a base de ser los más fuertes, los chicos no lloran, bla, bla, bla. Quizás alguno te diga que está leyendo cosas que te parecen demasiado infantiles, o al revés, que sabes que no entienden porque son demasiado para ellos. Da igual. No juzgues. Pregúntales qué les parece, por qué les gusta, cuál es su parte favorita, pero no digas “vaya mierda de libro, no deberías leer eso”. Por mucho que los valores que transmita te parezcan malos.

Y después de hablar sobre el libro y ver qué les está llegando, pon tú el contrapeso: busca textos para la clase de lengua que transmitan lo que tú quieres que les llegue; usa la hora de tutoría para hablar sobre los roles de género, o la de literatura para hablar sobre la idea del amor romántico (y el gol que nos metieron con el cuento del príncipe azul), pero sin mencionar nunca sus lecturas, sin criticarlas tú. Deja que lo hagan ellos y ellas, que desarrollen un juicio crítico, que se den cuenta por sí mismos. Si de verdad queremos ayudarles y que nos cuenten qué leen, qué les interesa, no pueden sentirse juzgados. Y así, de paso, desarrollan un sentido crítico que nunca desarrollarán si se lo damos todo hecho.

4. Recomiéndales libros…

…Que sepas (o al menos creas) que les van a gustar. A mí me encanta Al este del Edén, pero no se lo recomendaría a una chavala de quince años (y a mucha gente que pasa de los cuarenta tampoco). Sin embargo Momo, La historia interminable, El guardián entre el centeno, Huckleberry Finn… son libros que, en mi opinión, deberían ser de obligada lectura antes de los veinte y sé que los van a disfrutar.

Cuando recomiendas un libro, tienes que tener en cuenta a quién tienes delante, qué tipo de libros lee esa persona, qué le gusta. Esto, por supuesto, no lo digo solo por mis alumnos y alumnas, sino en general. A alguien que solo lee libros en la playa no le recomiendes Guerra y Paz (pero, sin embargo, Armarios y Fulares es genial para pasar un rato entretenido *guiño-guiño, codazo-codazo*). Con un adolescente al que no le gusta leer, quizás tengas que empezar recomendando cómics.

Empieza de cero. Zipi y Zape, Rue del Percebe. Lo importante es que vayan entrando poco a poco.

5. Crea un blog de reseñas en el aula

Esto es algo que tengo pendiente, pero quiero poner en práctica en septiembre. Ahora que muchas escuelas están metidas en G-Suite, utilizar Blogger con tus alumnos y alumnas es muy sencillo. Puedes crear un blog y darles permiso para escribir las entradas. Ni siquiera hace falta que esté abierto al público, si sabes manejar bien los permisos puedes invitar solo a la clase y que sea algo privado. Así, además, matarás dos pájaros de un tiro: les animas a compartir sus lecturas y trabajas la escritura. ¿Qué más se puede pedir?

Ojo: asegúrate de comentar. Que vean que sus entradas sirven de algo, que alguien les lee. Si no, se desanimarán pronto y dejarán de participar.

6. Crea una biblioteca de aula

Pero una biblioteca bien hecha, no las cutre-bibliotecas que son tan comunes en nuestras aulas llenas de clásicos aburridísimos. Ten buenos libros, libros que ellos y ellas quieran leer, no los restos de cuando hicieron limpieza en la biblioteca del barrio y “por no tirar los libros” terminaron en tu clase. Pídeles a las familias que donen un libro cada una, uno que realmente les haya gustado a sus hijos e hijas. Y, sobre todo, úsala. No vale el “quien acabe primero el ejercicio puede leer un rato”. Organiza préstamos. Deja que se lleven los libros a casa.

Y deja que hablen de los libros. Cuando los devuelvan, pregúntales si les ha gustado, qué les ha parecido, ¿lo recomendarían? Siempre andamos mal de tiempo, pero reservar un espacio a la semana, o incluso al mes, para hablar de lo que han leído, sería genial. Más de uno y una estaría dispuesto a sacrificar un patio al mes para hablar de su libro favorito. Yo los hubiera sacrificado todos.

7. Lee

Sí, tú. Lee. Hazlo delante de ellos y ellas, si puedes. Ten un libro en la mesa, o muy a la vista, y comenta qué ganas tienes de llegar a casa para seguir leyendo. Háblales de tus rituales, del último libro que leíste, de uno que te dio miedo, de cómo disfrutas leyendo. Lee, y haz que lo sepan. Porque los niños y niñas no escuchan nuestras órdenes, sino que aprenden con el ejemplo. Y a veces no lo tienen en casa y tenemos que dárselo en la escuela.

 

¿Qué trucos usas tú para conseguir que tus alumnos y alumnas lean más?

¿Has echado mano de alguno estos alguna vez?

¿Te ha funcionado?

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