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El tercer trimestre: ¡socorro!

9 abril, 2018

Creo que hoy es el primer día en unas cuantas semanas en el que todos los docentes estamos otra vez trabajando. Los festivos de cada comunidad y cada colegio hacen que unos cojan las vacaciones antes y otros después y las acaben más tarde, aunque al final en todas partes tenemos los mismos días lectivos.

Y como no sabemos callarnos, no hacemos más que alardear de “jeje, vosotros ya habéis vuelto y aquí tenemos una semana más”, que es la vuelta a aquel “cómo me gusta la semana blanca”. Desde carnaval, los celos han estado a flor de piel en Twitter y demás redes.

Entre docentes, digo. No te digo ya la gente que solo tenía fiesta los días marcados en rojo en el calendario.

(Mi más sentido pésame. Sí, ya sé que tenemos demasiadas vacaciones).

Pero ya estamos todas y todos de vuelta, y delante tenemos uno de los mayores terrores del año: El Tercer Trimestre. Así, con mayúsculas y música lúgubre, en blanco y negro y protagonistas de ojos muy grandes mirando fijamente a la cámara.

También es conocido como el último esfuerzo, el sprint final, el vengaunúltimoempujónqueestoyaestá, o madre mía qué largo se me están haciendo estos tres meses.

Para los niños y niñas, no tanto. Para ellos y ellas representa la promesa de las vacaciones, de no estudiar y estar con los amigos (aunque más de uno y más de tres me han dicho, al cruzarnos por la calle en pleno agosto, que estaban deseando empezar las clases otra vez). Para los y las docentes también, pero nosotras sabemos que, antes de que llegue el bendito treinta de junio, hay mucho, MUCHO, que tenemos que hacer.

Porque de repente nos hemos dado cuenta de que no vamos a terminar el temario. Qué terminar, ¡si estamos por la mitad del libro!

Porque no nos acordábamos de que habíamos programado tres o cuatro actividades para este trimestre, por eso de que están cansados y rinden menos, mejor darles un paseo.

Porque tenemos reuniones con las familias, evaluaciones, ACIs, PIREs y esas dichosas decisiones difíciles sobre si determinada alumna repite o no.

Porque ahí fuera es primavera, ¡por fin!, y daríamos cualquier cosa por sentarnos en una terraza en lugar de estar aquí dentro tratando de explicar las conjugaciones de los verbos irregulares del inglés.

Pero no desesperemos. Sí, suena a topicazo, pero ya está el pescado vendido. Solo quedan tres meses (ni eso, que los niños terminan antes y la última semana de papeleo no es para tanto) y hay un puente en medio.

Lo malo es que esos tres meses son mucho más largos que los tres primeros meses del curso, y a la vez mucho más cortos por la cantidad de trabajo que nos espera. Vamos, que no se acaban nunca, hasta que te das cuenta de que no quieres que se acaben porque no te da la vida y tienes que…

Ay, que os había dicho que no había que desesperar.

Cómo afrontar el tercer trimestre sin perder la razón

El otro día me puse a limpiar el estudio de mi casa y encontré una postal que me había mandado una amiga, fechada en 1999. Fue el año que me fui a trabajar a Estados Unidos, y para entonces ya llevaba tres años siendo maestra. El estómago me dio un respingo al darme cuenta de que el año que viene hará veinte años (¡veinte!) que empecé mi aventura americana.

Sí, soy así de vieja.

Así que sí, he vivido ya unos cuantos terceros trimestres, y os puedo asegurar que, en mi ya larga experiencia laboral, nadie ha muerto ni ha terminado en la cárcel por no terminar todo lo que se supone que tenemos que terminar en este tiempo. Sí, hay cosas que hay que hacer sí o sí y más nos vale llevarlas al día, pero otras podemos relegarlas para el principio del curso que viene o, si no repetimos colegio, simplificar la tarea.

A ver si me explico.

Prioricemos

Esto viene al pelo también para nuestra vida personal, pero ¿cuántas de las cosas que consideramos urgentes son realmente urgentes? Si nos paramos a analizar nuestro día a día y todos los pequeños detalles que hacemos porque “tiene que hacerse, es urgente”, nos daríamos cuenta de que muchas de esas cosas quizás no importen tanto.

Hay que poner las notas sí o sí. Hay que reunirse con las familias una última vez sí o sí (aunque puedes adelantarlo y no necesitas pasar más de media hora con todas y cada una de ellas). Hay que asistir a las reuniones de evaluación sí o sí.

Pero igual no hace falta crear una carpeta en el ordenador con todas las fotos del curso para mandárselas a las familias. Es un detalle bonito, vale, pero si estamos hasta el cuello quizás no sea prioritario.

Igual podemos delegar la fiesta de fin de curso en alguna familia voluntariosa que quiera echar una mano. Incluso si eso significa que la fiesta no es exactamente como a nosotras nos gusta.

Y tampoco pasa nada si en el baile que hemos preparado con nuestra clase alguien da un paso fuera de ritmo. Cuando las personas adultas lo hacemos, parecemos ridículas; cuando lo hacen los niños y niñas, son la anécdota adorable de la función.

Tenemos que aprender a delegar, a darnos cuenta de que nada en nuestro trabajo es tan importante que merezca que nos pongamos enfermas.

De verdad.

Prioricemos.

Terminar el temario o morir en el intento

Spoiler: morir en el intento.

Si estamos todavía por la mitad del libro en abril (o dos tercios, me da igual), siento deciros que hace falta poco menos que un milagro para terminar todo lo que supuestamente tenemos que dar.

(Digo supuestamente porque el libro de texto no manda. El currículum está basado en competencias, y quizás esas ya estén trabajadas para febrero. E incluso los contenidos mínimos que marca la ley son mucho más vagos que la unidad quince del libro de matemáticas).

Si nos centramos en el ma-me-mi-mo-mu del día a día y forzamos el motor para llegar a la meta con más o menos gracia, lo único que vamos a conseguir va a ser quemarnos y quemar a quienes nos rodean (que en este caso es nuestro alumnado). Y es que el tercer trimestre es engañoso, porque no son tres meses: hay puentes, jornadas continuas donde el cambio de horario nos descoloca a docentes y alumnado por igual, excursiones, ensayos para la dichosa fiesta de fin de curso…

Esas cinco horas de lengua a la semana van a ser, con suerte, dos o tres. A ver quién es la guapa que se centra en semejante desbarajuste.

Por eso, a veces lo mejor es moderar la velocidad. El fin de curso es como una carretera llena de curvas, si aceleras corres el peligro de salirte y darte un buen golpe.  Mejor ir despacio y disfrutar del paisaje, por muchas ganas que tengamos de llegar.

(Sí, estoy llevando la dichosa metáfora del coche demasiado lejos y ya me he perdido, soy consciente. He acelerado demasiado, me he dejado llevar por el GPS y —BASTA).

Si los temas que quedan por dar nos parecen imprescindibles, hagamos un resumen y saltémonos las partes horribles del libro que nos cuesta dar (y a ellos y ellas entender). Aprovechemos para hacer un proyecto lo más manual posible, o echar mano de la tecnología y dejar que disfruten. Los y las docentes no somos las únicas que están cansadas a estas alturas de curso.

Y para esas últimas semanas en las que no tenemos muy claro si somos educadoras o canguros muy bien pagadas, podéis echar mano de estas actividades que evitan las grescas en clase.

Vamos a calmarnos un poco

Por propia experiencia, la peor época del año es el final del segundo trimestre. El cansancio hace mella, los nervios están a flor de piel y saltamos por cualquier cosa. También es la época en la que suelo enfermar, y sé que no soy la única. Son tiempos duros.

El final del tercer trimestre quizás no sea tan duro porque promete vacaciones y el buen tiempo ayuda (al menos aquí, que adoramos a esa cosa amarilla que se ve en el cielo y vemos muy de vez en cuando), aunque el cansancio también se nota. Es más fácil que saltemos por tonterías y que no estemos dispuestas a aguantar cosas que a principio de curso sí aguantamos. Y no, no estoy hablando de los problemas que nos puedan dar los niños y niñas, sino entre compañeras. Que trabajar con gente es muy duro, leñe.

Relajémonos. Dejemos pasar esas pequeñeces que el cansancio magnifica. Respiremos hondo cuando esa compañera que siempre llega tarde llega más tarde que nunca. Contemos hasta diez cuando el gamberro de clase la vuelva a liar. No contestemos inmediatamente a la nota incendiaria que nos ha mandado ese padre que ha dado por saco todo el curso.

Sé que es difícil (vaya si lo sé), pero por experiencia os digo que no merece la pena.

Es buena época también para trabajar la convivencia en clase y organizar juegos cooperativos, dar caña a las clases de tutoría, hablar de temas quizás no tan académicos y sí más personales. Después de todo un año con ellos y ellas, ahora que los conocemos, podemos saber qué les hace felices y qué les agobia.

Recordemos lo importante

Ser especialista de inglés en una escuela de una sola línea tiene su lado bueno y su lado no tan bueno. En el no tan bueno está que te vuelves loca corriendo de una clase a otra, te tragas todas las reuniones de evaluación y poner notas es un infierno. En el lado bueno, que conoces a casi todo el colegio por nombres y apellidos, a las familias e incluso a los perros que vienen a buscar a los más pequeños.

Y eso es algo muy, muy bueno (sobre todo lo de los perros, ¡que me gusta a mí un chucho!). Porque me ayuda a recordar que yo estoy aquí por los niños y niñas. Que lo mejor de mi profesión, lo más importante, son ellos y ellas. Y los lagrimones que suelto cada fin de curso cuando digo adiós a los de sexto son, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor de mi trabajo.

A veces, en las prisas del día a día, en las carreras por llegar a vaya usted a saber dónde, nos olvidamos de los niños y niñas. Tenemos tanta prisa por terminar el temario, por acabar de decorar esa carpeta con las fichas, por asegurarnos de que han terminado el libro de ejercicios, que nos olvidamos de disfrutar de ellos y ellas.

Dejemos lo académico a un lado durante un mes. Centrémonos en las personas que tenemos delante. Disfrutemos de ellos y ellas, observemos su personalidad, su comportamiento, su situación en el mundo. Conozcámoslos. Sobre todo si no los vamos a volver a ver (porque nos vamos del centro, porque es el último curso de la etapa), aprovechemos para pasar tiempo con ellos y ellas. Lo recordarán más que cualquier tema de historia, cualquier “phrasal verb”, cualquier conjugación irregular.

Recordemos lo importante. Recordemos el objetivo de nuestro trabajo: formar personas válidas, fuertes y seguras de sí mismas.

Total, para dentro de dos semanas se habrán olvidado de todo ese temario que tanto nos apresuramos por terminar.

¿Cómo organizas tu tercer trimestre?

¿Qué cosas son para ti imprescindibles estos días?

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