La primera semana de clase es crucial para crear un buen clima de trabajo en clase. Admito que suele ser un poco extraña, porque te da cosa empezar a saco desde el primer día y te limitas a hacer juegos de presentación si no conoces a los y las peques y la dichosa redacción sobre el verano.
(No la pidas, por favor. O enfócala de tal manera que quienes no hayan podido ir a ningún sitio también puedan participar sin morirse de vergüenza. ¿Quizás “describe tus vacaciones soñadas”? Cualquier cosa que no los deje en evidencia).
Si el grupo ya está hecho y ya los conoces del año pasado, es un buen momento para recordar las normas o poner las nuevas. Si empiezas de cero y no conoces al grupo, crear un buen clima de trabajo desde la primera semana de clase te va a ahorrar muchos quebraderos de cabeza el resto del curso. Y ahora que todavía vienen frescos, que no se conocen bien y no te conocen a ti, es el momento ideal.
Crear un buen clima de trabajo desde la primera semana de clase
Elige la forma de organizarlos
¿Te gusta trabajar con las mesas en U? ¿En grupos de cuatro o cinco? ¿En filas de a dos, de a uno? Dependiendo de tu estilo de dar clase y de la edad de tus peques, elegirás uno u otro. Siempre te digo que no hay una manera correcta de hacer las cosas, aunque sí debes tener en cuenta que la forma de sentarlos va a suponer una forma de trabajar u otra. Ten muy claro cómo quieres que se sienten antes de verlos entrar por la puerta el primer día.
Si están en U, hacer grupos es difícil y algunos no van a ver bien la pizarra, además de que siempre van a trabajar con las mismas dos personas todo el rato, pero tú llegas a todos con más facilidad. De uno en uno te aseguras una clase más silenciosa; sentarlos de dos en dos les permite trabajar con más gente, porque solo tienen que darse la vuelta para hacer un grupo de cuatro personas. Si los sientas en grupos, habrá más colaboración pero también más conversación.
Cualquiera de las organizaciones tiene puntos débiles y fuertes, y recuerda que siempre puedes cambiar de opinión si ves que la cosa no funciona.
Puedes negociar con tu grupo cada cuánto vas a cambiarlos de sitio, o incluso crear un sistema de comportamiento positivo donde el premio sea sentarse con quien quieran durante una temporada. Si no los conoces ni tienes referentes sobre ellos, es buena idea dejarles elegir con quién quieren estar y decirles que, si se portan bien, podrán mantener su sitio. Es una buena manera de crear buen rollito desde el primer día.
Cada cosa en su lugar
Siempre les digo a mis peques que hagan caso a lo que les digo, no que copien lo que yo hago (cosa que nunca, jamás, never ever ha funcionado con niños). Soy la persona más desordenada del mundo, y eso que todos los años me pongo como objetivo tener la clase ordenada, no dejar papeles por cualquier lado, ordenar mi escritorio todos los días antes de irme a casa, tener un lugar para cada cosa…
Ja. Ja. Ja.
El año pasado creo que conseguí treinta días de aplausos de mis peques por irme a casa con todo recogido. Treinta. De ciento ochenta.
Pero el orden en clase es una de las cosas que más te pueden ayudar a crear un buen clima de trabajo en el aula. Crea espacios donde los niños y niñas puedan dejar sus mochilas (como las de ahora tienen ruedines, no se pueden colgar de la silla y son unos mostrencos horribles que entorpecen el paso), ademaás de rincones para dejar el material que traen para todo el curso o las bandejas de material que comparten.
Percheros para los abrigos, estanterías para dejar las tareas, las fotocopias extra o un lugar donde los que han faltado puedan encontrar lo que se han perdido.
Intenta hacer esto antes de que llegue tu alumnado y explícales cómo tienes intención de hacer funcionar la clase. La primera semana saldrán pequeños baches que podrás resolver y, una vez en marcha, habrás creado un sistema que te va a ahorrar mucho trabajo. Veintipico niños (y una maestra desordenada) pueden crear caos con mucha facilidad.
Entradas y salidas del aula
Igual a ti te parece una tontería, pero yo opino que dirigir la manera de entrar y salir del aula ayuda a crear un buen clima de trabajo y a ahorrarse disgustos según va avanzando el curso. De nuevo, esto depende de tu estilo y del grupo que tengas. Y de las rutinas que tenga el centro para bajar a los peques al patio o cambiar de clase.
¿Se ponen en fila para salir de clase? Explícales hacia dónde hacer la fila para evitar choques o zonas donde un mal golpe pueda tirar algo al suelo. Si ves que echan a correr para colocarse los primeros, idea un sistema para que no se maten, que puede ser tan simple como el orden alfabético o por cercanía de la mesa, designar a la primera persona y la última de la fila (les encanta apagar la luz) o, de nuevo, crear un premio de comportamiento que les permita encabezar la fila. Las carreras y el «yo primero», «se ha colado», «me ha empujado» son uno de los focos de problemas graves en una clase.
Si tu clase es muy tranquila y puede bajar las escaleras con normalidad sin necesidad de filas y órdenes varios, no te hace falta. En mi experiencia, ocurre poco. Asegúrate de que saben esas rutinas y las interiorizan cuanto antes.
El baño
Soy una de esas radicales que piensa que ir al baño es un derecho humano.
A juzgar por lo que leo en redes, soy rara.
Ojo, que también soy muy consciente de los problemas que se dan en el baño sin control adulto cuando se juntan peques de distintas clases; por no decir lo mal que llevo que tres o cuatro alumnos pidan permiso uno detrás de otro.
Crear un sistema que te facilite no estar pendiente de quién va, cuándo ha vuelto y cuánto tiempo está ayuda a controlar y prevenir situaciones difíciles. También te ayuda a saber quién falta en cada momento, en caso de que haya una emergencia o vengan a buscar a niños concretos.
No tiene por qué ser un sistema complejo. Un cuaderno junto a la puerta donde escriban el nombre, la hora a la que salen y la hora a la que vuelven es suficiente. En mi clase solo puede salir una persona cada vez, me da igual si son niños o niñas. Asegúrate de revisar ostensiblemente este cuaderno los primeros días para que sepan que lo miras y que vas a pillar a quien haga trampa (poniendo el nombre de otra persona o mintiendo con la hora de vuelta, por ejemplo), y repásalo de vez en cuando para encontrar patrones.
Confía en ellos y ayúdales a regular sus necesidades. Si tienes jornada continua, ir una vez antes del recreo y otra después no me parece abusar el sistema; si veo que hay alguien que sale siempre a la misma hora, analizo el porqué (no sería la primera vez que los encuentro jugando en el baño con alguien de otra clase con quien han quedado, o huyendo de una asignatura que no les gusta), y si alguien va muchas veces pregunto si tiene un problema de salud o simplemente necesita ir más a menudo. En este caso, por supuesto, hago una excepción y le dejo ir cuando haga falta.
En mi experiencia, raro es el peque que abusa del sistema, aunque siempre hay alguno, claro. Pero me es mucho más cómodo que tener cuatro manos levantadas toda la mañana o que cuando uno lo pide otro también quiera.
Con los más pequeños, la típica medalla o el pase para ir al baño puede funcionar si el baño no está muy lejos, y dependiendo de la estructura de tu centro puedes pasar por el baño con toda la clase antes de salir al recreo o nada más volver a clase. Esto no te va a librar del alma libre que quiere ir a media mañana, pero te va a evitar más de un… accidente.
Y esta vez no hablo de tirar nada al suelo.
Hay muchas rutinas y maneras de trabajar que te pueden ayudar a crear un buen clima de trabajo en clase la primera semana de curso. Lo importante, como siempre cuando trabajas con niños, es se constante y asegurarte de corregir actitudes que puedan dar al traste con el sistema. Si consigues que aguante hasta Navidad, ese grupo habrá aprendido una serie de formas de trabajar que te ayudarán muchísimo a centrarte en lo importante: dar clase.
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