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Programa de profesores visitantes: la cruda realidad

3 mayo, 2022

Empieza la temporada de entrevistas en el programa de profesores visitantes. Tras una ardua labor de investigación (¿dónde se gana más?, ¿dónde se vive mejor?, ¿qué ciudad tiene el aeropuerto internacional más cercano?), elegiste estado, te convocaron para otro y ahora te toca hacer la entrevista para un tercero.

O puede que hayas tenido suerte y te entrevisten en el que tú querías. Si pediste Texas, es probable.

Si pediste Canadá, te acompaño en el sentimiento.

Y de repente todo empieza a moverse, y tú entras en pánico porque las cosas no van como tú creías que irían («¿Por qué me mandan a Florida si a quien tenía menos titulación que yo le han dado Wisconsin?»). El proceso es confuso, todo el mundo cuenta su experiencia y a ti te da la sensación de que te están tomando el pelo, te han cambiado de estado tres veces, ahora te dejan en lista de espera, cuando llegas resulta que nadie te ayuda, ¿qué demonios hago yo aquí con lo bien que estaba en mi casa?

A veces pienso que, en nuestro afán por animar a la gente, los que estamos aquí nos olvidamos de explicar muchas cosas.

Porque el programa tiene mucho bueno, pero a veces no lo parece. No todo lo que es oro brilla, ni todo lo que brilla es oro.

Es un país distinto. Un proceso de selección diferente al que acostumbramos. Un sistema educativo muy distinto.

Y se pasa mal. Pero también se pasa bien. Y mal otra vez. Y todo es maravilloso al momento siguiente. Y todo a la vez.

Programa de Profesores Visitantes: la cruda realidad

Hay muchos, muchos aspectos de este programa de los que no siempre hablamos, y otros de los que sí hablamos pero, con la emoción del proceso, poca gente escucha. Hoy te voy a desgranar unos cuantos puntos para que luego no puedas decir que nadie te avisó. Muchos de ellos tienen que ver con un proceso selectivo que no siempre entendemos y que, en gran parte, no tiene siquiera nada que ver con el programa. Recuerda que te estás yendo a un país extranjero y que los requisitos son los que son para cualquier persona.

1. El proceso de selección es muy diferente

Pero hazte un favor y no pienses que no tiene ni pies ni cabeza. Que tú y yo no lo entendamos, o que no nos haya favorecido, no significa que no tenga sentido.

Lo he dicho ya en varias ocasiones, pero lo único en este programa que puedes elegir es participar o no. Sí, te puedes pasar un mes estudiando cada estado, comparando tablas salariales y buscando los mejores colegios de la zona que te interesa, pero tú no eliges dónde vas. Cada distrito tiene unos requisitos y unas necesidades, y son ellos quienes van a decidir a quién contratar. Por más que tú quieras Canadá y te parezca que tienes «puntos» suficientes, no eres tú quien decide.

Estamos acostumbrados a un sistema cuantitativo donde X años de experiencia suponen N puntos, y si yo tengo 14 años y tú 11, yo estoy por encima de ti. Pero este proceso no funciona así.

No buscan cantidad de años, sino qué hiciste en esos años. Si trabajaste con un alumnado determinado. Si te encargaste de algo más que de dar clase. Si has hecho, yo qué sé, voluntariado en la Cruz Roja o si eres buena con los ordenadores.

La forma de trabajar en este país es muy distinta. Buscan gente que vaya a prestarse voluntaria para actividades de la escuela. Que les guste meterse en proyectos y demuestren ganas de aprender e involucrarse.

Quienes leen los currículum son expertos en reclutar gente. Saben qué buscan, y ni 30 años de experiencia, dos doctorados y tres licenciaturas van a competir con alguien que montó un proyecto de inclusión en un barrio socialmente marginado.

Ni siquiera esas 800 horas de cursos del INTEF.

2. No es personal, son negocios

Veo una y otra vez los mismos comentarios, todos los años. «Me han cambiado de estado porque [ponga razón random que tiene que ver con un caso personal], me tienen manía». «No me han contado los años de experiencia en [lugar completamente ajeno a la educación] y al de al lado sí, están contra mí».

No, sorry. No eres más que un nombre en un papel. A veces hay errores (a tu favor o en tu contra), pero nadie te conoce. Para bien y para mal.

Hay miles de personas presentándose todos los años. Que te hayan puesto en un sitio o en otro no tiene nada que ver contigo como persona, sino (insisto) con las necesidades del distrito.

«No saben lo que hacen, el proceso es muy oscuro, juegan con nosotros».

No. Te están dando un visado, un trabajo con un sueldo más que decente, una experiencia como ninguna otra. No están jugando contigo, están colocándote donde les parece que vas a funcionar mejor. Porque lo que quieren es que las dos partes salgan ganando y que el programa de profesores visitantes se mantenga.

Y eso es bueno (se te juzga a ciegas, por tus méritos) y malo (se te juzga a ciegas, por tus méritos) al mismo tiempo.

3. El visado es el visado

Que te pidan dos años de experiencia no es un antojo del programa, sino un requisito del visado J1.

Sí, yo también conozco a gente que vino con uno. Si arañas un poco, verás que tenían experiencia en otros ámbitos que estaban ligeramente ligados a la educación.

O no, y metieron la pata. Pasa hasta en las mejores casas. Excepciones contadas con los dedos de una mano.

Pero no es justo enfadarse con el programa y echar pestes porque te piden lo mismo que a todos los demás.

Muchos de los requisitos del programa no tienen que ver con el programa en sí y más con lo que pide cada estado o el gobierno americano para dejarte entrar. Veo mucha gente hablando de lo injusto que es que en California te pidan dos años de experiencia o que en Canadá necesites un C1, y me hace pensar que hay gente que no entiende muy bien a qué viene o qué se les va a pedir una vez lleguen.

Por más que protestes, las normas no van a cambiar. Si no cumples los requisitos del visado, lo más probable es que te quedas en tierra.

4. No es una beca

Tengo gastada ya la famosa línea de diálogo de cierta serie: «La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor».

Y vaya si vas a pagar.

El programa de profesores visitantes es un intercambio laboral. Tú vienes aquí a trabajar en las mismas condiciones que un docente americano, con los mismos horarios y las mismas obligaciones. 

El programa te da un contrato y el visado, que no es poco. De hecho, el distrito escolar que te contrata corre con los gastos de tu visado. Spoiler: es caro.

A partir de ahí, el resto depende de ti. Puedes decidir que vas a estar solo un año y pasarte por el forro todas las horas extra que esta profesión requiere en este país, o puedes pensar a medio plazo, tener claro que vas a estar dos o tres años y dar lo justo para que no se cabreen contigo y tener medio contenta a la dirección. También puedes dejarte los cuernos como verás hacer a tus compañeras de curso y llevarte el premio a mejor docente del año, y nos alegraremos por ti.

Pero ten claro que vienes a trabajar. Que los problemas que tus decisiones puedan acarrear te los comes tú. Que sí, vas a viajar y vas a conocer gente maravillosa, pero tú has venido aquí porque se necesitan maestros y es una oportunidad cojonuda para aprender inglés y cultura americana.

No es una beca. No es un año sabático. No vienes con todos los gastos pagados, y créeme, los primeros meses son una sangría constante.

No puedes ir a quejarte a la asesora porque tu directora te ha dicho que no haces las cosas como quieren que las hagas en este país. Puedes tener mala suerte y caer en una escuela en la que no estés a gusto: si eres funcionaria, puede que esto te suene de los concursos de traslado. No es muy diferente a nivel de suerte.

Vas a tener marrones derivados del trabajo, como todo el mundo en todos lados. Y vas a tener que apañártelas como profesional que eres. Con ayuda de tus compañeros, americanos y españoles, en la gran mayoría de los casos, pero como profesional ante todo.

5. Vas a hacerlo bien

Pierde cuidado: no te van a pedir nada que no sepas hacer.

Al principio te va a sobrepasar la cantidad de cosas que te van a pedir. La terminología, los acrónimos, las reuniones… Vas a sentir que no vales para esto, que te has equivocado.

Hasta noviembre, la sensación de «¿Quién me mandaría a mí?» es poderosa.

Pero luego mejora. Y te das cuenta de que todas tus habilidades son transferibles. Que si sabes dar clase, sabes hacerlo en cualquier lugar del mundo. Y aquí más todavía, porque la metodología en muchos casos viene dada y se basa en seguir el libro.

En serio: no tienes nada que temer. 

6. Cualquier lugar es bueno con la mentalidad adecuada

Desengáñate: puedes pedir el estado que quieras, pero te darán el que les dé la gana. Y no pasa nada, porque vas a estar bien. 

En mi primera aventura en el programa, aterricé en un pueblo que en aquel momento tenía 10.000 habitantes y ni un solo bar, cine o forma de entretenimiento medianamente legal. Mi compañera de piso y yo éramos las únicas europeas que habían visto de cerca y nos mimaron desde el principio.

Tenía 23 años. Llegué en agosto con la intención de pasar allí un año para aprender inglés, y en octubre ya tuve claro que me quedaba.

Estuve allí siete años. Aún mantengo amistades de entonces y he ido a visitarlos más de una vez.

En esta segunda aventura, intenté ir a Canadá y terminé en una ciudad diez veces más grade que aquel pueblo californiano, pero al este de Texas. Tengo otra edad, otras necesidades sociales y económicas, otros objetivos vitales, pero lo que no cambia es que puedes hacer lo que quieras con las cartas que te da el programa. Que funcione o no está en tu mano (y en tu cabeza). No elegiste dónde ir, pero sí puedes elegir cuándo marcharte. 

Aunque te recomiendo que le des al menos un año. Que hay gente que se marcha al mes de llegar y se pierde cosas muy buenas.

7. El programa cambia cada año: resultados anteriores no garantizan resultados futuros

California solo pedía un año de experiencia cuando fui yo. Canadá cogía a más gente. El pueblo en el que yo acabé solo participó dos años. Nueva York entra y sale del programa, igual que San Francisco.

Si la ciudad que tú quieres no está en el programa cuando llega la hora de repartir a la gente, no culpes al programa. No llames «tomadura de pelo» a hechos que nadie ha puesto sobre el papel y que solo tú has dado como ciertos. Si querías ir a San Francisco y resulta que este año no se presenta, la culpa no es del programa de profesores visitantes.

Lo que sí es una tomadura de pelo es jugar con las esperanzas de la gente. Que te dejen en lista de espera porque no saben si van a necesitarte o no hasta finales de julio, con todo lo que eso supone de estrés y planes a última hora. Porque, mientras estás en esas listas, no te pueden redirigir a otro estado que sí necesita gente, y te encuentras en una tierra de nadie que normalmente acaba mal.

¿Pero quejarte porque no se presenta un distrito en concreto? No, mi ciela.

8. Se pasa mal bien mal bien Todo pasa

Prepárate para llorar. Y reír. Y llorar otra vez.

La mayor nimiedad te va a hacer saltar, sobre todo al principio. Recuerdo que me costó una semana, una miserable semana, encontrar apartamento y coche cuando llegué, y mi sensación era la de que todo me salía mal y nunca lo iba a conseguir. El más mínimo contratiempo se me hacía un mundo, y cualquier malentendido con las nuevas amistades era catastrófico.

Luego se pasa y miras atrás y te ríes. Y luego vuelves a llorar, porque te pilla el día tonto y tienes a tu familia lejos y el teléfono no lo suple.

Pero entonces te vas de viaje a Hawaii y se pasa un poco, porque coño, estás en Hawaii.

Y luego vuelves y tienes que meter doce horas en el cole, o tienes una bronca con una familia, o tienes tanta burocracia que piensas que te va a dar un chungo.

Así todo el rato. La mayor nimiedad aquí se hace un mundo.

Háblalo. Coméntalo con la gente que te rodea, que está pasando por lo mismo. Verás que no es tan raro, y que al final merece la pena, aunque a ratos te preguntes si no estarías mejor en casita con tus padres.

9. Recuerda que es un programa de intercambio

Al menos para cuando vayas a por el visado. Y con tus compañeras americanas, hasta que las conozcas un poco, que no sabes con quién van a hablar. No llegues al distrito preguntando por el H1B. 

La razón de ser del programa de profesores visitantes es mandar profesorado a Estados Unidos, un país donde la necesidad de docentes es enorme, para formarlos y que después vuelvan con mejor nivel de inglés y unos conocimientos que no se adquieren en una universidad. Por eso a los funcionarios se nos ofrecen tantísimas facilidades para irnos, como colocarnos en Servicios Especiales, que nos guarden la plaza, el seguro médico (si eres de Muface) y que la antigüedad cuente para los trienios.

La gracia está en volver.

Pero una vez llegas aquí, ocurren cosas. Estás a gusto y decides alargar el visado; encuentras pareja y decides formar una vida aquí; le coges el gustillo a esto de viajar y decides mudarte a otro estado, ya por tu cuenta.

Conozco mucha gente que entró en el programa y nunca más volvió.

Pero cuando vayas a hacer la entrevista en la embajada, tienes que dejarles claro que quieres volver, porque de eso se trata: para los EEUU, tú eres una ayuda puntual en una situación y una profesión en la que hace falta personal, pero no quieren que tu visado J1 se convierta en una puerta por donde te puedas colar… y quedar.

Deja muy claro que no es tu intención. Porque, aunque lo sea, puede cambiar una vez estés aquí.

10. Disfruta

Este proceso es largo, complejo y fuera de tu control. Si tienes eso en cuenta y te dejas llevar, es más que probable que tengas una experiencia maravillosa. Vas a conocer gente que nunca hubieras conocido de otra manera, vas a vivir situaciones que nunca pensaste que vivirías y vas a visitar lugares que ni siquiera sabías que existían.

Vas a darte cuenta de las posibilidades que ser docente te abre. El mundo entero está en tus manos si estás dispuesta a pasarlo un poco mal a ratos.


Si te ha gustado esta entrada, espero que te animes a echar un vistazo al libro que publiqué con Plataforma Editorial, Profe, una pregunta, donde me planteo todas las dudas que me surgen a la hora de dar clase. También puedes hacerte con Manual (in)falible de animación a la lectura y llenar tu cabeza de ideas para llevar al aula.

Si lo que buscas lectura de entretenimiento, ¡estás de suerte! Graciana es la última novela que he publicado, un libro con humor, toques de thriller y realismo mágico que tienes disponible en Amazon. También puedes reírte con Armarios y fulares, o averiguar qué es lo que pasa en un fin de semana entre amigos en Antes de que todo se rompiera.

Como siempre, gracias por estar ahí. Gracias por leer.

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2 Comments

  • Reply Eva 3 mayo, 2022 at 12:27 pm

    ¡Te felicito! No lo hubiera explicado mejor.

  • Reply Ainhoa 3 mayo, 2022 at 11:50 pm

    Hola Ruth, yo estuve hace 18 años van a hacer. También al este de Texas, apenas tenía experiencia más que uno años dando clases extraescolares. Sabía del programa porque mi hermana estaba en California. Por mi currículum no tenía mucho donde elegir así que sin pensarlo mucho me embarque en una de las mejores experiencias de mi vida. Puedo decir que a día de hoy sigo aplicando en el aula mucho de lo que aprendí esos dos años.
    El pueblo era del cerrado Texas, con su ley seca y gente hiperreligiosa, que rezaban cuando se acercaban los exámenes del estado, ¿qué hacía yo allí cuando en lo único que creo es en el ser humano?
    Pues bien, no lo cambiaría por nada y lo aconsejaré siempre.
    Tal como lo has descrito punto por punto es la realidad. A todo ello añadiría que influye mucho cómo te enfrentes tú a la vida. Como dicen los grandes escritores de moda, la actitud positiva es la que te saca adelante. Así es, todo pasa, de los malos momentos se aprende y de los buenos también y se disfrutan. Ahora la balanza de ambos dos sólo depende de nuestra actitud.
    Profesionalmente es una pasada, económicamente me extraña que en España se cobre más ejerciendo esta profesión, en cuanto a cantidad de trabajo, si eres profe por vocación siempre es poco el tiempo que se le dedica, aunque cierto es que en EEUU hay más burocracia que aquí, que no es poca.
    No me quiero enrollar y creo que tu post lo ha descrito fenomenal, mis felicitaciones Ruth.
    A los que estáis a puntito de embarcaros en la aventura americana, mucho ánimo y sacar mucho partido del país de las oportunidades, y la frase «esto va a pasar» que no se os olvide cuando sintáis que es demasiado.
    Y a los que os lo estáis pensando para otro año… No lo dudéis.

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