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Aprendizaje de idiomas: el método «Monstruo de Frankenstein»

22 abril, 2020

Hoy vengo a reírme un rato del aprendizaje de idiomas en la series de la tele porque sí, lo admito: qué sobredosis de Netflix llevo estos días.

Me he tragado quince temporadas de Anatomía de Grey. QUINCE. Vale, empecé en diciembre, pero QUINCE.

También he vuelto a ver El ala oeste de la Casa Blanca y he estado tentada de volver a ver Perdidos. Pero esta última la he visto tantas veces que me sé los diálogos de memoria y tampoco es plan.

La apatía de la cuarentena hace difícil concentrarse, pero a veces las series se encargan de despertarme de mi sopor. Sobre todo cuando los pillo en un gazapo o cazo alguna barbaridad.

En Perdidos es fácil. En El ala oeste…, no tanto porque no sé de qué están hablando la mitad del tiempo.

Pero cuando hay un ejemplo de aprendizaje de lenguas en una de estas series, mi neurona reacciona como si le hubieran dado calambre. Hasta me incorporo en el sofá para gritarle a la pantalla y reírme en la cara de los guionistas.

(Esto es una figura retórica, obviamente, porque nunca he visto a los guionistas).

Y es que los personajes de las series suelen utilizar lo que yo llamo el Método Monstruo de Frankenstein de aprendizaje de idiomas. Algo muy visual y muy fácil de representar en pocos segundos, vale, pero horrorosamente incorrecto a nada que sepas un par de cosas sobre aprendizaje de lenguas.

¿No sabes a qué me refiero? Espera, que voy.

Aprendizaje de idiomas y el Método Monstruo de Frankenstein

Si te has leído el libro, quizás ya sepas de qué te hablo con este método en apariencia tan extraño, pero tan utilizado.

Si no te lo has leído, corre a pillar una copia porque no me puedo creer que aún no hayas disfrutado con esta joya de Mary Wolstoncraft Shelley.

Joya, sí, pero no por ello libre de pecadillos o licencias poéticas en lo que al aprendizaje de lenguas se refiere. Porque la buena de Mary escribió un clásico de la literatura universal, pero era hija del siglo XIX e inglesa, así que lo de aprender idiomas a través del método comunicativo, como que no.

El monstruo, como ya sabes (o deberías), es la creación del doctor Frankenstein, que en cuanto lo ve con vida se acojona y sale corriendo. No tanto porque sea un monstruo (la descripción del libro no tiene nada que ver con la imagen que tenemos en la cabeza del monstruo, que vino mucho más tarde de mano del cine), sino por haber creado vida donde no la había. Así que lo abandona y el monstruo, o más bien un bebé con un cuerpo enorme, se pone a vagar por ahí.

Énfasis en bebé. No sabe hablar, no sabe lo que es el mundo, no sabe quién es él.

El pobre ser termina buscando refugio al lado de una casa donde una mujer lee a su familia en voz alta por la noche. El libro que les lee es Paradise Lost, un poema épico sobre la creación del mundo que también es otro clásico de la literatura inglesa.

(Si no te has leído este, lo entiendo. Junto con el Ulysess de Joyce, es uno de los dos libros más alabados y menos leídos de la historia. Igual de coñazo uno que otro).

El monstruo escucha la lectura todas las noches (recordemos: nadie ha hablado nunca con él; no sabe qué es un árbol, mucho menos la palabra que lo define) y poco a poco, va aprendiendo inglés. De un libro. En verso. Que oye a través de una ventana.

Tras un puñado de noches escuchando, el bicho se saca un C2 en inglés y una doble licenciatura en Teología y Sociología. Todo lo que sabe se lo debe a esas noches escuchando. Y ojo, porque sabe más que tú y yo juntas.

Esto, en un libro de principios del siglo XIX, donde solo la élite aprendía idiomas y lo hacían a través del método gramatical y traducciones porque no conocían otra manera, es perdonable.

En el siglo XXI y con un porcentaje de población enorme que habla al menos otro idioma, no.

Pero a Hollywood se la refanfinfla muy mucho. Y a mí me comen los demonios cada vez que lo veo.

Vamos a un par de ejemplos.

Jin aprende inglés en Lost

Ya te he dicho que una de las series que más veces he visto es «Perdidos», o Lost en inglés. Tiene muchas tramas problemáticas y gazapos para escribir un libro, pero me entretiene y me encantan sus personajes.

Uno de ellos es Jin. Jin y Sun vienen de Corea del Norte y están huyendo del padre de ella, que es un tirano que obliga a su yerno a hacer de matón para su negocio. Durante la serie descubres que Sun habla inglés, pero Jin no. Ni papa.

Así es como le suena el inglés a Jin según los creadores de la serie:

La serie deja bien claro que Jin es un hombre de campo, que no ha tenido educación formal y que no sabe decir ni «buenos días» en inglés. Tampoco, parece ser, ha oído nunca la expresión «I love you».

Por más que busco, no encuentro la escena, así que permíteme que te la describa.

Él se acerca a su mujer y, muy despacio, separando mucho las palabras entre ellas, le dice: «I…love…you».

Y a mí esto me saca de quicio. Por varias razones.

Primero, porque no me creo que, por muy de Corea del Norte que sea, este buen hombre no haya oído nunca la frase I love you. Mi madre, de 72 años y que no sabe decir «Netflix», sabe decir I love you. Por las narices me voy a creer yo que él no lo sepa y se lo tenga que pensar.

¿Y por qué se lo piensa? ¿Qué hay en esa frase que haya que pensarse? ¿Acaso tiene que conjugar el verbo? ¿Acaso ha escuchado a alguien utilizar estas tres palabras por separado, se le ha encendido la bombilla y ha imaginado cómo se conjugan juntas? Desde luego, la frase no la ha oído en conversación en la isla. Te lo digo yo, que me he fijado.

Colaría, podría colar que ha conseguido poner las tres palabras juntas… ¡Pero me acabas de decir cómo le suena el inglés a Jin y ahí no hay palabras!

Una de las primeras cosas que aprendes cuando das clase en un idioma extranjero es la importancia del input comprensible. Yo puedo ponerme al lado de una radio en mandarín durante tres años, y te aseguro que no voy a aprender ni una sola palabra en ese idioma.

Prueba a meterte en una conversación en un idioma que no entiendes, sin poder ver los gestos y el lenguaje no verbal, y dime de qué estaban hablando cuando termine.

O a escuchar a una persona leer un libro desde el otro lado de la ventana, vaya.

Voy a dejar a un lado el hecho de que Sun pueda trabajar como intérprete de la ONU con el inglés que aprendió charlando con un amigo en una habitación de hotel, porque tampoco me voy a poner picajosa. Pero ay madre, el proceso de aprendizaje de inglés de Jin me da dolor de estómago.

Hablando de política en The West Wing

Esta serie es ya antigua y muy difícil de seguir para quienes, como yo, no entendemos ni palabra de política. Pero tiene unos personajes grandiosos, sale Rob Lowe con treinta añitos (sorry not sorry) y, en el clima en el que estamos, da gusto ver un presidente que además es buena gente.

Es una serie de ficción, lo sé, pero déjame soñar, ¿VALE?

Como es de esperar, en la serie aparecen un montón de personajes extranjeros. La gran mayoría de ellos, sean de donde sean, hablan un inglés perfecto, pero alguna vez aparecen mandatarios con intérprete.

Voy a obviar, por no ponerme picajosa (otra vez), la traducción simultánea que se cascan, con las dos personas juntas hablando al mismo tiempo. Eso tiene que ser una cacofonía donde nadie se entere de nada, y que el intérprete sea capaz de ese nivel de traducción sin un mal cuaderno donde apuntar cosas no cuela.

Lo voy a obviar, he dicho.

Pero lo que me mata son ejemplos como los de esta escena, que es la única que me viene a la cabeza pero que me dejó gritándole a la pantalla un buen rato. Aquí hay un presidente que chapurrea inglés suficiente para una conversación simple pero necesita intérprete para los temas potentes. Puedes saltar al minuto 2:15 más o menos para ir al momento del que te hablo:

El hombre se pone a hablar en un supuesto broken English y le pregunta al intérprete cómo se dice «hombre orgulloso» (proud man). Hasta ahí todo normal, piensas, y entonces viene la siguiente frase, que te transcribo con toda la exactitud que mi oreja me permite:

My father was a proud man. He’d be opposed (?). He wouldn’t like what I came here to do.

THE WHAT NOW?

Fíjate en esa última frase: He wouldn’t like what I came here to do. ESO ES UN C1 MÍNIMO, MY DARLING. Me quieres colar que no habla bien inglés porque no sabe decir «orgulloso», pero me estás haciendo una construcción gramatical digna de un examen de Profciency. VENGA. YA.

Esta es otra técnica que veo mucho en la tele. Te pintan un personaje que no habla bien el idioma a través de las palabras que dice mal, pero nadie se acuerda de la gramática. En esta misma serie hay una escena con una pequeña trama basada en que los personajes no saben los phrasal verbs ni frases hechas en inglés, pero esos mismos personajes hablan con una corrección gramatical que no encaja con esas carencias.

Y vale, sí, la persona de a pie es probable que no se fije en estas cosas, pero a mí me sacan de quicio. Sobre todo porque creo que son errores que no están hechos a propósito, que no son una licencia poética: los guionistas no tienen ni pajolera idea sobre los métodos de aprendizaje de idiomas porque ellos no hablan más que un idioma.

Con excepción de Gloria, el personaje de Modern Family, no dan una. (Momentazo lo de no distinguir «Luke» y «look»).

Y es comprensible, claro. Porque esto es Hollywood, al fin y al cabo. Y ya sabes que la definición de bilingüe es «persona cuya primera lengua no es el inglés».

 

Supongo que en otras casas, el tabardillo pasará por motivos distintos. House y Grey han tenido que ser las pesadillas de muchos profesionales sanitarios, no me cabe duda, y no me quiero ni imaginar lo que tiene que sufrir un historiador viendo Outlander o similares.

Pero aquí, a cada uno le duele su callo, y el Método Monstruo de Frankenstein para el aprendizaje de idiomas es algo que, sin exagerar, a veces me quita el sueño.

Ojalá fuera tan fácil aprender idiomas. Quién fuera monstruo.

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2 Comments

  • Reply Isabel Veiga López 24 abril, 2020 at 8:11 pm

    Me ha encantado, jajajaja. Como se nota que vivimos en países de habla no española y que hemos tenido que aprender un segundo idioma.

    • Reply Ruth 26 abril, 2020 at 6:34 pm

      ¡Con lo que cuesta y que lo pinten tan fácil! Un abrazo. 😉

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