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Trece monos, de César Mallorquí

22 marzo, 2018

Escribo esta pequeña reseña con copos como posavasos cayendo al otro lado de mi ventana y con algún gracioso recordándome cada dos por tres que ya es primavera (será en El Corte Inglés, porque lo que es en Vitoria-Gasteiz, va a ser que no). Estoy entrando en calor a base de una infusión calentita y de cambiar la mesa de sitio para poder tener el radiador al lado. Tengo los pies helados y me ha costado media hora volver a sentir los dedos de las manos.

Odio la primavera en el norte.

Pero al lío. Hoy quiero pediros disculpas por mi “pira” del mes pasado. Falté a nuestra cita del último jueves de cada mes en febrero porque me despisté brutalmente, lo convertí en bisiesto y para cuando quise darme cuenta estábamos a uno de marzo (que es el cumpleaños de mi madre, encima. Alego incapacidad mental transitoria, señoría).

Bueno, si he de ser completamente sincera, aquella semana no estaba yo para hacerle justicia a ninguna recomendación literaria, así que me hice la loca.

Pero este mes estoy aquí una semana antes, no solo por resarciros de la pira, sino porque el jueves que viene es festivo y va a pasarse por esta vuestra casa Rita (y tampoco es plan de escribir solo para Google). Sobre todo cuando el libro del que os voy a hablar hoy es Trece monos, de César Mallorquí, una maravilla que tenía muchas ganas de traer al blog.

Aunque Mallorquí es muy conocido en el mundo de la literatura juvenil (y tiene un blog estupendo que tenéis que visitar), Trece monos es una colección de relatos cortos de ciencia ficción y fantasía para adultos, pero no por eso son menos adecuados para adolescentes y prepúberes con buen criterio y comprensión lectora. Como ya he dicho en alguna otra ocasión, no creo tanto en la clasificación por edades como en la de historial lector: lo adecuado de un libro u otro para un niño o niña debe basarse en cuánto y qué leen, no en la edad que tengan.

A mis peques de once y doce años, desde luego, les encantó.

Relatos y cuentos que parecen típicos y no lo son tanto

Trece monos se compone, como no podía ser de otra manera, de trece historias: doce relatos cortos y una novela corta que pone el punto y final a la colección. Lo único que une a estas historias es su género, porque  todas son de ciencia ficción o de fantasía, pero algunas fueron escritas hace años y otras solo para este libro, algunas recibieron premios en su momento y otras son inéditas (aunque no nuevas), etc.

Como ya he comentado, son cuentos (porque son cuentos, más que relatos) pensados para un público adulto y con cierto bagaje cultural, o al menos eso parece. Solo hace falta ponerse a leer para darse cuenta de que “Ensayo general” es una historia que puede disfrutar cualquiera, “Cuento de verano” arranca una carcajada a cualquiera aunque no haya leído la de Dickens en la que está basada y “El muro de un trillón de euros” te deja un cuerpo extraño porque suena demasiado actual.

No os voy a dar muchos más detalles de los relatos, que en formato corto es fácil cargárselos con dos palabras. Solo os diré que en clase hemos leído “Ensayo general” y “Virus” y los y las peques aún se están recuperando de la impresión. Los finales son bestiales.

Temas

Es difícil hablar de un solo tema en una colección de cuentos, obviamente, pero sí que hay varios recurrentes. Me avergüenza decir que este es el primer libro de Mallorquí que leo, así que no sé si los temas que trata son habituales en sus libros o los ha guardado solo para estos relatos.

La religión, sobre todo en forma de reinterpretación de las historias bíblicas, está muy presente en algunos de ellos, especialmente en “Fiat Tenebrae” (que consiguió que me cagara de miedo con el final, aunque en sí no es de terror) o “Ensayo general”, de los que no os quiero contar mucho porque solo con lo que ya he dicho puede que os los haya jorobado.

Como no podía faltar en un autor de ciencia ficción, la tecnología y sus abusos también están presentes, junto con las distopías en las que nada es lo que parece (“Virus”, “Naturaleza humana”). Aparece también el concepto de inmortalidad y longevidad unido a las clases más poderosas y al dinero, hasta el punto de que la serie Altered Carbon me ha recordado un poco a “El muro de un millón de euros” (salvando mucho las distancias, porque habla de cosas muy distintas).

Mi favorito, sin embargo, ha sido “Cuento de verano”, una reescritura hilarante del “Cuento de Navidad” de Dickens que me hubiera encantado leer en clase, pero que habría perdido toda la gracia porque no creo que muchos de ellos conozcan la historia original.

Y porque, ejem, el protagonista es un viajante de productos eróticos y habría tenido que explicar demasiado vocabulario. Que tienen once años, leñe.

O igual no, y no hubiera podido volver a mirarles a la cara nunca más.

Mejor dejémoslo ahí.

Para qué edades lo recomiendo

Por supuesto, no todo estos relatos se prestan igual para todos los públicos y todas las edades, pero creo que a partir de sexto se pueden encontrar cuentos que los chicos y chicas no tendrían ningún problema en entender. Ya he dicho que trabajé con los míos “Ensayo general”  y “Virus” y, aunque tuve que ayudar a los menos lectores de la clase a entender el giro que dan ambas historias, la gran mayoría los entendió y los disfrutó muchísimo.

(Y se han aprendido el nombre del libro, no solo de los cuentos, y hablan del autor como si fuera su vecino. Qué ilusión me hizo).

Si están acostumbrados a leer textos con cierta complejidad, “Virus” es un gran texto para el que no se necesita mucha culturilla general y a partir de sexto va muy bien. Con un público un poco mayor (a partir de quince años, quizás), “Cuento de verano” conseguirá que os amen con locura, porque no habrá muchas profesoras o profesores que se animen con un relato como ese, pero les va a encantar. “Fiat tenebrae” es perfecto para los y las amantes de la ciencia ficción más bestia con una mochila cultural importante, a poder ser con conocimientos de temas bíblicos.

(Iba a decir “que hayan dado religión”. Yo no la he dado nunca, soy atea convencida y conozco la Biblia mejor que muchos cristianos. A eso me refiero con tener cuidado al recomendar libros por edades o demás características “superfluas”).

Y el resto de los cuentos… para gustos, como los colores. “La isla del cartógrafo” es una historia bonita para los amantes de las aventuras, “Cien monos” es perfecto para salvar una guardia de lengua en cursos altos de secundaria (César me va a matar si alguna vez lee esto, vaya uso más mercantil de sus cuentos estoy haciendo), y el resto, incluida la novela corta, son para paladares exquisitos, más adultos, y no me imagino una clase en la que vayan a resonar con la mayoría (aunque a más de uno y una les va a encantar, pero son más especiales).

En resumen: Trece monos es un menú para todos. Es imposible no encontrar un cuento en este libro que no funcione para vuestra clase. Eso sí, dependiendo del curso y el grupo que tengáis no vale lo de “lo leéis en casa”, porque les tendréis que echar una mano y leerlo juntos.

Que es, en sí, la mejor parte de nuestro trabajo.

¿Has leído este libro o algo anterior de Mallorquí?

¿Qué libros suyos recomiendas para el aula?

 

 

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