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Lecturas recomendadas: Guía del autoestopista galáctico

30 noviembre, 2017

No me puedo creer que, en mis cuarenta y dos años en este planeta, no me hubiera leído Guía del autoestopista galáctico hasta hace un par de meses. Es inconcebible que a alguien tan amante del humor británico se le haya escapado semejante joya durante tanto tiempo, solo porque pensaba que era una tontería, una pedrada digna de los seguidores acérrimos de Sheldon Cooper.

Hasta que, ejém, me di cuenta de que yo también era una acérrima seguidora de Sheldon Cooper. Y menos mal que lo hice.

Me lo llevé de viaje, como suelo hacer con los libros que no son muy gordos y tienen una edición ligera de tapa blanda, y vaya acierto. Puedo decir sin miedo a exagerar que el bendito libro me salvó la vida. Bueno, más que a mí, a mis compañeros y mis compañeras de viaje en un infernal e interminable trayecto en tren que tenía que haber durado cuatro horas (de haber cogido el Alvia) y terminó durando siete (con avería incluida en mitad de la ancha Castilla). Si no llega a ser por Douglas Adams, que hasta consiguió que me alegrara del retraso, habría matado a alguien.

1. De qué va

Para quien haya vivido en los mundos de Yupi hasta ahora (como yo) y no sepa de qué va este libro, baste con decir que es la historia de un alienígena con aspecto humano que hace autoestop por toda la galaxia. El pobre se ha quedado en la tierra durante quince años, y no es hasta que llegan unas naves que se cargan el planeta que consigue salir de ella. Se lleva con él a un humano amigo suyo, convertido en el único superviviente de la Tierra (que sepamos). Ambos vivirán un millar de aventuras, a cada cual más disparatada, en todos los confines del universo.

2. Temas que trata

Qué difícil es describir los temas que trata este libro, porque en un primer vistazo no deja de ser un despropósito tras otro, sin más intención que el de la carcajada fácil. Pero a nada que hurguemos un poco vemos que analiza temas universales, como la existencia o la falta de dios, la eterna pregunta de “por qué estamos aquí”, o el poder que sobre nuestro mundo tiene la tecnología.

Tampoco es difícil llegar a ver temas relacionados con el instinto bélico del ser humano y su universalidad a lo largo y ancho del planeta (en este caso, del espacio). Y, por supuesto, todos los chistes que se hacen sobre los gobernantes o dirigentes políticos y su inutilidad son dignos de enmarcar, sobre todo con el panorama actual que tenemos.

Aunque de este libro, lo que más merece la pena son las carcajadas, independientemente de los temas que trate. Como buen británico, Adams consigue mezclar el humor más básico con el más sarcástico, y no hay ni una sola página que no te arranque una sonrisa.

De hecho, lo peor es cuando te arranca una carcajada en mitad de un tren repleto de gente.

3. Edad para la que lo recomiendo

Más que edad, yo diría tipo de humor y gustos. Todos aquellos lectores y lectoras a los que les guste el humor absurdo lo van a gozar. Es cierto que tienen que tener un poco desarrollada la habilidad para captar ironías y sarcasmos, pero aún así tiene tantas situaciones simplemente ridículas que creo que es adecuado para cualquiera por encima de los diez u once años, si son lectores asiduos de historias de ciencia ficción y les gusta todo lo que tenga que ver con extraterrestres.

4. Por qué lo estoy trabajando en clase

Porque tengo la suerte de tener un grupo más friki que yo. En cuanto les mencioné el título, dos o tres dijeron conocerlo (de oídas, se entiende), y más de uno había visto los capítulos de “The Big Bang Theory” donde lo mencionan.

Pero, aparte de eso, porque no es un libro para niños. Me encanta su reacción cada vez que les llevo un libro no considerado infantil y les digo que pueden leerlo sin problema; les hace sentirse mayores, y tienen razón, están leyendo un libro adulto. Lo que ellos y ellas no saben es que las personas adultas tenemos encerrado dentro una niña muy juguetona que la goza con las mismas tonterías con las que la gozan ellos.

La historia no es compleja y se parece mucho a decenas de libros que han leído ya (si eres capaz de disfrutar con La historia interminable, ¿cómo no vas a entender este?), pero a su vez tiene vocabulario y expresiones que no han oído nunca, frases largas y complejas que quizás solos no puedan entender pero con ayuda sí, y referencias culturales que se les escapan. Aunque uno de mis alumnos se lo ha pedido por su cumpleaños y está leyéndoselo por su cuenta, creo que es un pelín complejo para que niños y niñas de once años puedan atacarlo sin ayuda.

Y, esto ya a toro pasado después de empezar la lectura, porque la están gozando. La última hora de la tarde de los viernes se ha convertido en su favorita. Qué mejor prueba que esa de que lo que estás haciendo funciona.

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