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Blog Fin de curso Ideas y consejos para el aula de lenguas

5 cosas que debes hacer este verano si eres profe de lenguas

3 julio, 2017

¿Es posible? ¿Es verdad? ¿Me lo estoy, acaso, imaginando? ¿Será cierto que sí, que han llegado las tan ansiadas vacaciones?

Sí, queridos, queridas, es verdad. A día de hoy creo que pocos docentes quedarán en las aulas, a no ser que seas parte del equipo directivo o te haya tocado la lotería de serlo el año que viene, como a una servidora (¡ay!). Quien más quien menos está, por lo menos, pensando en las vacaciones, y más de una que yo me sé se anda ya de camino al paraíso (o a su pueblo, que será menos chic pero seguro que se disfruta igual o más). Por eso yo vengo a jorobar un poco y a traerte una lista de cosas que debes hacer en verano si quieres considerarte un profe de lenguas digno de identificarse como tal. A ver si te vas a creer que por estar de vacaciones dejas de ser alguien que debe dar ejemplo.

(Disclaimer: esto no es una entrada seria. Que la primera que está de vacaciones –o casi– soy yo, y no me da el cuerpo para pensar en formas de jorobar al personal. Ya vendrán, ya, temas serios que tratar en septiembre.)

1. Lee.

Si estás en el aula dando clase de literatura, de lengua, de inglés o cualquier otro idioma, seguro que no te va a suponer ningún obedecer este consejo. Predica con el ejemplo y lee. Intenta hincarle el diente a los libros que les vas a hacer leer a tus alumnos y alumnas en septiembre, pero recuerda que estás de vacaciones y debes leer también por placer (he aquí una sugerencia por si no tienes lectura fácil programada para el verano, wink-wink-nudge-nudge).

Lee en la piscina, en la playa, en privado, en público.

Lee en la cama, en la mesa de la cocina, en el sofá, en el wáter.

Lee de pie, en posición supina, en la hamaca, en cuclillas.

Pero lee.

Hasta “jartarte”.

(Se puede cambiar el verbo “leer” por otro más usado en verano y que, según Rafaella Carrá, se hace mejor en el sur, y dicen que también es muy bueno para la salud mental y ayuda a desconectar. Dicen.)

2. Practica el idioma que enseñas en clase.

Esto no tiene mucha gracia si eres profe de lengua castellana o catalán, quizás, pero si eres de inglés o francés tiene su aquel. (Y si eres de gallego, euskera o cualquier lengua cooficial y no es tu lengua materna, también. Un campamento para reforzar el idioma o usarlo como excusa para irte a una zona donde se hable mucho y poder practicar suena a planazo, y encima barato. Asegúrate de que sea cerca de la playa, claro.) Viaja al país de origen de la lengua o, en su defecto, a Salou o Benidorm. Tómate un par de cervezas y busca a un lugareño (o un guiri, vamos) para hablar un rato (hablar, he dicho hablar). Te sorprenderás de las expresiones idiomáticas que puedes aprender fuera de una clase formal; otra cosa es que sean frases que luego puedas usar con tus alumnos y alumnas en el aula, claro.

3. Finge tener otra profesión.

Cuando conozcas a alguien en tus vacaciones (ver punto 2), no les digas que eres profe. Di que trabajas en una oficina, o que eres albañil, tornero fresador o entrenadora de perros salvajes. No hay conversación más aburrida que la que surge de la frase “soy profesora de inglés”. Todas (TODAS) siguen este patrón:

—Ah, ¿sí? ¿Y a qué edad das?
—De cuatro a doce años.
—¡Hala! Te tienen que volver loca, ¿no?
—Depende del día, sí.
—Tenéis un mérito… Yo no podría, ¡buf!, vaya fieras.
—Sí, claro que podrías, todo es acostumbrarse.
—A lo que seguro que te acostumbras rápido es a las vacaciones, ¿eh?

Todas. TODAS.

(A no ser, claro, que la otra persona también sea docente, y entonces os pasaréis el rato intercambiando batallitas.)

En serio, hazme caso. MIENTE.

4. Cuidado con alardear de tus vacaciones. 

Una amiga de toda la vida, también maestra, me dijo una vez que a ella le deprimía llegar a finales de julio porque eso significaba que se le habían acabado ya la mitad de sus vacaciones. Yo le aconsejé que no dijera eso a nadie que no fuera docente, porque corría el riesgo de morir apedreada. Sigue viva, así que creo que me ha hecho caso.

Pero a ciertas personas se lo puedes decir. A tus amigos y amigas, si no están muy mal en el trabajo, se lo puedes restregar con moderación (énfasis en moderación). A tu familia también, sobre todo si tienes algún jubilado o jubilada cerca a quien puedas decir “calla, que tú vives mejor que yo”. En las redes sociales quizás, si los que te siguen son docentes o no te importa perder seguidores.

Si quieres disimular y que no quede muy claro que estás alardeando, puedes usar alguno de estos clásicos:

Jo, llevo dos semanas de vacaciones y ya estoy aburrida de no hacer nada. No sé cómo voy a llegar a septiembre.

Pues no creas que es tan chollo lo de tener tantas vacaciones, se gasta mucho más dinero que cuando estás trabajando aunque no salgas de la ciudad.

La primera semana de vacaciones es un estrés, lo paso en las rebajas, no descanso nada.

Con tanto tiempo libre al final no te organizas, haces más cuando tienes una semana de fiesta que cuando tienes dos meses.

La segunda quincena de agosto me entra siempre una depresión porque se acaba el verano… Sí, ríete, pero si tú te deprimes con veinte días, ¡imagínate yo!

Lleva escafandra, o casco, o algo. Por si las piedras.

5. Carga pilas y vuelve con ganas.

Conversación tipo el primer día de vuelta al trabajo:

—¿Qué tal las vacaciones?
—Cortas.

(Que levante la mano quien no lo haya dicho alguna vez. Quien haya levantado la mano, ESTÁS MINTIENDO.)

Vale. Te lo permito. Te doy incluso hasta la hora del café para hablar de tu verano. Pero es la única licencia que te doy.

A partir del uno de septiembre, vuelve con ganas. Ponte a trabajar como un bellaco/a, porque ahora estás con fuerzas y lo vas a hacer con más ánimo. No dejes para más adelante lo que puedas hacer ya, que luego se te olvida o te entra la pereza, o se asienta la rutina. Has tenido dos meses de vacaciones, haz buen uso de ellas.

Este año he decidido que me voy a hacer caso en todo y voy a seguir a pies juntillas mis propios consejos. Tengo intención de leer hasta que me duelan los ojos, de hablar inglés y euskera con quien se deje y de cargar pilas a tope, porque el año que viene promete curvas. Así que estos dos meses me veréis poco por aquí, aunque seguiré en redes (qué le vamos a hacer, estoy enganchada). Mi intención es volver a aparecer a finales de agosto con nuevas ideas y nuevos materiales que compartir, algunos de los cuales ya se están gestando. Aunque claro, con tantas vacaciones quién sabe, igual no encuentro hueco entre playa-piscina-playa-sofá-chaparrón (que esto es el norte) para hacer todo lo que quiero hacer. Qué duras son las vacaciones, madre.

¿Qué te gustaría encontrarte en el blog a la vuelta?

¿Qué nuevos materiales te vendrían bien?

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